Estrella de los tiempos

Autor:Georges Didi-Huberman
Páginas:214-223
 
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Estrella de los tiempos*
GEORGES DIDI-HUBERMAN
ÉCOLE DES HAUTES ÉTUDES EN SCIENCES SOCIALES, PARÍS
Observemos una estrella: cosa de espacio, cosa de luz y cosa de tiempo. Explosión
continua. Concentrado —pero también estrellamiento— de tantos tiempos plu-
rales. Luz viva, trémula, infantil hasta tal punto que es como si nunca dejara de
nacer, de aparecer. Alumbra nuestro presente y nada más que él, en aquel mo-
mento de aquella noche, sólo para aquella mirada y el sentimiento que la acompa-
ña. Pero también sé que esta luz me viene del fondo de los cielos, del fondo de los
tiempos, sé muy bien cuál es su distancia contada en «años luz». Puede que la
estrella que alumbra mi presente haya estallado desde tiempos inmemoriales. El
instante, el momento breve de la aparición, siempre debe contar con la inmensa
duración de la que surge y a la que pronto volverá, así como la cola de una estrella
fugaz vuelve al fondo nocturno del que acaba de emerger. Mas cualquier tempo-
ralidad entraña por lo menos esta paradoja.
El cante jondo —que tanto tarda en brotar, imprevisto, a través del rumor o de
la mediocridad ambiente—, es como una estrella, incluso tal vez como una estre-
lla fugaz: sólo se conjuga en el tiempo presente, pero un presente que nos ofrece el
claror de ese siempre inmemorial. Por lo que la verdadera modernidad del fla-
menco no está en absoluto orientada, en el sentido en que los teóricos «moder-
nistas» han querido definir el sentido de toda historia del arte hacia cada vez más
pureza y autonomía formal:1 se presenta más bien como una modernidad anacró-
nica. Aq uí c onvi ene, por supu esto, exp laya rse. Au nqu e el lo s ign ifiq ue r efor mul ar,
desde un punto de vista nuevo, las relaciones particulares que la música flamenca
teje entre tiempo moderno y contratiempo antiguo.2
Al igual que la tauromaquia, el flamenco elaboró sus grandes reglas en la épo-
ca moderna por excelencia —«moderna» en el sentido de Baudelaire—,3 esto es,
en la época romántica. Ello transcurre entre los años 1820, cuando Goya pinta la
Quinta del Sordo con su cantaor4 guitarrista en primer plano de la Romería de San
Isidro, y los años 1860, cuando Manet, al volver de España, adopta como motivos
predilectos la bailarina Lola de Valencia, el famoso Torero muer to o el guitarrista
de la Plainte moresque5 para frontispicio de una composición musical editada por
Jaime Bosch en 1866. Es, en Andalucía, la época de los cantaores míticos tales
* Traducción de Nadine Janssens.
Este texto fue publicado originariamente en el catálogo de la exposición La noche española. Flamenco, van-
guardia y cultura popular 1865-1936, editado por el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía en 2008.
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