La Asociación Estratégica UE-Brasil: significados e implicaciones en el contexto de las relaciones eurolatinoamericanas

Autor:Bruno Ayllón Pino; Miriam Gomes Saraiva
Cargo:Investigador asociado al Instituto Universitario de Desarrollo y Cooperación de la Universidad Complutense de Madrid (IUDC-UCM)/Profesora de la Universidad del Estado de Río de Janeiro (UERJ) y Coordinadora del Programa de Posgraduación en Relaciones Internacionales (PPGRI)
Páginas:51-65
RESUMEN

Introducción. Los antecedentes de las relaciones eurobrasileñas. La política exterior de los Gobiernos de Cardoso y Lula hacia la UE (1995-2010). La Asociación Estratégica UE-Brasil: valores e intereses. Conclusiones. Bibliografía.

 
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Introducción

Es probable1 que el reconocimiento del protagonismo internacional de Brasil y de su papel fundamental en las relaciones eurolatinoamericanas sea una de las novedades más significativas desde que se celebró en Río de Janeiro, en 1999, la I Cumbre Unión Europea-América Latina y el Caribe. Sin embargo, este reconocimiento plasmado en la constitución, en julio de 2007, de una Asociación Estratégica Unión Europea (UE)-Brasil, no es fruto del azar ni ha sido construido en el aire. Es más bien el resultado de la convergencia de intereses, valores y expectativas recíprocas que han alimentado históricamente las dos partes, en unas relaciones que no siempre estuvieron presididas por una agenda positiva.

Las relaciones eurobrasileñas se dividen básicamente en tres ejes. En primer lugar, y como más relevante, se encuentran las relaciones de Brasil con la Comunidad Económica Europea (CEE)/Unión Europea como un todo. En este caso, se trata de relaciones económicas de carácter comercial, de cooperación e inversiones, y relaciones de carácter más político que se dan básicamente en los marcos de los diálogos interregionales. La segunda dimensión incluye las relaciones birregionales, donde las relaciones de Brasil con la UE se producen en el marco de las relaciones UE-Mercado Común del Sur (Mercosur), basadas en los padrones del interregionalismo europeoPage 52 que se desarrolló a partir de los años noventa. Por fin, están las relaciones de Brasil con los países europeos occidentales en términos individuales, o en los marcos de organizaciones que congregan a algunos países europeos como la Comunidad Iberoamericana de Naciones.

El objetivo de este artículo es analizar la evolución de las relaciones eurobrasileñas, enfocando las mismas desde la óptica de la política exterior de Brasil hacia la UE en las dos últimas décadas. Se persigue también generar una reflexión sobre los significados, implicaciones y posibilidades que la Asociación Estratégica presenta en la tensión o complementariedad entre bilateralismo y regionalismo, en el contexto más amplio de las relaciones UE-Mercosur, en particular, y UE-América Latina y el Caribe, en general.

El artículo se divide en tres partes y unas conclusiones. En la primera, se examinan los antecedentes de las relaciones eurobrasileñas, desde el presupuesto de que la comprensión del cambio cuantitativo y cualitativo en las relaciones de la UE y Brasil, supone la consideración del proceso de construcción de confianza y superación de las divergencias históricas entre Brasilia y Bruselas. En el segundo apartado, se aborda la significación y los diferentes énfasis y matices que imprimieron a las relaciones con la UE los Gobiernos brasileños en los mandatos de Fernando Henrique Cardoso (1995-2002) y Luis Ignacio Lula da Silva (2003-2010), en función de las orientaciones del grupo predominante de cada gestión en el Ministerio de Relaciones Exteriores (el “Itamaraty”). En la tercera sección, la atención se dirige hacia el contenido material del acuerdo de Asociación Estratégica y hacia los sucesivos pasos para su concreción.

Los antecedentes de las relaciones eurobrasileñas

Antes de que Brasil y la CEE estableciesen relaciones formales, existía una gran tradición en los contactos brasileños con países europeos de corte bilateral. El gran volumen de emigrantes italianos, portugueses o españoles, la influencia cultural francesa, las inversiones y los contactos comerciales con Inglaterra o los vínculos con Alemania son algunos ejemplos de la presencia europea en Brasil. La “opción europea” representaba, en definitiva, la alternativa a la dependencia de Washington a través de una diversificación de socios externos, constituyendo una constante en la historia de la política exterior de Brasil. Muchas veces cuando se deseaba escapar de la fuerza centrípeta ejercida por los Estados Unidos, la diplomacia brasileña dirigía su vista a Europa.

Desde la formación de la CEE, Brasil siempre miró a Europa con una mezcla de desconfianza y de esperanza no materializada, en la medida en que elPage 53 modelo político y social europeo encontraba eco en sectores políticos y económicos brasileños, abriendo un espacio de inserción internacional para el país, alternativo al del eje Brasilia-Washington, pero que, al mismo tiempo, obstaculizaba, con la política comercial europea, los anhelos exportadores de Brasil hacia el mercado comunitario.

Si comercialmente, las relaciones eran de discordia y de continuas reclamaciones brasileñas en el marco del Acuerdo General de Aranceles y Tarifas (GATT por sus siglas en inglés) y posteriormente de la Organización Mundial de Comercio (OMC), lo cierto es que en el campo de la cooperación política, Brasilia y Bruselas siempre se esforzaron por fortalecer sus vínculos y abrir canales de diálogo.

En 1958, Brasil solicitó a la CEE la creación de un mecanismo permanente de consulta siendo, el 24 de mayo de 1960, el primer país latinoamericano que estableció relaciones diplomáticas con la Comisión Europea. En 1973, se firmó el acuerdo CEE-Brasil, de los denominados como de “primera generación”, al que siguió un acuerdo de “segunda generación”, en 1980, y una dinámica de concertación y diálogo favorecida por la redemocratización brasileña (1984), el ingreso de España y Portugal en la CEE (1986), las primeras iniciativas de integración subregional que antecedieron al Mercosur (Acta de Iguazú, 1985) y el diálogo político de la UE con el Grupo de Río (1986).

En 1992, se rubricó un acuerdo marco bilateral de cooperación y, en 1995, el acuerdo marco de cooperación interregional UE-Mercosur, que culminaba en el siglo XX el marco jurídico de las relaciones eurobrasileñas. Las motivaciones de los europeos para negociar un acuerdo de cooperación amplio con Mercosur incluían evitar la repetición de lo ocurrido con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o NAFTA por sus siglas en inglés) con sus impactos negativos en el campo político y en sus efectos de desviación comercial. En este sentido, desde instancias académicas brasileñas se ha mantenido la hipótesis de que el proceso de intensificación de las relaciones entre la UE y el Mercosur avanza en función de los resultados y las expectativas que se generan en las negociaciones comerciales impulsadas por los Estados Unidos para la creación del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA). A partir de la firma del acuerdo UE-Mercosur puede detectarse una intensificación de las relaciones entre los dos bloques y en el ámbito bilateral, país por país2.

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La integración europea desempeñó un papel importante en la política exterior brasileña, al ser la UE el primer socio comercial de Brasil y el principal inversor en el país y en el Mercosur. Estas relaciones se contemplaron desde Brasilia con la expectativa esperanzadora de una Asociación Estratégica que superase la asimetría y los conflictos comerciales que jalonaron más de cuarenta años de relaciones. No obstante, se puede hablar de una extraña combinación de expectativa y frustración al intentar extraer conclusiones sobre los antecedentes de estas relaciones. Si por una parte Brasil ve en la UE al actor internacional que puede equilibrar sus relaciones exteriores, por otra siente cierta frustración al constatar que, al mismo tiempo en que Europa consolida profundas transformaciones institucionales rediseñando la dinámica de las relaciones internacionales, la Comisión Europea mantiene un winset limitado reduciendo siempre el margen de maniobra del país con el cual negocia. De hecho, el bloque europeo no se revela efectivamente como el socio privilegiado que Brasil desearía.

Durante esos años, los cambios políticos en Brasil favorecieron o retrasaron, según las orientaciones de la política exterior del Gobierno en el poder, un mayor acercamiento a la Unión Europea. Debe añadirse aun como factor de proximidad la apuesta comunitaria por un esquema de relaciones mediatizado por la preferencia en el diálogo y la cooperación con el Mercosur, que en los años noventa era operativo y ofrecía esperanzas de resultados económicos y de desarrollo en el Cono Sur, pero que hoy presenta señales de agotamiento debido, entre otros factores, a la irrelevancia hacia la que se encamina el...

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