Los frutos del encuentro

Autor:Eva Elizabeth Martínez Chávez
Páginas:221-263
 
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LOS FRUTOS DEL ENCUENTRO
A ochenta años de la llegada de los juristas del exilio español a México es
posible vislumbrar algunas áreas en las que su presencia fue más evidente
y en las que se conservan vestigios de sus aportaciones. Como ya se indicó,
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sencia: El Colmex, el FCE y la UNAM, sin dejar de estar presentes en otros
espacios culturales, artísticos, educativos y gubernamentales, como algunos
centros universitarios estatales, diversas revistas y casas editoriales (mexi-
canas y algunas creadas por los propios exiliados), fungiendo como asesores
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de la legislación del país que les brindó asilo, o simplemente, en la vida social
y económica del México posrevolucionario.
En el Colmex y en la UNAM desempeñaron importantes actividades, como
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acciones, como los seminarios de investigación, que funcionaron por iniciati-
va de los exiliados en ambas instituciones. Por otra parte, tenemos a los ins-
titutos de investigación de la UNAM; el más paradigmático fue el IDC, con el
que –en palabras de Fix-Zamudio y de Hurtado Márquez– se inició en México
la investigación jurídica organizada.1 Una aportación más que se relaciona
indisolublemente con los juristas exiliados fue el arranque de los estudios de
posgrado en materia jurídica, con el establecimiento del Doctorado en la ENJ
y la formación de investigadores que enriquecieron el panorama jurídico del
país.2
En la editorial FCE su incorporación supuso un impulso para diversos
proyectos. A estos juristas se les puede encontrar desempeñando funciones
administrativas y de asesoría, pero también como autores y traductores. La
traducción fue una de las actividades en las que su presencia ha dejado una
huella perdurable mediante las sucesivas reediciones y reimpresiones que de
dichas traducciones se siguen realizando.
1 Los juristas mexicanos realizaban una actividad académica meritoria a pesar de
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dividual, utilizando sus bibliotecas particulares y sólo complementariamente con el auxilio
de la biblioteca de la ENJ, que aunque contaba con un rico acervo, se encontraba desor-
ganizada. En Héctor Fix-Zamudio, “Los juristas españoles exiliados y la ciencia jurídica
mexicana”, p. 52
2 Héctor Fix-Zamudio y Eugenio Hurtado Márquez, “El Derecho”, pp. 309-310.
EVA ELIZABETH MARTÍNEZ CHÁVEZ
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Algunas contribuciones de los juristas exiliados ya han sido estudiadas.
Me interesa ahora centrar la atención en aquellos campos en los que sus apor-
taciones son escasamente conocidas o sólo mencionadas de forma tangencial,
a objeto de arrojar nuevas luces sobre un tema que comenzó a estudiarse en
el siglo pasado y que en el presente ha merecido valiosos trabajos cuyas vetas
de estudio distan mucho de considerarse agotadas.
Héctor Fix-Zamudio, discípulo mexicano de Niceto Alcalá-Zamora y Cas-
tillo, ha mostrado el camino por el que se deben seguir las huellas de los ju-
ristas del exilio, sobre todo las dejadas por aquellos que se incorporaron a la
ENJ. Para Fix-Zamudio, su labor de mayor trascendencia se desarrolló en el
terreno de la docencia y la investigación jurídica.3 Atendiendo a esta indica-
ción iniciamos este recorrido con su faceta de profesores universitarios, tanto
en el Colmex como en la UNAM, sin dejar de aportar indicios sobre otras
instituciones en las que llegaron a desempeñar esta actividad.
1. La docencia universitaria
Una de las primeras actividades en las que se pueden rastrear a los profe-
sionales del derecho de origen español es frente a grupo, es decir, ejerciendo
como profesores universitarios en diversos espacios de la UNAM, como la
ENJ, la Escuela Nacional de Economía o la Facultad de Filosofía y Letras. Al-
gunos llegaron a impartir docencia en las tres instituciones, como fue el caso
de Luis Recaséns, quien inició su experiencia como profesor en la ENJ y en la
Facultad de Filosofía y Letras, y posteriormente, amplió su radio de acción a
la Escuela de Economía.4
Una de las características que se pueden observar al analizar la experien-
cia laboral de los juristas exiliados es la movilidad institucional en la que se
desenvolvían. Como ya se señaló con el caso de Recaséns, esta movilidad se
dio al interior de escuelas y facultades de la UNAM, pero también estuvo pre-
sente en otras instituciones en las que colaboraron, como el Colmex o el FCE.
Esto debido a que, tanto directivos como exiliados, desarrollaban de forma
simultánea sus actividades en las mencionadas instituciones, como sucedió,
por ejemplo, con Daniel Cosío Villegas, director del FCE a la vez que secreta-
rio del Colmex y profesor en la UNAM.
3 Héctor Fix-Zamudio, “Los juristas españoles exiliados y la ciencia jurídica mexi-
cana”, p. 56.
4 AHDGP-UNAM, exp. 20/131/4593. Recaséns Siches, Luis.
ESPAÑA EN EL RECUERDO, MÉXICO EN LA ESPERANZA
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Nuevamente, nos sirve de ejemplo el caso de Recaséns. Este jurista se in-
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posteriormente, al crearse LCE se incorporó a ella y desde ese espacio pudo
continuar su colaboración con la Universidad Nacional.5 La ruta fue inversa
en el caso de Manuel Martínez Pedroso, quien primero se incorporó a LCE y
posteriormente se dio su acercamiento a la UNAM, sin dejar de estar presente
en las actividades editoriales del FCE.6
La experiencia del mencionado Martínez Pedroso permite ilustrar algunos
de los senderos por los que transitaron los juristas republicanos en su búsque-
da de trabajo en México. El catedrático de la Universidad de Sevilla se insertó
dentro de un grupo más afortunado entre el propio conjunto de juristas. Lo
anterior debido a que su incorporación se dio con el respaldo de importantes
personalidades españolas y mexicanas. En este grupo también cabe ubicar a
Felipe Sánchez-Román, Rafael Altamira y a Niceto Alcalá-Zamora y Castillo.
La tarea de reconstruir las circunstancias que permitieron la inserción
de Martínez Pedroso en dos de las más importantes instituciones educativas
mexicanas –LCE y la ENJ– ofrece la posibilidad de conocer algunos de los
mecanismos que se pusieron en marcha a la llegada de los republicanos espa-
ñoles y que permitieron su incorporación en la sociedad que los recibió. En
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entre ellos el presidente de LCE, Alfonso Reyes, y el entonces embajador de
México en Washington, D.C., Francisco Castillo Nájera.
Al llegar Martínez Pedroso a México se incorporó al Instituto Hispano-
Mexicano Ruiz de Alarcón, uno de los primeros centros de enseñanza funda-
do por los exiliados en 1939. Este instituto cubría la enseñanza desde el jardín
de niños hasta la preparatoria, y contaba, además, con secciones de estudios
mercantiles y estudios jurídicos.7 Sin embargo, otro destino le esperaba. A
pocos días de haberse instalado en la Ciudad de México –primero de junio de
1939–, Alfonso Reyes recibió una misiva de Francisco Castillo Nájera, quien
le mencionaba que había tenido noticias que se encontraba en México el pro-
5 Idem.
6 El AHCM conserva varios expedientes de Martínez Pedroso que documentan su
relación con dicha institución. Al respecto véanse AHCM, Fondo Alfonso Reyes, caja 10,
exp. 27, 1943 y caja 13, expedientes 33, 1944. También AHCM, Fondo La Casa de España,
caja 19, exp. 2, 1939-1948.
7 Clara E. Lida, José Antonio Matesanz y Beatriz Morán, “Las instituciones mexi-
canas y los intelectuales españoles refugiados: La Casa de España en México y los colegios
del exilio”, pp. 144-145.

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