«Qu'est-Ce-Que L'intégration?»

Autor:Elisa Brey
Páginas:307-310
 
CONTENIDO

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SCHAPPER, DOMINIQUE (2007), París: Gallimard.

En Qu'est-ce que l'intégration?, el objetivo principal de Dominique Schnapper es analizar el concepto de integración, y ofrecer una definición del mismo, que les permita a los científicos sociales utilizar la noción de integración como instrumento de análisis de la realidad social.

La autora no es ajena a las críticas que se formulan en contra de la utilización del concepto de integración. Así, reconoce que resulta difícilmente operativo en el marco de una investigación, al tratarse de una noción abstracta, y además compleja porque incluye varias dimensiones. Por otro lado, la integración aparece como un término polisémico y ambiguo. No solamente forma parte del lenguaje común, sino que también se utiliza para hacer referencia a un programa político, en especial cuando trata de la incorporación de los inmigrantes y sus descendientes a las sociedades de los países receptores. En ocasiones, la noción de integración se ha visto cargada de connotaciones negativas. Es lo que ocurre cuando aparece como sinónimo del concepto de asimilación, o se considera que la integración hace referencia a la necesidad de adaptación unilateral de los grupos minoritarios a las normas ya establecidas en función de los criterios y los intereses de los grupos mayoritarios.

Para resolver las limitaciones del concepto, Schnapper insiste en la necesidad de distinguir entre la formulación política de la integración, en términos normativos, y su definición en términos descriptivos o explicativos, desde «el hecho sociológico de los procesos sociales». Además, en el marco de una investigación sociológica en torno a la cuestión de la integración, la autora propone seguir los siguientes pasos: analizar el concepto desde una perspectiva crítica, explicar cuál es el significado de la noción que se utiliza, distinguir las dimensiones del proceso de integración, y definir unos indicadores, para así facilitar el conocimiento así como la medición de los procesos sociales.

En el primer capítulo de su libro, Schnapper analiza la tradición del pensamiento sociológico que se desarrolla en Francia y Estados Unidos desde la segunda mitad del siglo XIX. Su objetivo es encontrar los elementos que le permitirán construir una definición científica del concepto de integración, y para ello considera las aportaciones de Durkheim, Mauss, Halbwachs, Tönnies, Weber, Norbert Elias, la Escuela de Chicago, el funcionalismo de Parsons y Merton, la sociología de la desviación y el interaccionismo. Schnapper recuerda entonces que el interés por la cuestión de la integración surge con el desarrollo de la sociedad moderna, y constituye el punto de partida del pensamiento sociológico. De hecho, la modernidad vino acompañada por unos cambios profundos en las estructuras socio-económicas así como en las relaciones sociales, y los primeros sociólogos se preguntaron cómo mantener o restaurar los vínculos sociales en unas sociedades donde la tradición y la religión ya no cumplían con su función integradora.

Más allá de las perspectivas que se desarrollan y los términos que se utilizan para el Page 308 estudio de la realidad social, Schnapper considera que lo importante es tener presente cuáles son los debates que se plantean, y giran todos ellos en torno a la formación y la reproducción de las entidades colectivas a partir de las relaciones sociales. A la hora de plantearse una investigación en torno a estas cuestiones, Schnapper insiste en la necesidad de tomar en consideración la integración de la sociedad o del conjunto del sistema, y no solamente la integración de los individuos o de los grupos en la sociedad.

En el segundo capítulo, Schnapper pasa a analizar la integración de los inmigrantes y sus descendientes en la sociedad nacional. Si bien el pensamiento sociológico clásico, y en particular Durkheim, utilizaba el concepto de integración para referirse al conjunto de la sociedad, Schnapper señala que en la actualidad, la utilización del término en la vida social hace casi siempre referencia a la situación de los inmigrantes y sus descendientes en las sociedades receptoras. Ello se puede explicar por la influencia de la sociedad y la sociología estadounidenses, y porque la inmigración representa un desafío para la identidad nacional, en la medida en que provoca una mayor diversificación cultural y étnica de las sociedades receptoras.

Schnapper analiza primero la evolución del pensamiento sociológico sobre la integración de los inmigrantes y sus descendientes en Estados Unidos, a través el concepto de asimilación. Considera las aportaciones de los clásicos de la Escuela de Chicago, entre los cuales destacan el ciclo de las relaciones raciales de Park y el análisis del gueto de Wirth. En los años sesenta, la publicación de Beyond the Melting Pot de Glazer y Moynihan (1963), y de Assimilation in American Life de Gordon (1964), marcan el inicio de una nueva etapa. Se reconoce el papel de la etnicidad, así como la diversidad de las dimensiones que constituyen el proceso de asimilación. Entre las aportaciones más recientes, destaca el concepto de «asimilación segmentada».

El siguiente paso consiste en analizar los debates en torno a la integración de los inmigrantes y sus descendientes en Europa. En Francia, destaca el debate que enfrentó, en los años ochenta y noventa, a los investigadores «integracionistas» con los investigadores «multiculturalistas», en torno a la idea de conciliar la libertad e igualdad individual de todos los ciudadanos con el reconocimiento de las identidades particulares y las referencias culturales en el espacio político. A nivel europeo, Schnapper destaca los resultados de la investigación EFFNATIS, que compara los procesos de integración de los hijos de los inmigrantes en Alemania, Francia y el Reino Unido. Para ello, se distinguen cuatro dimensiones, según si se trata de los procesos de integración estructural, social, cultural, o en relación con las identidades.

Una de las principales conclusiones de este segundo capítulo es que no existe una definición única y definitiva del concepto de integración, sino que el pensamiento sociológico sobre la cuestión evoluciona de forma paralela a los debates que se producen en los ámbitos públicos y políticos. Así, el reconocimiento de la diversidad cultural y de la multidimensionalidad de los procesos de asimilación en Estados Unidos se produce a la vez que los movimientos en pro de los derechos civiles y la diversificación de la inmigración, que procede cada vez más de América Latina y Asia. Schnapper también llega a la conclusión de que no se puede considerar la integración de los inmigrantes y sus descendientes en las sociedades nacionales, sin tener en cuenta la integración sistémica, que se refiere al conjunto de la sociedad. Los factores que más influencia tendrán en los procesos de integración son precisamente el orden y el equilibrio internos de la comunidad o la sociedad receptora. Según Schnapper, los científicos sociales no deberían cuestionarse acerca de la capacidad de los inmigrantes y sus descendientes para asimilarse en una sociedad ya construida, sino que las preguntas deberían orientarse hacia sus modos de participación Page 309 en el proceso de integración nacional o «societal», que siempre está en evolución y nunca se acaba.

La integración de la sociedad nacional pasa a ser el tema del tercer capítulo del libro. Aquí Schnapper se centra en la experiencia de Francia, pero la mayoría de sus argumentos se pueden aplicar a otros contextos nacionales en Europa. Para comenzar, se refiere a la filosofía de la integración moderna, que se basa en la concepción del individuo como ciudadano y como productor. Habría que considerar también el desarrollo del Estado de bienestar, que tiene como objetivo la corrección de las desigualdades socioeconómicas. A partir de los años setenta, la instalación permanente de los inmigrantes llegados desde otros países, muchos de los cuales son de tradición musulmana, los efectos de la crisis económica, así como los déficits del Estado de bienestar, vuelven a situar la cuestión de la cohesión social en el centro del debate. Se cuestionan los principios del pacto social vigente durante el periodo de crecimiento de las Trente Glorieuses.

El cuestionamiento de las instituciones se manifiesta con la caída del interés por la política, que implica por ejemplo una menor participación en las elecciones y una participación anémica en los partidos políticos y los sindicatos. Se produce una transformación del vínculo social entre el Estado y los individuos, que se ve afectado por el final del pleno empleo, la crisis de representación de la clase obrera, así como los riesgos de paro y exclusión social. En este contexto, Schnapper llega a hablar de «la integración humillante» para referirse a la evolución del Estado de bienestar hacia una «postura asistencial» (assistanat). La condición de pobre no solamente se caracteriza por la falta de recursos económicos sino también por el hecho de que las relaciones sociales se debilitan, e incluso se llegan a agotar. Schnapper recupera entonces el concepto de pobreza «marginada», característica de las sociedades modernas, y elaborado por Serge Paugam, en contraposición con el concepto de pobreza «integrada», que se observa en las sociedades tradicionales. El aumento del individualismo se manifiesta en distintos ámbitos de la vida social. A nivel del conjunto de la sociedad, ello tendría un efecto perverso, y es que favorece la integración normativa de los que se beneficiaron de una socialización familiar fuerte. El vínculo de tipo «individualista» sólo sería positivo para los que ya interiorizaron, mediante su herencia social y su educación, las normas de una sociedad en la que los controles exteriores son débiles.

En este contexto, Schnapper se preocupa por la falta de cohesión social, y distingue tres rasgos característicos de la sociedad actual, a la que se refiere con el término de démocratie providentielle («democracia providencial»), que hace eco al concepto de Etat providence (Estado de bienestar), pero con el matiz de que su postura es asistencial. Desde el punto de vista de las instituciones, la naturaleza de las políticas es ambigua y oscila «entre la caridad y el mantenimiento de status quo», con el objetivo de asegurar la protección y la igualdad de oportunidades de todos, así como la igualdad de las condiciones de vida. Schnapper señala que esta evolución se produce a la vez que se debilita la dimensión política de la vida colectiva. A nivel de Europa, la dinámica democrática favorece la convergencia de las sociedades respecto a la defensa de los valores democráticos y los derechos humanos, y respecto a las políticas en materia de educación y con relación a los particularismos. Pero ello no implica que desaparezcan las especificidades de los contextos nacionales, y Schnapper considera que el hecho nacional sigue siendo fuerte. Sin embargo, la pérdida de fuerza de lo político en las democracias providenciales y el declive de los valores políticos comunes, favorecen los particularismos, o dicho de otro modo, dificultan la formación de una conciencia común para compartir un mismo universo político y normativo. Y esta situación conlleva un riesgo de des-integración social.

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Schnapper se sitúa desde la perspectiva de las instituciones sociales, y su argumento principal gira en torno a la idea de que la integración pasa por lo político. De acuerdo con ello, su principal crítica se dirige hacia las modalidades de intervención del Estado de bienestar y el cambio que provocaron en la naturaleza del vínculo social que tiene cada vez más contenido social y menos contenido político. Adopta una perspectiva similar a la de los sociólogos más clásicos sobre la integración, en la medida en que se centra en la naturaleza de las relaciones sociales que mantienen la cohesión social, y su análisis no solamente se aplica a la situación de los inmigrantes y sus descendientes (integración en) sino también al conjunto de la sociedad. Este proceder le permite captar la influencia de los contextos estructurales, y sitúan la perspectiva de Schnapper en la línea de Durkheim.

A la hora de analizar la evolución de los contextos estructurales en Francia, se podría adoptar una perspectiva algo distinta. Si bien es cierto que el pacto social vigente durante la época de crecimiento económico se ve afectado por unos cambios, y se observa una menor participación de los individuos en la vida política, también lo es que desde los años ochenta se produjeron una serie de conflictos, cuyos protagonistas manifestaron su voluntad de participación. Es el caso de las revueltas urbanas de los hijos de los inmigrantes en los barrios periféricos de las grandes ciudades. De hecho, en un primer momento, estas revueltas urbanas tuvieron un fuerte carácter reivindicativo, y sus protagonistas reclamaban un mayor reconocimiento en el ámbito político, adoptando así la retórica de la integración republicana. La falta de consideración del movimiento cívico y social de los hijos de los inmigrantes que se produjo entonces por parte del Estado es uno de los factores que explica la defensa de los particularismos étnicos que se observa en la actualidad. En Francia, los últimos gobiernos destacan por los recortes a las ayudas sociales y a las subvenciones para las asociaciones, que podrían ser el primer escalón donde tiene lugar la participación y quizás la base para el desarrollo de una conciencia política común. Con ello, uno se puede preguntar si la respuesta frente a los riesgos de des-integración debe plantearse desde las instituciones, los actores, o debe ser el resultado de ambos procesos. La interrogación se puede aplicar al caso de España, teniendo en cuenta que se caracteriza por un menor desarrollo del Estado de bienestar, una distribución de las competencias entre las administraciones nacionales, regionales y locales, y la existencia de unos regionalismos que no siempre facilitan un debate a nivel nacional, que no es nacionalista.