La fase del estado autoritario en Portugal

Autor:José Luis Brey Blanco
Páginas:155-200
 
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V. LA FASE DEL ESTADO AUTORITARIO EN PORTUGAL
1. ESPAÑA Y PORTUGAL, PARECIDOS Y DIFERENCIAS DE
LAS DOS DICTADURAS
El hilo argumental comparado nos brinda una nueva oportunidad para es-
tablecer un cuadro de similitudes y diferencias entre los dos países. Llegados
a este momento de la historia las similitudes son más que evidentes, ya que
España y Portugal pasaron por la experiencia de una dictadura en torno, más
o menos, a la misma época, entre las décadas de los años treinta y setenta del
siglo pasado. Fueron cincuenta años en Portugal y casi cuarenta en España
de régimen autoritario tras el fracaso de sendas Repúblicas. Sin embargo,
también hay algunas diferencias. De entrada, podemos señalar dos, relacio-
nadas, precisamente, con el periodo republicano inmediatamente anterior:
la primera es que la Primera República portuguesa duró más tiempo que la
Segunda República española (16 y 5 años, respectivamente) y la segunda, que,
en Portugal, la crisis de la Primera República no interrumpió el ciclo político
del republicanismo mientras que en España sí. En suma: dos similitudes y dos
diferencias. Ahora bien, las primeras tienen más peso que las segundas, ya que
se refi eren a dos fenómenos fundamentales: el fi n de un periodo republicano
previo, más o menos largo en cada caso, y la proclamación por la fuerza de un
Estado autoritario con una duración bastante similar. Por otra parte, esta misma
coincidencia de fondo se repite también con respecto al desenlace, puesto que
en los dos casos este largo periodo de su evolución terminó con la plena recu-
peración de la democracia y el establecimiento de un Estado constitucional.
De este modo, los dos Estados pasaron a forma parte, prácticamente al mismo
tiempo, del mundo democrático mayoritario entre los países del entorno.
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Sin embargo, no fueron dos dictaduras absolutamente iguales. Esto es
algo obvio, pero no estará de más que sigamos centrando nuestra atención en
los rasgos comunes que comparten y en las diferencias que las separan. Por lo
que respecta a lo segundo, ya hemos dicho en más de una ocasión que la más
importante de todas es la que se refi ere a la forma que utilizó cada país para
acabar con la fase de la dictadura. Volveremos a ocuparnos de ello más ade-
lante. Ahora sólo nos interesa establecer un cuadro comparado muy elemental
a modo de pórtico para entrar después en el análisis del periodo histórico
conocido como el “Estado Nuevo” de Portugal.
Ya que hemos citado antes a los países del entorno quizás sea interesante
detenerse un momento en este tema para señalar que cada dictadura actuó
de una manera diferente en el ámbito de las relaciones internacionales, así
como que cada una de ellas recibió, también, un trato distinto por parte de
esos mismos países. En todo caso, comparten el mismo punto de partida, que
es que España y Portugal se apartaron de la senda seguida por la mayor parte
de los Estados europeos al acabar la Segunda Guerra Mundial. Ahora bien,
junto con esto, es preciso decir también que el comportamiento de los países
occidentales (principalmente Estados Unidos) y europeos con las dos dicta-
duras fue, en ciertos aspectos, diferente. Mencionamos sólo dos datos que,
en nuestra opinión, son bastante elocuentes. En primer lugar, está el hecho
de que Portugal, pasado un momento inicial en el que sus dirigentes políticos
manifestaron algunas dudas y reticencias, acabó fi nalmente benefi ciándose
de las ayudas del Plan Marshall254, cosa que, sin embargo, no ocurrió con
España. El otro dato es que Portugal perteneció desde el principio (1949) a la
Organización del Tratado del Atlántico Norte mientras que España tuvo que
esperar a la muerte de Franco y a que se iniciase el proceso democratizador
del país para poder formar parte de esta Organización, en la que ingresó en el
año 1982. Con palabras de Payne:
“A pesar del carácter autoritario del régimen, Portugal, a diferencia
de España, fue incluido tanto en el Plan Marshall (1947-1948) como
en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (1949). Como
254 Sobre este tema puede verse el interesante artículo de María Fernanda Rollo, titulado:
“Portugal e o Plano Marshall: história de uma adesâo a contragosto (1947-1952)”, en Análise
Social, vol. XXIX (128), 1994 (4º), pp. 841-869.
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Dos modelos de transición democrática: Portugal y España
miembro de pleno derecho, hizo cuanto pudo por conseguir la ad-
misión de España en la OTAN, pero sin éxito” 255.
Este mismo asunto nos permite hacer ahora una breve consideración so-
bre la importancia que tuvo la presión y el modo de vida de las democracias
europeas en el caso concreto de la transición española. En realidad, esta pre-
sencia se hizo sentir unos cuantos años antes, durante la década de los años
sesenta. En todo caso, no fue tanto una infl uencia de carácter diplomático como
cultural y de intercambio personal. En efecto, la llegada masiva de turistas
procedentes de Francia, Gran Bretaña, Alemania, Italia, Estados Unidos… a
España y el aumento de los viajes de españoles al extranjero, especialmente
entre los universitarios, que salían del país para completar sus estudios o para
aprender idiomas, fueron dos circunstancias que contribuyeron notablemente
al declive del Régimen. Si se nos permite la comparación, podemos decir que
de la misma manera que las guerras napoleónicas facilitaron el intercambio de
opiniones y el ujo de información entre España y Francia sobre los principios
de la Revolución, ahora nos encontramos también con una infl uencia que llega
desde fuera, con la diferencia de que en este caso el espectro es mucho más
amplio. Pero se dieron también otras circunstancias que ayudaron a preparar
el camino para el cambio de régimen político. Citaremos sólo las más relevan-
tes: el desarrollo económico y tecnológico propiciado por el propio Régimen
(durante la etapa tecnocrática del mismo), un mayor grado de instrucción, el
aumento del nivel de vida y la lenta aparición de una clase media cada vez más
consciente de sus derechos y del papel que le correspondía jugar dentro de la
sociedad, el incremento de la labor de oposición y las protestas universitarias,
la creciente internacionalización de las relaciones entre países, empresas y
personas, la presión de las organizaciones internacionales para que España
se alinease del lado de las Naciones democráticas y fi nalmente, el cambio de
rumbo que supuso para la Iglesia universal y, de un modo muy particular, para
la española, la celebración del Concilio Vaticano II. La suma de todos estos
factores coincidentes y de otros que podríamos añadir a la lista justifi can la
tesis que sostiene que la transición española a la democracia no empezó con
255 PAYNE, S. G., Breve Historia de Portugal, op. cit., p. 189. Estados Unidos tuvo un papel
destacado en el apoyo que recibió Portugal. A este respecto, véase: BIRMINGHAM, D., Historia
de Portugal, op. cit., p. 196 y DE LA TORRE GÓMEZ, H., El Portugal de Salazar, op. cit., p. 53.

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