Formación profesional de los servicios sociales en Brasil: actualidades y perspectivas. Brasil

Autor:Cirlene Aparecida Hilário da Silva Oliveira
Páginas:117-136
 
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Introducción

Al estudiar la formación profesional en Brasil, sobre todo a partir de la implantación de las Directrices Curriculares para el curso de Servicios Sociales27, aprobadas por la Asociación Brasilera de Enseñanza y búsqueda en Servicios Sociales(ABEPSS) (1996), se hace necesario aprehender el movimiento socio "histórico de la profesión. Comprendiendo que las transformaciones políticas, económicas, sociales, culturales e ideológicas, vivenciadas en los tiempos actuales, asociadas a las profundas transformaciones en los procesos de producción y reproducción de la vida social como también de las relaciones entre los sujetos, nos impulsan a reflexionar sobre las nuevas demandas y dinámicas del mundo del trabajo, inclusive para los Servicios Sociales.

La coyuntura actual reafirma la necesidad de superación de las acciones profesionales, remitiéndonos a una mirada cuestionadora sobre el mundo contemporáneo. Mas que comprender el significado y el papel de las profesiones en la sociedad capitalista, en nuestro caso, los Servicios Sociales, delante del proceso de reproducción de las relaciones sociales, las nuevas necesidades del mercado de trabajo, demandan una formación que propicie a los profesionales, subsidios teóricos, éticos, políticos y técnicos. Subsidios que auxilien al desarrollo de las habilidades que posibiliten una acción crítica, creativa y comprometida con los intereses de la población, usuaria de los servicios sociales.

El debate sobre la formación profesional en Servicios Sociales está inserto en un proceso dialéctico que abre la posibilidad de aprendizaje y comprensión de la realidad. Caracterizada por ser dinámica, tal fonación se encuentra siempre em movimiento, orientándose al crecimiento y fortalecimientos de la profesión. En ese sentido, la formación profesional es

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entendida como un proceso, como una praxis (acción - reflexión - acción) que lleva al desarrollo de las habilidades necesarias para el desempeño profesional.

Es en esta perspectiva acerca de la formación profesional en Servicios Sociales que situamos la práctica profesional supervisada (pasantía), comprendida como una actividad curricular, efectivizada por medio de la inserción del estudiante en los espacios socio-institucionales en los cuales trabajan asistentes sociales, capacitándolo en las dimensiones teórico-metodológicas, ético-políticas y técnico-operativas para el ejercicio profesional.

Por lo tanto, dicha práctica supervisada, debe constituirse en un instrumento fundamental en la formación para el análisis crítico y de la capacidad de intervención propositiva y de investigación del estudiante, que necesita aprehender los elementos concretos que constituyen la realidad social capitalista y sus contradicciones; para intervenir, posteriormente, como profesional en las diferentes expresiones de la cuestión social, agravadas por el movimiento creciente de colapso mundial de la economía, en su fase financiera, de desregulación del trabajo y de los derechos sociales.

Asi, el proceso de formación profesional y particularmente la práctica supervisada deben garantir la comprensión del significado socio-histórico de los Servicios Sociales, de las condiciones de trabajo de los asistentes sociales, del universo de trabajadores usuarios de los diversos servicios y políticas sociales En este aspecto, el proceso de formación, exige conocimientos insertos en una fundamentación teórica y saberes prácticos, con sus debidas mediaciones, en consonancia con el proyecto profesional que direcciona la profesión.

Marcos históricos y exigencias de la formación profesional en servicio social en el contexto actual

La segunda mitad de la decada de los años 80 y 90 se caracterizan como un período de grandes avances para los Servicios Sociales brasilero, en la redefinición de sus rumbos técnico-académicos y político-profesionales. En 1993 fue aprobado actual Código de Etica del Asistente Social, mediante revisión del Código de 1986, con un amplio debate de la categoría profesional centralizado en el compromiso ético-político de la profesión.

En ese mismo año, fue sancionada la Ley 8662/93 que reglamentó la profesión de Servicios Sociales y la Ley Orgánica de Asistencia Social (LOAS), Ley N. 8.742, que establece en su Artículo 1 la caracterización de la Asistencia Social como derecho del ciudadano y deber del Estado, buscando así la implementación de la ciudadanía y la emancipación de la población mediante el reconocimiento, la garantía y la divulgación de sus derechos.

Como afirma Yazbek (2004:22) acerca de los avances y consolidación de la profesión:

Ejemplo de la madurez alcanzada por la profesión fue (como aún lo es) su protagonismo, a través de sus órganos representativos, en los procesos de elaboración e implementación de la Ley Orgánica de Asistencia Social (Ley n°

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8. 742/93) y del Estatuto de la Niñez y Adolescencia (Ley n° 8.069/90 - ECA), además de otras políticas sociales que vienen implementando sistemas descentralizados, en los cuales el asistente social puede sobrepasar la condición de ejecutor, para asumir posiciones de planeamiento y gestión de políticas socio-asistenciales (sin dejar de ser ejecutor final).

En ese panorama de avances de la profesión, en la actualidad se incluye también la investigación como una dimensión inherente al ejercicio profesional, como subsidio a la acción profesional en la formulación de propuestas de actuación coherentes con el proyecto que orienta los principios ético-políticos de la profesión y que, por tanto, responden a las necesidades oriundas de la realidad social.

Se considera a la investigación y a la intervención elementos que, aún de naturaleza distintas, comprenden la dialéctica del modo de ser de la profesión, claramente expresado en las competencias /atribuciones profesionales. Del mismo modo, se considera la actitud investigativa y la pesquisa como parte constitutiva del ejercicio del asistente social y se vislumbran los requisitos para el desarrollo de la investigación científica y, finalmente, el papel de la investigación de la realidad en la formulación del proyecto de intervención y de la intervención propiamente dicha (Guerra, 2009-703).

Las demandas profesionales contemporáneas derivan de las nuevas relaciones establecidas entre el Estado y la Sociedad Civil: un Estado "mínimo", cada vez más sometido a los intereses y políticas dominantes y una sociedad que, paulatinamente, viene asumiendo gran parte del conjunto de las responsabilidades sociales del país. Es el llamado "achicamiento" de los espacios públicos y el agrandamiento de los privados.

Asociado a tales cuestiones, las transformaciones en el mundo del trabajo inciden directamente en las condiciones y relaciones de trabajo del asistente social: es ahora un profesional polivalente, aumenta la tercerización de los servicios, así como la subcontratación de su trabajo, la ampliación de los contratos temporarios, el bajo padrón salarial, el desempleo. Todo ello exige transformaciones en el perfil profesional.

Iamamoto (1998:32) problematiza esta compleja realidad, afirmando que:

Las tendencias del mercado de trabajo, apuntadas por innumerables estudiosos, indican una clase trabajadora polarizada, con una pequeña parcela con empleo estable, dotada de fuerza de trabajo altamente calificada y con acceso a derechos laborales y sociales y una larga parcela de la población con trabajos precarios, temporarios, subcontratos, etc.

Podemos entonces constatar que a partir de ese cuadro del mercado de trabajo, una de las exigencias colocadas al Servicio Social es la de asistentes sociales calificados, que tengan competencias y habilidades necesarias para negociar sus proyectos profesionales en el espacio socio-ocupacional donde desarrollan su actuación; que sepan decodificar las cuestiones inherentes a la realidad social y, así, proponer acciones que se materialicen en la búsqueda de la efectivización de los derechos de la población usuaria, de los ciudadanos en general.

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Ese conjunto de imperativos colocando al asistente social en un redimensionamiento en relación al ejercicio profesional y, consecuentemente, a la formación profesional. En la década de 1990, el debate en el ámbito de los Servicios Sociales, apuntó a la necesidad de una formación profesional conciliada con los nuevos tiempos, con las nuevas demandas profesionales, emergiendo de allí la preeminencia de una revisión curricular, basada en el proyecto ético-político-profesional, teniendo como gran desafío un salto cualitativo en el proceso de formación de los asistentes sociales.

De tal manera que fue en este escenario, y con el compromiso de calificar el proyecto de formación de la asistencia social que, atribuyendo a la formación profesional densidad teórico-metodológica e imprimiendo mayor concreción a la dirección social de la profesión en la búsqueda de la construcción de una nueva ciudadanía, las directrices curriculares fueron tejidas en un amplio movimiento de la categoría profesional, que culminó con la aprobación de las Directrices Curriculares para los cursos de Servicio Social, en 1996. Oriundas de la participación en el ámbito nacional de las unidades de formación profesional, mediante la movilización de la ABEPSS, tales Directrices subsidiaron y subsidian la elaboración de los proyectos pedagógicos de los cursos de Servicio Social en todo el país.

Al discutir tales Directrices Curriculares, debe hacerse en el marco de la Ley de Directrices y Bases de la Educación Nacional -LDB- promulgada en 1996, que imputó a las Universidades la definición de tales...

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