¿Que es una monada? Una lección sobre la ontologia de Leibniz.

Autor:Rovira, Rogelio
Cargo:Gottfried Wilhelm Leibniz
 
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The aim of this paper is to analyse Leibniz's idea of substance, and the sense in which substance is called simple by the philosopher, in order to find out the essential features of the monad.

Keywords: Leibniz, monad, ontology.

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"Mónada" vale tanto, según enseña Leibniz reiteradas veces, como "sustancia simple". Explicar lo que el filósofo entiende por "mónada" equivale, por consiguiente, a exponer la idea que, tras largas reflexiones, se formó Leibniz de la sustancia y a señalar el sentido en que a ella se atribuye la simplicidad. Sólo entonces, en efecto, cabrá procurar una primera noción, clara aunque todavía incompleta, de lo mentado con la locución "sustancia simple" y aun apuntar las razones de la utilización, por parte de Leibniz, del vocablo "mónada" para designar a la sustancia indivisible.

  1. ¿QUÉ SIGNIFICA SUSTANCIA?

    Como es bien sabido, fue Aristóteles el primero que puso de relieve la peculiar manera de ser de lo que el denominó ousía y la más larga tradición latina tradujo por substantia. Leibniz retoma la significación que el Estagirita otorga a la sustancia y, al defender su validez, se opone a la definiciones propuestas por Descartes y Espinosa, al tiempo que considera injustificado el reproche dirigido por Locke contra la idea de sustancia.

  2. Sustancia es lo que no está en un sujeto y no se dice de un sujeto, o sea, el sujeto de atribución de predicados que no cabe atribuir a otro sujeto.--Es notorio que Aristóteles, con el fin de lograr una descripción de la sustancia, establece en las Categorías (2, 1 a 20-1 b 10) una doble distinción ontológica, que se ha hecho clásica.

    La primera división separa "lo que no es en un sujeto" de "lo que es en un sujeto". Con estas expresiones Aristóteles quiere distinguir, en efecto, de una parte, el modo de ser de lo subsistente, de lo que es en sí; y, de otra, el modo de ser de lo inherente, de lo que es en otro, o sea --en palabras del propio filósofo--, de "lo que pertenece a algo, no como parte, y no puede existir separadamente de aquello en lo que está".

    La segunda distinción establecida por el Estagirita divide "lo que no se dice de un sujeto" de "lo que se dice de un sujeto". Con ella Aristóteles segrega, en verdad, lo individual, esto es, lo que no se puede predicar más que de sí mismo, de lo universal, o sea, de lo que es apto para ser atribuido a muchos.

    Si se ponen en relación estas dos discriminaciones, aparece una cuádruple división de "lo que existe" (ta ónta):

  3. "Lo que no está en un sujeto, pero se dice de un sujeto", como, por ejemplo, "hombre". Tal es la llamada "sustancia universal", o "sustancia segunda" (deútera ousía) en la denominación de Aristóteles (1).

  4. "Lo que está en un sujeto, pero no se dice de ningún sujeto", v. gr., "este blanco". Es lo que se conoce como "accidente individual".

  5. "Lo que está en un sujeto y se dice de un sujeto". Sirva de ilusración: "blanco". Se trata, en efecto, de lo que se ha dado en llamar el "accidente universal".

  6. "Lo que no está en un sujeto y no se dice de un sujeto", como "este hombre". Este tipo de ser es, precisamente, la "susancia individual" o, en términos de Aristóteles, la "susancia primera" (próte ousía), aquello que merece llamarse "sustancia" en sentido propio: "Sustancia, lo que así se llama de manera más propia, primaria y preferente, es aquello que ni es dicho de un sujeto ni está en un sujeto, como, por ejemplo, el hombre individual o el caballo individual" (Categorías, 5, 2 a 11-14).

    Leibniz tiene por válida esta caracterización de la sustancia individual propuesta por el Estagirita, aunque, ciertamente, sólo a título de definición nominal. "Es muy cierto" --escribe el filósofo en su Discurso de metafísica, [sección] 8 (GP IV, 432-433) (2)-- "que cuando se atribuyen diversos predicados a un mismo sujeto, y este sujeto no se atribuye a ningún otro, se lo llama sustancia individual; pero esto no basta, y tal explicación es sólo nominal".

    Adviértase la perfecta equivalencia de la expresión que utiliza Aristóteles para describir la sustancia individual: "lo que no está en un sujeto y no se dice de un sujeto", con la fórmula usada por Leibniz en el juicio transcrito.

    Es verdad que, a tenor de sus palabras, el filósofo de Hanóver parece considerar desde un punto de vista predominantemente lógico las relaciones de inherencia y de predicación establecidas por Aristóteles. Así, Leibniz utiliza la distinción clásica entre "sujeto de atribución" y "predicado" no para distinguir lo individual de lo universal, como podría esperarse, sino para separar la sustancia del accidente. Según esto, el sujeto de una proposición afirmativa es, desde una perspectiva ontológica, un sujeto de inherencia, mientras que el predicado de semejante proposición no expresa nada más que un modo o estado del sujeto.

    Para distinguir en consecuencia lo individual de lo universal, Leibniz ha de servirse de la distinción, implícita en el pasaje citado del Discurso de metafísica, entre, respectivamente, "sujeto de atribución que no se atribuye a otro sujeto" y "sujeto de atribución que se atribuye a otro sujeto".

    De esta manera, al decir Leibniz que la sustancia individual es, por una parte, el sujeto de atribución de diversos predicados, excluye de la noción de sustancia todo lo que está en un sujeto (o sea, tanto el accidente individual como el universal), porque los atributos de un sujeto están de alguna forma en ese sujeto, esto es, son accidentes suyos. Y al afirmar que, por otra parte, la sustancia individual es un sujeto que no se atribuye a ningún otro, prescinde en el concepto de tal sustancia de la llamada sustancia universal, la cual, en efecto, aunque no está en un sujeto, se dice de un sujeto.

    Así, pues, Leibniz acepta, reproduciéndola fielmente en un giro equivalente, la fórmula aristotélica que caracteriza el ser de la sustancia excluyendo de su noción el modo de ser de los otros tipos de entidades. La sustancia en sentido propio se opone, en efecto, a la manera de ser de lo inherente y de lo universal.

    Pero ni siquiera la definición nominal de la sustancia está exenta de tergiversaciones. Leibniz se ha visto en la necesidad de discutir expresamente al menos tres de ellas. En una carta fechada el 22 de marzo de 1714 (GP III, 567) le confía a Bourguet: "Por lo común, no se tiene interés por dar definiciones de los términos, y se habla de una manera confusa de la sustancia, cuyo conocimiento es, sin embargo, la clave de la filosofía interior (la Philosophie interieure). Esta es la dificultad que se encuentra en ella, que tanto ha confundido a Espinosa y a Locke".

  7. "No estar en un sujeto" no equivale a "existir independientemente de otras cosas".-- En sus Principios de filosofía (I, 51) propone Descartes esta definición: "Por sustancia sólo podemos entender una cosa que existe de tal manera, que no necesita de ninguna otra para existir" (Per substantiam nihil aliud intelligere possumus, quam rem quae ita existit, ut nulla alia re indigeat ad existendum).

    Es evidente la diferencia que separa a esta descripción de la sustancia de la ofrecida por Aristóteles y aceptada por Leibniz (3). Ciertamente, con la expresión "no estar en un sujeto", el Estagirita mentaba el rasgo ontológico consistente en ser independiente de un sujeto de inhesión, en subsistir en y por sí mismo. La sustancia es por ello un ser por sí (per se) o en sí (in se), a diferencia del accidente, que no puede ser más que en otro (in alio). En cambio, Descartes afirma que la característica ontológica propia de la sustancia es la independencia de las causas, el no necesitar de ninguna cosa para existir. Parece, pues, que la sustancia es, para Descartes, el ser que existe por sí (a se), frente al ser que existe por otro (ab alio).

    A esta definición cartesiana de la sustancia opone Leibniz una sería objeción: en rigor sólo podría aplicarse a Dios, esto es, al ser que justamente se define como aquel que existe por su propia esencia. "Esta definición" --declara Leibniz en la Conversación de Filareto y Aristo (GP VI, 582)-- "no está exenta de dificultades. En el fondo sólo Dios es lo que puede ser concebido como independiente de otra cosa. ¿Diremos entonces, como cierto innovador muy conocido, que Dios es la única sustancia, de la que las criaturas no serían sino las modificaciones?".

    Ciertamente, la tesis ontológica capital de Espinosa --ese "cierto innovador muy conocido"-- es, como señala expresamente Leibniz, consecuencia lógica de su aceptación de la definición cartesiana de la sustancia. "Excepto Dios" --se lee en la Ética demostrada según el orden geométrico (I, prop. XIV)-- "no puede darse ni concebirse sustancia alguna" (Praeter Deum nulla dari, neque concipi potest substantia). El defecto de la caracterización cartesiana de la sustancia, tomada en su sentido literal, estriba, pues, para Leibniz, en que su aceptación implica, prematura e injustificadamente, esto es, por la definición misma de sustancia, la admisión del panteísmo.

    Pero no sería justo silenciar en este punto el esfuerzo de Descartes por escapar a esta conclusión metafísica derivada de su manera de entender la sustancia.

    El filósofo francés, en efecto, se vio forzado a reconocer que el término "sustancia" es equívoco. Así, en sentido propio o absoluto, sustancia es aquello que no requiere de ningún otro ser para existir, y esta noción sólo puede convenir, por tanto, a Dios. En sentido traslaticio o relativo, en cambio, sustancia es lo que no precisa de ninguna otra cosa salvo de Dios para existir, y por ello puede también aplicarse a sustancias que no sean la divina. "La sustancia que no necesite en absoluto de ninguna cosa, sólo puede entenderse como única, es decir, como Dios. En cuanto a todas las demás, percibimos que no pueden existir sin el concurso de Dios. Por eso el nombre de sustancia no conviene a Dios y a estas unívocamente, como suele decirse en las Escuelas, esto es, no puede entenderse distintamente ningún significado de este nombre que sea...

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