La flexibilidad en el tiempo y en el lugar de trabajo como elemento de mantenimiento de las trabajadoras con responsabilidades familiares en el mercado

Autor:Patricia Nieto Rojas
Páginas:49-70
 
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Patricia NIETO ROJAS1

Universidad Carlos III de Madrid

Profesora Ayudante Doctora Derecho del Trabajo

RESUMEN: La legislación laboral en materia de igualdad entre hombres y mujeres dedica una buena parte de su articulado a los instrumentos de conciliación y esta atención cobra pleno sentido, no solo porque la dificultad de conciliar trabajo y familia es una causa de abandono del mercado de trabajo que afecta casi exclusivamente a las mujeres, sino porque la efectiva igualdad requiere mecanismos que aseguren el tránsito a un modelo de corresponsabilidad en los cuidados. El presente artículo se centrará en la respuesta comunitaria y nacional a la conciliación, significadamente en los mecanismos de flexibilidad en el tiempo y lugar de trabajo, pues su eficacia es presupuesto para la consecución del Objetivo de Desarrollo Sostenible n.º 5 de las Naciones Unidas sobre la igualdad de género.

Palabras clave: igualdad; flexibilidad; corresponsabilidad; cuidados; permisos.

SUMARIO: 1. A modo de introducción. El difícil equilibrio entre la vida familiar y laboral y sus efectos sobre el empleo de las mujeres. 2. Los efectos laborales de la feminización de los cuidados. 2.1. La respuesta jurídica a la conciliación en el seno de la Unión Europea. 2.2. La recepción nacional de los derechos de conciliación. 3. El futuro: los tímidos avances de corresponsabilidad. Permisos iguales e intransferibles. 4. Los mecanismos de flexibilidad temporal como presupuesto para una adecuada política de equilibrio entre necesidades laborales y familiares

Flexible working conditions and work life balance policy and their effects on female employee with care responsibilities

Abstract: The labor legislation devotes a good part of its articles to the work-life balance which will preserve existing rights and build on them with improved and new rights for both women and men. Inadequate measures to reconcile work with care responsibilities

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tend to impact women disproportionately; the lack of adequate leave to provide care of other dependent relatives exacerbates the unequal sharing of care responsibilities.

This article will focus on the European and national response to balance life and work, since its effectiveness is a budget for the achievement of the Sustainable Development Goal No. 5 of the United Nations on gender equality

Key Words: equality; work-life balance: care responsibilities; flexibility; SDG number 5.

A modo de introducción El difícil equilibrio entre la vida familiar y laboral y sus efectos sobre el empleo de las mujeres

La incorporación y mantenimiento de las mujeres al mercado laboral no solo representa un objetivo de las políticas de igualdad de oportunidades sino una necesidad de cara a la propia sostenibilidad de los Estados del Bienestar. La Unión Europea es plenamente consciente de que “una política moderna de conciliación de la vida familiar y la vida profesional contribuirá a mejorar las tasas de empleo y a reducir la pobreza y la exclusión social”, de conformidad con las prioridades de la UE reflejadas en los objetivos de Europa 2020 y con las prioridades de la Comisión en materia de empleo y crecimiento definidas en las orientaciones políticas del presidente Juncker. Esta iniciativa, en tanto que uno de los resultados clave del Pilar Europeo de Derechos Sociales, no solo refuerza la dimensión social de la Unión2sino que es una exigencia del Objetivo de Desarrollo Sostenible número quinto de las Naciones Unidas sobre la igualdad de género.

La consecución de este propósito no solo implicaría erradicar las distintas formas de pobreza3sino un empoderamiento de las mujeres, y cuyo logro se configura como un eje transversal que impregna y fundamenta el Trabajo Decente, pues todavía hoy persisten considerables discriminaciones tanto en el acceso como en el mantenimiento en el empleo de las mujeres. A ese respecto, la OIT ha señalado que en el año 2015, 586 millones de mujeres eran trabajadoras por cuenta propia o familiares, y de ellas, el 38% no cuenta con ninguna protección social, alcanzando este porcentaje el 63,2% en el África subsahariana y el 74,2% en Asia Meridional, donde el trabajo informal es la

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forma de empleo dominante4. A lo largo de su vida laboral, las mujeres siguen experimentando grandes dificultades para acceder a empleos decentes y solo se han logrado algunas mejoras desde la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer, celebrada en Beijing en 1995, por lo que todavía existen grandes brechas que deberán enmendarse con la puesta en práctica de la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible, adoptada por las Naciones Unidas en 2015.

En los dos últimos decenios, los notables progresos realizados por las mu-jeres en cuanto a los logros educativos no se han traducido en una mejora comparable de su posición en el trabajo. En muchas regiones del mundo, las mujeres tienen más probabilidades de encontrarse y permanecer en situación de desempleo, tienen menos oportunidades de participar en la fuerza de trabajo y, cuando lo hacen, suelen verse obligadas a aceptar empleos de peor calidad.

Los progresos realizados para superar estos obstáculos han sido lentos, y se limitan a algunas regiones del mundo; es más, en muchos de los países en los que el desempleo femenino se ha reducido, la calidad de los empleos de las mujeres sigue suscitando preocupación5.

El reparto desigual de las labores de cuidado y las tareas domésticas no remuneradas entre mujeres y hombres, y entre las familias y la sociedad, es un factor determinante de las desigualdades de género en el trabajo.

Tanto en los países desarrollados, como en los países en desarrollo, las mujeres trabajan mayor número de horas al día que los hombres, sea en el trabajo remunerado, sea en el no remunerado, y aunque es cierto que la población en las regiones desarrolladas puede comprar servicios de cuidado a personas a precio de mercado, y la población de las regiones no desarrolladas no puede hacerlo, en todos los países, el paradigma de la división sexual del trabajo representa un doble desafío no solo para el acceso sino para el mantenimiento de las mujeres con responsabilidades familiares en el mercado de trabajo.

En el seno de la UE, la insostenibilidad del modelo tradicional de cuidados es un cúmulo de múltiples factores: el aumento de las familias de pequeño tamaño, y aunque ciertamente se está reduciendo la demanda originada por el cuidado de niños, aumenta la derivada de la atención de mayores, el hecho de

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que el lugar en el que se ubica la demanda no coincide siempre con en el lugar en el que viven los potenciales cuidadores, y esta asincronía justifica la relevancia que está adquiriendo la conciliación entre la vida laboral y familiar.

Muy gráficamente se ha señalado que “la figura que encarna al proletariado se ha transformado en la actualidad. Ya no es la del obrero en la cadena de montaje sino la de una mujer de piel oscura, una inmigrante que se ocupa de los niños y niñas, de las personas enfermas y de la gente mayor”6. La carga que supone el cuidado de personas dependientes es parte del trabajo no remunerado, y habida cuenta que este cuidado puede transformarse, pero no suprimirse, cada sociedad tiene que encontrar el mejor modo posible de conciliar los derechos y obligaciones de quienes necesitan los cuidados y de quienes, de un modo u otro, han de proporcionárselos.

De ello se ocupan las políticas públicas que, en caso de los cuidados, son claramente transversales pues no solo afectan a las funciones más evidentes (políticas educativas, sanitarias y sociales) sino que tienen una evidente conexión con las políticas de conciliación en el marco de la legislación laboral. A mayor abundamiento, que los hombres no estén asumiendo en términos de igualdad las nuevas demandas derivadas del cuidado de personas dependientes7representa un déficit de trabajo decente gravísimo para las mujeres con responsabilidades familiares, y, sin embargo, no se cuestiona que el trabajo decente contribuye a alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres.

La incorporación de las mujeres al mercado laboral se ha visto acompañada de una cierta resistencia al cambio de los varones con respecto a su rol productivo, por lo que las responsabilidades domésticas han seguido recayendo mayoritariamente en las mujeres. Es más, el tiempo que dedican los hombres al trabajo remunerado determina el tiempo que pueden dedicar a la familia mientras que en el caso de las mujeres se produce el efecto inverso. Las encuestas sobre el uso del tiempo permiten identificar a este respecto tres características (en términos de distribución de tiempo, tareas y renta) que son comunes en todas las sociedades desarrolladas: En primer lugar, las mujeres trabajan más horas que los varones desde un tratamiento integral del trabajo mercantil y el doméstico. En segundo lugar, porque los hombres, en promedio, dedican más tiempo al trabajo remunerado que al no remunera-

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do8. A este respecto, si tomamos como fuente la Encuesta de Uso del Tiempo, elaborada por el Instituto Nacional de Estadística y cuya última actualización data de 2010, se observa que “las mayores disparidades están concentradas en el porcentaje de personas y tiempos dedicado al trabajo...

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