La subjetivización de la fenomenología de la delincuencia

Autor:César Herrero Herrero
Cargo del Autor:Doctor en Derecho, Graduado Superior en Criminología, Licenciado en Ciencias Policiales y de Seguridad. Facultativo Jurista del M. D. I. (Jubilado) Profesor de Derecho Penal y de Criminología
Páginas:183-203
 
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CAPÍTULO ONCE
LA SUBJETIVIZACIÓN
DE LA FENOMENOLOGÍA
DE LA DELINCUENCIA
A. INTRODUCCIÓN
En cualquier circunstancia, la realidad objetiva, existente
al margen de nuestro deseo y voluntad, es captada por el ser
humano con dosis, más o menos extensas e intensas, de sub-
jetividad. Todo ello, a pesar de que nuestra inteligencia y
razón son capaces de acceder a dicha realidad o, al menos, a
una parte muy relevante de ella. No sólo a su apariencia,
sino, también, a su substancia o esencia. Utilizando el legua-
je kantiano, no sólo al «fenómeno», sino, además, al «noume-
no».
Entonces, ¿por qué hablamos de subjetividad? Porque la rea-
lidad objetiva no llega a nuestra área superior de conocimiento
de forma inmediata y directa, sino a través de un triple proce-
so. Concretamente, a través de:
1.º La sensación. El estímulo de la realidad objetiva pro-
voca, se hace presente, en primer término, a nuestros sentidos
o a alguno de ellos. Estamos, aquí y ahora, ante la simple
«noticia experimental del hecho», que es en lo que la sensa-
ción consiste.
2.º La percepción. Esa «noticia experimental del hecho», al
acceder al circuito gnoseológico de la persona, no cae en un
vacío psicológico o plataforma neutra o aséptica. Al contrario,
esa «noticia»es asumida proyectándose sobre ella, de forma
automática, toda la personalidad del recipiente. Es decir, el
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«dato experimental» es de inmediato interpretado 1 de acuerdo
con las propias creencias, convicciones, experiencias existen-
ciales, habilidades profesionales, orientación mental, circuns-
tancias vitales actuales, propios intereses, influencias intensas
de opiniones de grupos cerrados o de clases sociales…
3.º Ámbito noético. En supuestos de normalidad humana,
el precedente material, así interpretado, accede y entra en el
área superior del conocimiento humano (consciencia intelec-
tual y racional). Aquí, el dato así interpretado, es sometido a
análisis reflexivo, a juicio racional y ponderación. Y, de acuer-
do con el juicio emitido, se elabora la correspondiente respues-
ta al estímulo, mediando, desde luego la capacidad de decisión
libre, cuando se trata de personas estadísticamente normales o
sin déficits notables en su personalidad.
Si eso es así, es obvio, por la misma naturaleza de ese com-
plicado proceso, que ni el juicio previo ni la respuesta confor-
mada por cada uno de los cognoscentes, aún afectados por el
mismo estímulo, se configuran siempre dentro de la uniformi-
dad. Ello explica, por ejemplo, que varios testigos presenciales
de un accidente de tráfico, a la hora de testificar den, sin men-
tir, versiones distintas y hasta contradictorias. Lo que es algo
que ocurre con más frecuencia de lo que parece.
Interesantes son, al respecto, las reflexiones que IBÁÑEZ
PEINADO hace al tratar del proceso de codificación o adquisi-
ción del dato o acontecimiento informante, cuando escribe:
«Hemos de tener en cuenta que ningún estímulo, ni el más
simple, está formado por un único elemento de información, y
mucho menos un acontecimiento como puede ser la comisión
de un hecho delictivo, y que cada individuo (testigo o víctima)
tiene una percepción muy particular del entorno y de los suce-
sos que en él acaecen y en el que influyen de forma importante
muchas variables. También debemos saber que aún en las
mejores condiciones nuestra capacidad de atención es limita-
da, por lo que sólo podemos prestar atención y percibir un
1 Por eso, se ha definido la percepción como «sensación interpretada» o
como «interpretación de la sensación».

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