El Futuro de la Cooperación

Autor:Ana Palacio
Cargo:Ministra de Asuntos Exteriores del Gobierno español
Páginas:19-26
RESUMEN

En pleno debate acerca de la eficacia de la ayuda, el artículo defiende la selectividad de zonas geográficas y sectores de actuación, con el objetivo de incrementar el impacto de la Ayuda Oficial al Desarrollo española, en el marco de los compromisos adquiridos por los países donantes en las Cumbres internacionales de financiación para el desarrollo de Doha y Monterrey. Esos compromisos buscan... (ver resumen completo)

 
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Cualquier reflexión sobre la cooperación internacional al desarrollo ha de partir de la constatación, de la toma de conciencia, de que su objetivo no puede ser otro que su propia desaparición. Este principio, mejorar la cooperación para que acabe siendo superflua, nos obliga a examinar por qué en cuarenta años no se han conseguido resultados satisfactorios en numerosos países e incluso, según voces muy autorizadas, en algunos casos se ha podido contribuir a perpetuar el subdesarrollo, financiando involuntariamente oligarquías corruptas o generando clientelismos comerciales.

Así, por ejemplo, un reciente estudio establece que existe una relación inversamente proporcional entre el nivel de ayuda a ciertos países africanos (que en algunos casos es superior al 15% del PNB o al 30% del Gasto Público) y el crecimiento de la renta per cápita; cuanta más ayuda, menos crecimiento.

Se dan situaciones concretas que caen de lleno en lo esperpéntico, como la asignación de 266 millones de Euros de ayuda no reembolsable (más de lo que la Unión Europea dedica anualmente a toda Iberoamérica) a un sólo país que ha decidido construir un estadio de fútbol por importe de 300 millones de euros y que reduce desde hace cuatro años su gasto en sanidad y educación.

La perspectiva que nos proponen estas situaciones extremas ha de completarse con otro ejemplo de las consecuencias absurdas a que puede dar lugar una cooperación autorreplicante: la multiplicación de requisitos y procedimientos burocráticos. En un reciente artículo, William Easterly1 señalaba que anualmente el gobierno de Tanzania recibe más de 1.000 misiones de agencias y organismos de cooperación internacionales y se ve obligado a preparar 2.400 informes para ellos.

Esta realidad tan abigarrada como preocupante nos obliga a realizar una reflexión profunda sobre qué mecanismos son útiles y cuáles no para lograr un auténtico desarrollo.

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Cooperación y condicionalidad

Uno de los mitos más extendidos en la cooperación es el del “donante neutral”, idea que esconde en el fondo una visión paternalista de la cooperación como caridad; el imaginario donante ideal dirigiría su ayuda allí donde estadísticamente hay mayor nivel de pobreza y entregaría los fondos sin condicionalidad alguna ni interés particular. En realidad este tipo de donantes no existe, por más que algunas instancias pretendan convencernos de lo contrario, y si existiera su actuación no sería necesariamente más eficaz para promover el desarrollo.

España, desde luego, no es un donante neutral. Nuestra política de cooperación forma parte de nuestra política exterior, algo que debería ser obvio pero que en algunos círculos parece suscitar recelos. España, como actor de la escena internacional, defiende determinados valores y promueve una concepción de las relaciones internacionales. Nuestra Historia y nuestros planteamientos de futuro nos llevan a privilegiar en nuestra acción exterior algunas zonas del mundo y esferas de actuación.

Encuadrar la cooperación en la política exterior no es, ni mucho menos, un perjuicio para la primera, sino que le da un respaldo sólido y una mayor dosis de realismo. Hacemos cooperación prioritariamente con los países que mejor conocemos y con los que disfrutamos de relaciones más intensas. En primer lugar, porque así lo dice nuestra Constitución y lo ha decidido la representación popular en el Parlamento aprobando por unanimidad la Ley de Cooperación Internacional para el Desarrollo. En segundo lugar porque es lógico: es en Iberoamérica y en el mundo árabe donde nuestra cooperación tiene mayor valor añadido, tanto por las facilidades de idioma y conocimiento mutuo como por los volúmenes crecientes de comercio, inversión y turismo. Un dinero empleado por España en recuperar el patrimonio histórico de Cuzco potenciando el turismo en esa región tiene mucho mayor valor añadido que esa...

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