Fighting words, offensive speech y hostile audience

Autor:David Martín Herrera
Páginas:143-161
 
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Otra de las controvertidas categorías por las que el discurso puede perder su protección constitucional son aquellas expresiones cuyo contenido tiene capacidad suficiente como para inducir en el receptor una respuesta violenta. De esta forma, el discurso puede llegar a ofender a otras personas por diferentes razones y puede producir una amplia variedad de reacciones. Los receptores pueden sentirse molestados, enfadados, o violentados; pero la cuestión central es ¿cuándo –si es que es posible– puede el discurso alejarse de su protección constitucional por ofender al oyente?

Siguiendo a Massey, la doctrina de los fighting words se focaliza en aquellos discursos capaces de provocar una reacción violenta en el receptor en contra del emisor. Pero se pregunta, ¿qué ocurre si el discurso produce un profundo daño emocional en el receptor, aunque no exista peligro de que reaccione de forma violenta? ¿Qué ocurre si el discurso no produce un daño, pero ofende a los receptores que no pueden dejar de escucharlo?335

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1. Fighting words

Los fighting words son epítetos difamatorios susceptibles de despertar en el destinatario un sentimiento de emprendimiento de represalias en contra del emisor al ser emitidos directamente al oyente.336 La teoría que se surge sobre este tipo de mensajes es que, al no ser esenciales para la expresión de una idea, y carecer de valor social, podrían llegar a ser prohibidos por violación de la paz social. Sin embargo, cualquier norma que trate de restringir este tipo de mensajes es muy susceptible de ser anulada por vagueness u overbreadth.337

En relación a estos, se pregunta Chemerinski ¿cuándo un discurso puede llegar a ser prohibido por el riesgo de que pudiera provocar que el público utilizara ilegalmente la fuerza en contra del locutor? Este tipo de discurso refiere aquel en el que el público podría acabar emprendiendo reacciones en contra del orador. Frente a ellos, la USSC ha formulado dos tipos de doctrinas:
1) La que sostiene que el discurso es dirigido con la probabilidad de provocar una reacción violenta que lo desprotege de la Primera Enmienda.

2) La que apunta que el orador puede ser castigado por la reacción de la audiencia.338

1.1. Chaplinsky vs New Hampshire

El asunto Chaplinsky, de 9 de marzo de 1942, es el último caso en el que la Corte mantuvo una condena basada únicamente en expresiones ultrajantes dirigidas en contra de un funcionario público.339

Un asunto surgido como consecuencia de la actuación del jefe de la policía de Rochester ante una multitud de personas que se congregaba en torno a la distribución de unos panfletos de los Testigos de Jehová. Un gesto contra el que Chaplinsky pronunció diversas palabras

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ultrajantes contra la policía340 y que dieron lugar a su procesamiento según la ley de Hampshire.341

Siendo el juez Frank Murphy ponente de la USSC, en el análisis del caso argumentó que un estatuto que sanciona actos verbales elaborados cuidadosamente, con el fin de no afectar la libertad de expresión, no puede ser catalogado de vago. Refiriéndose al fondo del asunto, consideró que los hechos relatados, de manera sustancial e injustificadamente, disponían de capacidad para alterar la paz pública a través de epítetos que podrían provocar represalias por parte del receptor –recordemos que se trataba de un agente de la autoridad–.342

En la fundamentación de la sentencia, adelantó Murphy una doble teoría de la Primera Enmienda por la que ciertas categorías del discurso perfectamente definidas y estrictamente limitadas, sobrepasarían los límites de la protección constitucional:

Hay ciertas clases de discurso bien definidas y estrictamente limitadas, cuya prevención y castigo se pensó que pudiera plantear cualquier problema constitucional. Estas incluyen las expresiones indecentes, obscenas, profanas, calumniosas, y el insulto o fighting words, que, por su propia enunciación, infligen un daño o tienden a incitar una inmediata ruptura de la paz. Se ha observado también que tales declaraciones no son una parte esencial de ninguna exposición de ideas, y son de tan escaso valor social [en la búsqueda de la verdad] que cualquier beneficio que se pueda derivar de ellas está claramente superado por el interés social del orden y la moralidad. 343

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Distinguió así, las palabras que infringen un daño: indecentes, obscenas, profanas, calumniosas; y aquellas que incitan a la ruptura de la paz y no poseen ningún valor social en la búsqueda de la verdad: el insulto o fighting words.344 Una doble categorización que resulta de vital importancia para aquellos que consideran que los controles preventivos sobre ciertas categorías de la libertad de expresión, tales como: la pornografía, la publicidad comercial o epítetos abusivos; no violan la Primera Enmienda,345 escapando su análisis del objeto de este estudio.

1.2. Cantwell vs Connecticut

Por su parte, en el asunto Cantwell, relacionado con la difusión de la doctrina de los testigos de Jehová, de 30 de mayo de 1942; Newton Cantwell y sus hijos Jesse y Russell fueron arrestados por incitar a la ruptura de la paz pública según las leyes del common law al mostrar a dos personas una grabación acerca de su religión y cuyos contenidos les hizo sentir completamente agraviados.

Siendo el juez Roberts ponente de la USSC, en sus deliberaciones la grabación mostrada por Cantwell representaba un ataque general a todos los sistemas religiosos organizados. Un razonamiento por el que entendían que los receptores fueron ofendidos, despertándoles sentimientos de desear agredir a Cantwell.346 Sin embargo, enfatizó, tal conducta no correspondía con la violación de la paz dado que se puede ser culpable si se cometen actos o se hacen declaraciones que puedan provocar violencia y alteración del orden. Pero, en aquel caso, el lenguaje provocador era profano, indecente o con comentarios abusivos «para un pueblo compuesto de muchas razas y de muchos credos».347

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Acertadamente advirtió, que, «en ausencia de una ley concebida para definir y castigar una conducta específica que constituya un peligro claro y presente para un interés sustancial del Estado, [aquella actuación] no formuló una amenaza clara y presente para la paz y el orden».348 Rechazando en consecuencia sancionar las palabras que causen un daño psíquico o emocional.349

Atendiendo a lo expuesto, son los fighting words una de las categorías del discurso no protegido por la Primera Enmienda. Pero es importante apuntar que, en más de cincuenta años desde Chaplinsky, la USSC no ha mantenido una sola condena y, cuando se le ha presentado el caso, lo ha rechazado utilizando tres técnicas sin llegar a derogar la doctrina Chaplinsky:
1) Ha reducido el alcance de la doctrina fighting words al definir que se aplica únicamente a los casos de discursos dirigidos hacia otra persona con la probabilidad de producir en ella una respuesta violenta.

2) Ha considerado que las normas que restringen los fighting words son constitucionalmente vagas o demasiado amplias.

3) Ha considerado impermisibles las normas que prohíben algunos tipos de fighting words tales como: expresiones de odio basadas en la raza o el género por ser restricciones del discurso basadas en su contenido.350

2. Estrechando la doctrina fighting words

Tal y como hemos visto, si bien este tipo de expresiones pudieran llegar a comportar un desamparo constitucional, la doctrina en torno a las mismas parece evocar un pasado próximo a las antiguas leyes del common law. De esta forma, en el asunto Cohen vs. California –que trataremos más adelante– la Corte sostuvo que los unprotected fighting

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words ocurren solo si el discurso es dirigido hacia una persona específica y es probable que produzca una respuesta violenta.351

Por su parte, en uno de los casos ya expuestos de quema de banderas, Texas vs. Johnson, la USSC rechazó la condena de Lee Johnson por las razones dadas en el caso Cohen: «The speech was not directed at a particular person».352 Un interesante asunto en el que, siendo ponente de la Corte el juez Brennan, indicó que:

Una expresión no puede estar prohibida sobre la base de que el público pueda tomar la expresión como una ofensa grave que pueda perturbar la paz, dado que el Gobierno no puede asumir que cada expresión provocativa incitará a un motín, sino que debe considerar las circunstancias concretas en cada expresión. La expresión de insatisfacción con las políticas del Gobierno Federal de Johnson no está incluida dentro de la clase de fighting words que puedan ser vistos como un insulto personal directo o una invitación al intercambio de puñetazos. 353

2.1. Street vs New York

El asunto Street vs. New York, decidido el 21 de abril de 1969, es uno de los casos en los que la USSC revocó la condena de una persona procesada por provocar el quebrantamiento de la paz al quemar la bandera estadounidense como acto de protesta. Un gesto realizado tras conocer que James Meredith –activista por los derechos civiles– había recibido un disparo y que fue acompañado de un discurso ante una multitud de personas en el que el recurrente afirmo: «Si dejan que le suceda esto a Meredith, no necesitamos una bandera estadounidense».354

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Siendo el juez Harlan ponente de la USSC, en su análisis consideró que aquel mensaje no resultaba tan inherentemente inflamatorio como para estar dentro de esa pequeña clase de fighting words que probablemente...

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