Ética medio ambiental: una revisión de la ética biocentrista

Autor:Fabiola Leyton
Cargo:Máster en Bioética y Derecho, UB. VII edición 2004-2006. Becaria de Investigación del Observatori de Bioètica i Dret UB.
Páginas:40-44
RESUMEN

La ética aplicada a pensar la relación del hombre con la naturaleza es la conocida como ética ambiental.En ella existen diferentes maneras de concebir la relación moral que establece el hombre con la naturaleza y sus seres vivos (animales, vegetales, especies, paisajes, etc.). Una de estas respuestas es la articulada por la ética antropocéntrica (revisada en un artículo anterior), y otra... (ver resumen completo)

 
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En un artículo anterior (ver Nº 13 de la Revista de Bioética y Derecho) revisé la propuesta que la ética antropocéntrica hace frente a los problemas medio ambientales del mundo, y que a nivel de la ética práctica llevan a preguntarse por las relaciones que el hombre establece con la naturaleza. En este artículo revisaré la propuesta que hace la ética biocéntrica, que se diferencia bastante de la propuesta antropocéntrica y que llega a conclusiones diferentes en relación a la acción del hombre en el mundo.

El antropocentrismo ético considera moral-mente relevante sólo al ser humano, a la vez que a los animales y el resto de la naturaleza como portadores de un valor utilitario. Por el contrario, la ética biocéntrica pretende considerar moral-mente relevantes, portadores de valor intrínseco por motivo de su sola existencia, a toda la naturaleza y sus seres vivos. En su planteamiento, contempla la defensa de la relevancia moral de toda

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la naturaleza, la que compartiría con el ser humano la especial característica de "estar viva". De ahí el nombre biocentrismo: una ética centrada en la vida de todo organismo individual, donde cada uno tiende a su realización, a su desarrollo y florecimiento al modo de la physis aristotélica: "el bien del organismo, en efecto, se identifica ampliamente con el florecimiento o desarrollo de las características esenciales de la especie a la que ese individuo pertenece."1

Con este planteamiento, el biocentrismo saca del centro de la escena al hombre, para ponerlo en relación y en contacto directo con el resto de las entidades de la naturaleza, como una especie más interrelacionada con el árbol de la vida darwiniano. La ética daría relevancia moral a todos los seres vivos, y con Albert Schweitzer, declara: "yo soy vida que quiere vivir, y existo en medio de vida que quiere vivir."2

Una postura menos universalista dentro del biocentrismo son las aportaciones que enfatizan la relevancia ética de los animales no humanos como entidades vivas, promovidas por Tom Regan y Joel Feinberg. Digo menos universalista porque la argumentación central gira en torno a la relación humanos y animales, no tomando como referencia otras formas de vida (como los vegetales por ejemplo). Su postura biocéntrica toma elementos del antropocentrismo ético para reflexionar sobre la relevancia moral de los animales no humanos como seres vivos particularmente valiosos en tanto portadores de valor intrínseco.

Tanto Regan como Feinberg toman como referencia el concepto de sentiencia (capacidad de sentir dolor y placer) promovida por el utilitarismo antropocéntrico de Peter Singer (ver artículo anterior) y hacen de la posesión de intereses una condición necesaria de la posibilidad para poseer derechos. En este sentido, la sola atribución de la calidad de "sujeto de una vida" para un individuo es suficiente para saber que tienes intereses y atribuirle, por tanto, derechos morales básicos y un valor inherente, allende el valor instrumental: "Ser sujeto de una vida es mucho más que estar vivo y más que ser consciente. Para ser sujeto de una vida hay que ser un individuo cuya vida se caracteriza por tener creencias y deseos, percepción, memoria y un sentido del futuro, incluyendo el propio futuro; una vida emocional junto con sentimientos de placer y de dolor, interés por su propio bienestar, habilidad para actuar de acuerdo a sus deseos y metas, una identidad psicofísica a través del tiempo, y un bienestar individual en la medida que pueda sentirse afectado de manera positiva o negativa, independiente de su utilidad para otros y lógicamente independiente de convertirse en el objeto de los intereses de otro."3

Este criterio identificaría tanto a pacientes morales (humanos y no humanos) como a agentes morales, y dotaría de igualdad a todos, porque los derechos morales "respiran" igualdad: serían idénticos para todos los detentadores, ya que aunque existan diferencias -tal y como sucede con los derechos humanos- nos declaramos iguales allende las diferencias para consensuar el juego de la vida moral y la convivencia. Así: "Como sujetos de una vida somos todos iguales porque todos estamos en el mundo. Como sujetos de una vida somos todos iguales por todos somos conscientes del mundo. Como sujetos de una vida somos todos iguales porque los que nos sucede nos importa. Como sujetos de una vida lo que nos ocurre nos importa porque es decisivo para la calidad y duración de nuestra vida. Como sujetos de una vida no hay superior ni inferior, más alto o más bajo. Como sujetos de una vida todos somos moralmente lo mismo. Como sujetos de una vida, todos somos moralmente iguales.4

Otra postura dentro del...

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