Brasil en el escenario global: Aspectos de su actual política exterior

Autor:Paulo Roberto de Almeida
Cargo:Profesor del Centro Universitario de Brasília (UNICEUB).
Páginas:98-120
RESUMEN

El autor analiza el papel de Brasil en el contexto de la formación y evolución del sistema internacional, en sus dimensiones política, económica y estratégica, desde el siglo XIX. El surgimiento de nuevas potencias regionales (Brasil, México, China, India, África del Sur) y sus demandas por una mayor participación en los mecanismos de gobernanza global, materializadas en el ... (ver resumen completo)

 
ÍNDICE
EXTRACTO GRATUITO

Page 98

El escenario mundial y Brasil

Después de un siglo XX caracterizado por matanzas indescriptibles, el mundo del siglo XXI parece encaminarse hacia una fase de relativa paz, por lo menos en lo que se refiere a la relación recíproca entre los grandes centros de poder (en otras épocas definidos como “sistemas imperiales”). Tanto el carácter como la intensidad de los conflictos contemporáneos parecen retroceder en relación al panorama de guerras totales, observadas hace menos de dos generaciones. Los cambios se deben tanto a alteraciones fundamentales en el “arte de la guerra” —con la irrupción del poder atómico y la posibilidad de aniquilamiento de la civilización— como en función de la creciente interdependencia económica entre los sistemas nacionales, después de siglos de mercantilismo, de exclusivismo colonial, de nacionalismo, de regionalismos imperiales y de políticas autárquicas y centralizadas en el Estado1.

En la vertiente económica, no es necesario subrayar los progresos de la integración mundial, a partir del rechazo o la implosión de los sistemas de administración estatal, centralmente planificada o de orientación autárquica —identificados en la primera y segunda mitad del siglo XX por los experimentos colectivistas de los fascismos y socialismos realmente existentes

Page 99

— y de la inexistencia práctica de alternativas creíbles al capitalismo global2. Los “imperios” económicos por ventura existentes —americano, europeo, chino, ruso, indio— se encontrarán en la interdependencia del capitalismo global, aunque puedan tener sus divergencias económicas, políticas y militares, e incluso conflictos localizados, pero todos ellos administrables diplomáticamente en bases de mutua conveniencia. Viejos problemas subsisten —desigualdades de acceso y de riqueza entre las naciones, diferencias de renta y de prosperidad, con convergencias y divergencias operando en ritmo muy lento para eliminar las aún inmensas bolsas de miseria abyecta—, pero algunas nuevas soluciones parecen estar en curso: ellas se sitúan justamente en la interdependencia creciente de los sistemas económicos nacionales, con la intensificación de los intercambios comerciales, financieros, tecnológicos y de recursos humanos3.

El actual G-7, económico y financiero, representa un “retrato” de la economía mundial en un momento de reorganización o de transición de esta última: el del paso de la fase de crecimiento con relativa estabilidad en el cambio del periodo posterior a la Segunda Guerra, al de las turbulencias de la estanflación y de la fluctuación de monedas a partir de 1971-73. Su composición, al comienzo restringida a las cinco grandes potencias financieras cuyas monedas integraban el cálculo de los derechos especiales de giro del FMI —Estados Unidos/dólar, Alemania/marco, Japón/yen, Gran Bretaña/libra y Francia/franco— fue, en seguida, ampliada a dos otras grandes economías sin gran impacto en las finanzas internacionales —Italia y Canadá— y extendida, ya en los años 1990, a Rusia, por motivos esencialmente políticos y estratégicos, en total desproporción a su impacto efectivo en la economía internacional4. El actual G-8 representa, por tanto, un arreglo informal basado en un esfuerzo de coordinación de la cooperación mundial en los campos político, económico y financiero —con diferentes extensiones en ámbitos de interés global— a partir de un “concierto de naciones” que tiene en cuenta los potenciales de poder respectivos.

Los grandes cambios ocurridos en la economía mundial y en la propia percepción del “poder relativo” representan, como es evidente, nuevos desafíos para los responsables políticos de ese esfuerzo de coordinación económica yPage 100política mundial, con eventuales desdoblamientos en los terrenos de la seguridad estratégica y de la administración conjunta de los llamados “global commons” (comenzando por el medio ambiente, pero también epidemias globales, crimen transnacional y otros problemas de alcance regional y mundial). La economía mundial se tornó más diversificada, con nuevos polos de poder nacional y regional entrelazándose en los circuitos globales de la interdependencia económica y financiera, al mismo tiempo que el aumento de la capacidad de disuasión militar en esos polos de poder vuelve improbable el retorno a un mundo dominado por algunos pocos centros imperiales, como sucedió hasta el inicio del siglo XX.

El intento de ampliar el G-8 —por lo menos en lo referente al diálogo político— a un nuevo conjunto de socios dotados de peso relativo en esas esferas —el llamado “Outreach-5”: China, India, México, África del Sur y Brasil— representa, por lo tanto, el reconocimiento embrionario de que la coordinación global ya no puede ser asegurada a partir de bases restringidas. Los datos económicos del periodo reciente —grosso modo desde mediados de los años 1990— y estimaciones hechas en base a las proyecciones de crecimiento futuro de esas economías coinciden en que el dinamismo exhibido por ellas debe conducirlas, individualmente y en el conjunto de las grandes economías planetarias, a una posición de relativa preeminencia en las próximas dos o tres décadas. Ese mayor peso relativo de las nuevas economías emergentes contribuye a: diversificar las fuentes de crecimiento; ampliar los flujos de bienes y servicios circulando por la economía mundial; expandir corrientes de inversiones y financiamientos en nuevas dimensiones geográficas y políticas; compensar ciclos económicos con tendencias contrapuestas; diluir focos de crisis y asegurar que los costes de los eventuales ajustes puedan ser distribuidos mejor. En el plano político y de seguridad, esa integración también puede contribuir a la mejoría del ambiente estratégico internacional, al reducir los focos de tensión o de fricción potencial, intensificando el diálogo sobre los intereses respectivos de esos centros de poder en el plan regional y global, aumentando el potencial de cooperación en decisiones sobre misiones de pacificación adoptadas en el ámbito de la ONU.

En lo que se refiere a la representatividad de los cinco nuevos socios del G-8 en ese proceso de diálogo ampliado, lo que se observa es que dos de ellos, los mayores —China e India— corresponden a dos viejas civilizaciones que ya fueron grandes economías, por lo menos hasta el siglo XVIII, hasta que, por motivos diversos y diferentes, retrocedieron en sus conquistas económicas, científicas y tecnológicas, al punto de ser subyugados y humillados durante dos o tres siglos por las nuevas potencias dominantes del sistema internacional en la era moderna y contemporánea. África del Sur, a su vez, corresponde a una antiguaPage 101colonia de poblamiento holandés convertida en dominion británico en el tránsito al siglo XX, que practicó el apartheid racial y social durante la mayor parte de ese siglo y que se reconvirtió a su verdadera mayoría étnica apenas en su última década. Se trata en todo caso de la economía más desarrollada y sofisticada del continente africano, con grandes posibilidades de crecimiento y de desarrollo, en función de la disponibilidad de recursos naturales y de una población con mayor nivel de instrucción que la presentada por la media de la región. En cuanto a México y Brasil, finalmente, son las dos únicas colonias ibéricas en ese conjunto, típicos países de la periferia del capitalismo global, que conquistaron cierto grado de desarrollo económico gracias a procesos de industrialización sustitutiva, esencialmente introvertidos en sus configuraciones básicas respectivas y que también se abrieron a los influjos de la economía global en las últimas décadas del siglo XX, como también sucedió con las dos grandes economías asiáticas.

Existen enormes diferencias entre los cinco, tanto en lo referente a sus dimensiones económicas y a sus respectivos contextos regionales y formas de inserción mundial, como en lo que respecta a sus intereses políticos, estratégicos y modos de integración en la economía mundial. Todos ellos tienen, como características comunes, ser grandes actores regionales, dos de ellos —China e India— con un impacto estratégico mundial —en función de su capacidad nuclear— y de tener un papel crecientemente importante en el sistema global de interdependencia económica capitalista. De los cinco países, apenas uno, China obviamente, es quien posee potencial suficiente para cambiar y perturbar —to change and disrupt— la economía mundial, en virtud de su peso en diversos mercados y del posible impacto en los grandes flujos mundiales de bienes, servicios, tecnología propietaria y capitales. Los demás países poseen pesos sectoriales en ciertos mercados, incidiendo sobre aspectos específicos de la economía mundial, pero sin la capacidad de impactar decisivamente en su curso, ritmo o comportamiento coyuntural.

Individualmente, los cinco países del así llamado Outreach Group presentan activos y pasivos diferenciados en su naturaleza y circunstancia. Si los criterios manejados por la OCDE para el examen de alguna eventual petición de adhesión pueden ser considerados como igualmente válidos para el ejercicio lanzado en la cumbre del G-8 de Heiligendam (6 a 8 de junio de 2007) — como son, economías de mercado, democracias políticas y respeto a los derechos humanos—, los cinco países podrían, entonces, recibir puntuaciones distintas y diferenciadas en relación a cada uno de esos criterios. De todos ellos, es Brasil quien podría, justamente, recibir una evaluación positiva en la mayor parte de ellos, con deficiencias notorias, no obstante, en el respeto integral a los derechos humanos. Su adhesión a los principios democráticos esPage 102incuestionable, aunque la calidad de algunas de sus instituciones públicas deje que desear, con fuertes...

Para continuar leyendo

SOLICITA TU PRUEBA