La equidad en la distribución de la renta y el derecho

Autor:Steven Shavell
Cargo del Autor:Director John M. Olin Center for Law, Economics & Business
Páginas:721-735
 
ÍNDICE
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Pasaremos a continuación a abordar el tema de la distribución de la renta y el ordenamiento jurídico. Aquí la cuestión a tratar es cómo los efectos de las nor-mas legales sobre la distribución de la renta deberían influir en la elección de las normas legales. En primer lugar, revisaremos cómo se incorpora la distribución de la renta en la determinación del bienestar social y la forma en que el impuesto sobre la renta y el sistema de transferencias pueden utilizarse para lograr los objetivos de distribución de la renta. A continuación, hablaremos de los efectos de las normas jurídicas sobre la distribución y si la elección de las mismas debe hacerse en función de los efectos distributivos. El argumento principal será que los objetivos de distribución de la renta se persiguen mejor a través de la utilización del sistema del impuesto sobre la renta y las transferencias, lo que implica que las normas jurídicas deben ser seleccionadas sobre la base de objetivos no distributivos.1

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1. La distribución de la renta y el bienestar social

La mayoría de las preocupaciones acerca de la distribución global de la renta pueden incorporarse a las medidas del bienestar social de la economía del bien-estar convencional, como se mencionó en la sección 1 del capítulo 26. En particular, hay tres canales a través de los cuales la distribución de la renta puede influir en el bienestar social.

En primer lugar, puede que la distribución de la renta afecte al bienestar social porque puede que los pobres valoren un dólar más que los ricos –es probable que la utilidad marginal de un dólar para una persona pobre supere la utilidad marginal de un dólar para una persona rica. Si es así, la redistribución de la renta de los ricos a los pobres tenderá a incrementar el bienestar social.2En segundo término, puede que la distribución de la renta afecte al bienestar social porque la distribución de la renta afecta a la distribución de la utilidad, y puede que, bajo el enfoque de la economía del bienestar, el bienestar social dependa directamente de con qué grado de equidad se distribuye la utilidad entre los individuos. Por lo tanto, incluso aunque un dólar reportara la misma utilidad a los ricos y a los pobres, puede ser deseable redistribuir de los ricos a los pobres porque los ricos gozan de una utilidad global mayor.3En tercer lugar, puede que la distribución de la renta sea relevante a efectos del bienestar social porque la utilidad de un individuo puede depender de la distribución de la renta en la población en general, debido a los sentimientos ge-

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neralizados de altruismo o de empatía. Por tanto, incluso si los ricos y los pobres obtienen la misma utilidad marginal directa de un dólar, e incluso si el bienestar social es igual a la suma de las utilidades y, por tanto, no depende de manera intrínseca de la distribución de la utilidad, todavía puede ser cierto que el bien-estar social puede aumentar si la distribución de la renta es más equitativa.4En adelante, no será relevante hacer referencia a la fuente concreta de la importancia de la distribución de la renta para el bienestar social; simplemente supondremos que la distribución de la renta se incorpora como un factor en la determinación del bienestar social.

2. El sistema del impuesto sobre la renta, la distribución de la renta y el bienestar social
2.1. El sistema de impuesto sobre la renta

Por impuesto sobre la renta y sistema de transferencias se entiende el efecto combinado de los diferentes impuestos sobre la renta (federales, estatales y locales), junto con los programas (tales como Medicare o cupones de comida) que transieren dinero a los individuos en función de su renta. Por razones de

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brevedad, nos referiremos a estos impuestos y transferencias simplemente como el sistema del impuesto sobre la renta.

El sistema de imposición sobre la renta tiene dos propósitos principales: aumentar los ingresos de que dispone el Estado para sus ines, y redistribuir la renta.5El segundo propósito puede no parecer importante para algunos lectores, tal vez porque algunos individuos reciben transferencias directas y porque se discute relativamente poco y con franqueza en los foros públicos el sistema fiscal como medio de redistribución. Sin embargo, el sistema fiscal posee, de hecho, importantes efectos redistributivos –las situaciones relativas de muchas personas, especialmente de los pobres y de los ricos, se modifican de forma significativa por la existencia del sistema fiscal.

2.2. El sistema de imposición sobre la renta y la redistribución óptima

Para ver cómo se puede emplear el sistema de impuestos para redistribuir la renta, supongamos por simplicidad que la redistribución es su único objetivo (es decir, ignoremos la necesidad del gobierno de aumentar los ingresos) y consideremos el siguiente problema: diseñar el sistema del impuesto sobre la renta para maximizar el bienestar social, en el supuesto de que la medida del bienestar social es aquella que favorece la equidad de la distribución de la renta; por lo tanto, si existe una cantidad fija de ingresos a repartir, la mejor manera de repartirlos sería equitativamente.6

Para resolver este problema, supongamos primero que la cantidad de ingre-sos que gana cada individuo es fija. Entonces, la renta total de todas las personas es, obviamente, fija, lo que implica que el impuesto óptimo se diseñaría con el fin de conceder a todas las personas una renta igual, es decir, la renta media. Si, por ejemplo, la renta media fue de 20.000 dólares, entonces cualquier persona que gane más de 20.000 tendría que pagar en impuestos el exceso ganado por encima de 20.000 dólares, por lo que se quedaría con 20.000, y cualquier persona que gane menos de 20.000 recibiría lo que le faltase hasta completar los
20.000. Por lo tanto, el impuesto sobre la renta se emplearía para conseguir la distribución ideal de los ingresos y, derivado de ello, el nivel ideal de bienestar social.

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Hay, sin embargo, dos razones importantes por las que el sistema de imposición sobre la renta no puede alcanzar el nivel ideal de bienestar social. Uno se refiere a los gastos administrativos del impuesto. Supongamos que transferir un dólar entre las personas a través del sistema fiscal implica un gasto administrati-vo (ya que las personas tienen que rellenar los formularios de los impuestos, los ingresos deben ser comprobados para combatir la evasión, etc.). Entonces, está claro que el sistema del impuesto sobre la renta maximizador del bienestar social no dará lugar a una distribución equitativa de la renta, ya que ello implicaría una pérdida demasiado grande debido a los costes administrativos. En general, el sistema impositivo sobre la renta que sería óptimo consistirá en lograr un equilibrio implícito entre los beneficios sociales de la redistribución y sus gastos administra-tivos; por lo tanto, el nivel de redistribución y el bienestar social alcanzados esta-rán lejos del ideal. Este argumento puede explicarse de un modo muy gráico en términos de la metáfora de un cubo agujereado: al transferir la renta a cubos con un objetivo de redistribución, se producen escapes y parte de la renta se pierde, por lo que no es deseable llevar tanto en cubos como la sociedad desearía en otro caso. Otra metáfora es que el tamaño de la tarta que se dividirá entre la población, es decir, la suma de los ingresos, se reduce cuando se reparte el pastel.

La segunda razón por la cual no puede emplearse el sistema del impuesto sobre la renta para alcanzar el nivel ideal de bienestar social a través de la redistribución atañe a la distorsión de los incentivos laborales. A pesar de que en los párrafos anteriores partíamos del supuesto de que las ganancias de cada indivi-duo estaban fijadas, este supuesto es poco realista. Supongamos ahora que las ganancias de una persona dependen de lo duro que trabaja y de su capacidad. En esta situación, el impuesto sobre la renta puede alterar los incentivos al trabajo y, por lo tanto, las ganancias. En concreto, una persona que tiene que pagar un porcentaje sustancial de los ingresos en impuestos, por ejemplo, el 50 por ciento, perfectamente podría trabajar menos duramente, y ganar menos, que si no pagara impuestos sobre la renta; y una persona que va a recibir un pago si sus ingresos quedan por debajo de cierto umbral, podría ver diluidos sus incentivos para trabajar en relación al nivel que alcanzarían si no fuera a recibir este pago. Por lo tanto, el uso del impuesto sobre la renta para redistribuir puede conducir a una reducción del esfuerzo y las ganancias del trabajo y, por esta vía, reducir la cantidad total de ingresos disponibles para redistribuir. Por lo tanto, cuando se tiene...

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