Estudio preliminar por Carlos Petit

Autor:Rafael de Ureña y Smenjaud
Páginas:9-101
 
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Rafael de Ureña como historiador del derecho
Escuelas, maestros, codicación, historia del derecho
Encuéntrase hoy nuestro Derecho civil en uno de estos críticos momentos de tras-
formación y de reforma. El movimiento es general y se maniesta en todos los órdenes:
la personalidad individual y la colectiva, el régimen de la propiedad inmueble y el de
los bienes y valores mobiliarios, la contratación, la familia y la sucesión mortis causa
presentan hoy una serie de problemas, más ó menos clara y lealmente planteados, que
con toda urgencia demandan soluciones adecuadas y precisas. Y las nuevas exigencias
sociales, producto principalmente de un trascendental desenvolvimiento económico y de
poderosas orientaciones cientícas, han agrietado de tal manera el articial y caduco
edicio de nuestro Derecho civil, que amenaza inminente y completa ruina. La idea de la
reforma agita hasta los más equilibrados espíritus, y la indecisión y las vacilaciones de
los elementos directores introducen por todas partes la confusión y el desorden.
Las frases anteriores, conclusión del discurso que ahora sale de nuevo, ex-
presaban el sentir común de los juristas españoles del cambio de siglo. Quien
las pronunció en solemne sesión de la Real Academia de Ciencias Morales y
Políticas, Rafael de Ureña y Smenjaud (1852-1930), era un conocido catedrá-
tico del doctorado en Derecho (1886), decano “perpetuo” de la facultad de
Madrid (1909), socio de número de la Real Academia de la Historia (1908),
bibliógrafo y bibliólo, autor de notables publicaciones y una de las muchas
voces del coro regeneracionista que tanto se dolía de la triste situación de la
patria. Su cuerda era la jurídica, pero también se prodigó –desde los años ju-
veniles en Valladolid– en la causa republicana1. “Un viejo profesor positivista
y político de la extrema izquierda”, según propia denición2; un intelectual
que “no oculta en las particulares conversaciones los avances de su criterio”,
que “pasa entre ciertas gentes por un radical decidido, casi por un demagogo
temeroso” en opinión del colega Félix de Aramburu3, tomaba posesión de su
1 Repasó sumariamente sus más de cuarenta años de militancia y sus luchas por la
unión de tendencias en un “partido único del republicanismo español” al dejar la actividad
política: cf. El Motín (Madrid), 23 de abril, 1914, p. 3.
2 Cf. “Último tributo de respeto y gratitud”, en Boletín de la Real Academia de la
Historia [BRAH] 77 (1918), 123-124, nota necrológica dedicada al P. Fidel Fita.
3 Félix Pío de Aramburu y Zuloaga, “Contestación”, en “Discursos de recepción del
Ilmo. Sr. D. Rafael de Ureña y Smenjaud y de contestación del Excmo. Sr. D. Félix de
Aramburu y Zuloaga, leídos en la Junta pública del 31 de Marzo de 1912. Tesis: Una tradi-
ción jurídica española: La autoridad paterna como el poder conjunto y solidario del padre
RAFAEL DE UREÑA
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medalla (nº 9) el 31 de marzo, 1912. La oración de recepción rescató “una
tradición jurídica española”, olvidada en el reciente –aunque en “completa
ruina”– Código civil. Como puede apreciarse y más adelante se razonará, la
historia jurídica y la causa de la codicación se daban en el discurso la mano.
Académico electo (sesión de 7 de febrero, 1911) a propuesta de Vicente
Santamaría de Paredes, Eduardo Sanz y Escartín, Damián Isern y Félix Pío
de Aramburu y Zuloaga (sesión de 31 de enero), por el expediente que con-
serva la Academia sabemos que el discurso, elaborado en 19114, se recibió en
la docta institución el 26 de marzo, 1912. Sabemos también que el presiden-
te, Alejandro Groizard, lo pasó a la censura de Melchor Salvá Hormaechea y
Eduardo de Hinojosa; nalmente, en un acto convocado para las tres de la
tarde del día 31 de marzo, 1912, lo expuso públicamente el orador5. Un discur-
so académico más, con escrupuloso respeto a las reglas de estilo6.
El Heraldo de Madrid, en edición de la noche, cubrió la ceremonia y repa-
só las asistencias (p. 2). “Allí estaban los señores Groizard, Álvarez del Man-
zano, Altamira, conde de Casa-Valencia, Sánchez Román, Ugarte, Aramburu,
Santamaría de Paredes, Ureña, Sanz Escartín, Isern, el presidente del Supre-
mo, Sr. Aldecoa; el académico de la Real de Jurisprudencia Sr. Maluquer y
los Sres. Fernández Prida, Antón, González Garbín y Retortillo... el venerado
y de la madre”, en Discursos de Recepción y de Contestación leídos ante la Real Academia
de Ciencias Morales y Políticas al dar posesión de sus plazas a los individuos de número
de la misma. Mayo 1910 – Marzo 1912, ix, Madrid, Real Academia de Ciencias Morales y
Políticas, 1914, 645-729, aquí p. 173; tomo de esta edición el discurso de Ureña que ahora
comento y reproduzco, con el discurso de contestación de Aramburu, tan rico en informa-
ciones biográcas (infra pp. 159-167).
4 Dispongo de un ejemplar de la primera edición de los discursos: un folleto de [4]
+ 81 pp. cuyo colofón dice así: “Acabóse de imprimir este libro en el establecimiento ti-
pográco de la Revista General de Legislación y Jurisprudencia á cargo de Antonio Lagu-
nas Galianas el día xxviii de marzo de mcmxii. Madrid”. En la cubierta se anunciaba como
“presentado á la Academia el 12 de diciembre de 1911”, lo que coincide con la noticia que
deslizaba Ureña, cf. infra p. 153.
5 Hinojosa había ingresado en la Real Academia tratando de los derechos de la mujer
casada. Mayor anidad temática presentó, incluso, Melchor Salvá: cf. “La patria potestad
que se concede por algunas leyes modernas, no está conforme con la historia ni con la Fi-
losofía del Derecho”, en Revista de la Universidad de Madrid 2ª época, 7 (1877), 185-204
y 239-257, referencia que agradezco a Fernando Liendo.
6 Ignacio Peiró, “La historiografía académica en la España del siglo XIX”, en Memo-
ria y Civilización 1 (1998), 165-196, pp. 173 ss.
UNA TRADICIÓN JURÍDICA ESPAÑOLA
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maestro Azcárate, con su distinción juvenil7; el obispo de Madrid-Alcalá, con
la noble representación de su sagrado ministerio”; otros periódicos añadieron
la presencia de los censores Salvá e Hinojosa8. El académico Aramburu esta-
ba tan mal de la vista que su contestación, nada breve, tuvo que leerla Sanz y
Escartín. Una atención particular (y algo rancia) dispensaron los periodistas
a la “elegantísima” condesa de Pardo Bazán, consejera de Instrucción Públi-
ca, saludada con charla galante por Casa-Valencia; en n, por más que “los
fotógrafos dispara[ro]n el magnesio” no quedan testimonios grácos de esa
concurrencia; solo un par de diarios –entre ellos El Heraldo– reprodujeron
malamente un retrato del académico y orador9.
Los discursos de recepción y bienvenida circularon previamente impresos;
al menos, eso dice el colofón de la edición exenta y así se explican los párrafos
completos y las citas de fuentes medievales –en romance y en latín– que publi-
có la prensa en sus reseñas10. El corto tiempo que medió entre la entrega (o-
7 El “distinguido” Gumersindo de Azcárate había ingresado poco antes en la Acade-
mia de la Historia, saludado por Ureña: cf. Carácter cientíco de la historia. Contestación
de D. Rafael de Ureña y Smenjaud. Discursos leídos ante la Real Academia de la Historia
en la recepción pública del Señor... el día 3 de abril de 1910. Madrid, Imprenta de los Su-
cesores de Hernando, 1910. [7]-87, 75-87 (Ureña).
8 Cf. “Academia de Ciencias Morales. Recepción del Sr. Ureña”, en La Corresponden-
cia de España (Madrid), 1 de abril, 1912, 4-5, p. 5.
9 Una copia de la fotografía publicada –correspondiente a una edad algo más joven y
un rostro de abundante barba– se conserva en la Biblioteca Nacional y sirvió en mi edición
de La legislación gótico-hispana. (Leges antiquiores – Liber Iudiciorum). Estudio crítico
(1905), Pamplona, Urgoiti, 2003; la publicó entonces la revista Nuevo Mundo (Madrid), 4
de abril, 1912, p. 16. La que decora esta edición pertenece al archivo de la Real Academia
de Ciencias Morales y Políticas y debe considerarse coetánea al ingreso; se trata del mismo
Ureña de bigotes retorcidos, cara ancha y algo de papada difundida un par de años antes,
al entrar en la Academia de la Historia: cf. “Un nuevo académico”, en Novedades (Ma-
drid), 27 de enero, 1909, p. 15 (“Fot. Lacoste”: esto es, el francés José Lacoste, fotógrafo
del Museo del Prado).
10 “Revelándose en él una erudición”, opinó otra gaceta, “en verdad sorprendente y
un profundo dominio de la materia de que trata, mereciendo el folleto en que aparece im-
preso, no ya ser sólo leído, sino también estudiado por quienes se dedican á esta clase de
interesantísimos y útiles estudios”, cf. “Real Academia de Ciencias Morales y Políticas”, en
Revista ilustrada de banca, ferrocarriles, industria y seguros (Madrid), 25 de abril, 1912,
p. 25 (p. 221). También transcribe literalmente la crónica aparecida en La Noche (Madrid),
31 de marzo, 1912, p. 10, pero lo mismo se comprueba en La Correspondencia cit. p. 4, con
párrafos que tocaban a la reforma legislativa.

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