Ensayando la evolución en lugar de la revolución

Autor:Enrique San Miguel Pérez
Páginas:137-154
 
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10. ENSAYANDO LA EVOLUCIÓN EN LUGAR DE LA
REVOLUCIÓN
Un riguroso contemporáneo y compatriota de Alexander
von Humboldt, Johann Gottlieb Fichte, defendía la necesidad de
implantar en Alemania una “nueva educación” dotada de la capa-
cidad de inspirar. Y su compatriota y contemporáneo Immanuel
Kant indicaría nítidamente cuál habría de ser el sentido de esa
radical novedad:
¿En qué orden, únicamente, se puede esperar el progreso
hacia mejor?
La respuesta es la siguiente: no por el curso de las cosas de
abajo arriba, sino de arriba abajo. Esperar que, mediante la
educación de la juventud, con la instrucción doméstica y más
tarde escolar, de la escuela elemental a la superior, en una cul-
tura espiritual y moral fortalecida por la enseñanza religiosa,
se llegase a formar no sólo buenos ciudadanos, sino dados al
bien, capaces de sostenerse y progresar siempre, he aquí un
plan cuyo logro parece difícil. Porque no sólo ocurre que el
pueblo considera que el coste de la educación de su juventud,
que él sostiene, debiera cargar sobre el Estado, y éste apenas si
tiene algo disponible para retribuir a maestros activos y entre-
gados a su ofi cio (...) pues todo lo necesita para la guerra; sino
también que toda esta maquinaria de la educación no muestra
coordinación alguna si no es planeada refl exivamente desde
arriba y puesta en juego con arreglo a ese plan y mantenida
regularmente conforme a él; para lo cual sería necesario que
el Estado se reformase a sí mismo de tiempo en tiempo, y
ensayando la evolución en lugar de la revolución, progresara
de continuo hacia mejor”151.
151 FICHTE, J. G.: Discursos a la nación alemana. Madrid. 1977, pp. 86 y ss.,
y KANT, I.: Filosofía de la historia. Madrid. 1984, p. 115.
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Immanuel Kant, desde la distante Königsberg, entendía per-
fectamente, y ya en 1795, que un alud histórico se había abatido
sobre el mundo. Los propios ilustrados alemanes eran los primeros
en enfrentarse, y de manera lúcida, con la mayor sacudida del
curso ilustrado de la historia. Y el cine, manifestación cultural de
masas por excelencia en el siglo XX, e industria cuyos destinata-
rios rebasan ampliamente cualquier forma de distinción social o de
segregación profesional, experimenta un poderosísimo interés por
los procesos revolucionarios de transformación, especialmente
por los que conducen al modelo de Estado constitucional y liberal
con cuya defensa la industria del cine, y muy especialmente la de
Hollywood, se siente comprometida.
Norbert Elias hizo notar en sede clásica que analizar procesos
de transformación política de proporciones tan extraordinarias
y determinantes para el sentido general de la historia como la
Revolución Francesa acudiendo a los inmediatos precedentes
históricos, o a una simplificación tan burda como presentarla
como la mera consecuencia de la pugna por el poder entre no-
bleza y burguesía, signifi caba no entender la relación dialéctica
entre elementos como poder y rango en una sociedad que, desde
el reinado de Luis XIV, y mientras consolidaba las diferencias de
rango entre aristócratas y burgueses, había contemplado también
como algunos de estos burgueses accedían a responsabilidades de
poder que les situaban muy por encima de cualquier noble, por
elevado que fuera su rango152.
152 ELIAS, N.: La sociedad cortesana. México D. F. 1982, p. 353: “...al rey
le interesaba mucho mantener las diferencias de rango entre los diversos
estamentos y aun acentuarlas. Pero igualmente le importaba hacer que los
hombres de supremo rango fueran conscientes de que eran súbditos suyos, esto
es, del rey. En este sentido, él rebajaba o elevaba a los hombres y hacía que se
contrapusiesen sus consejeros y auxiliares burgueses con los miembros de la
nobleza cortesana. Un ministro como Colbert, de cuyo origen burgués nadie
se olvidaba, ni siquiera él mismo, dispuso, un tiempo, de oportunidades de
poder incomparablemente mayores que las de la mayoría de los miembros de
la alta aristocracia cortesana... Ya por esta razón relacionada con la separación
de rango social y poder social, el concepto de una capa dominante es cues-
tionable, cuando, como sucede con frecuencia, se lo limita a la nobleza del
régimen absolutista, y se olvida preguntar, más allá del valor nominal jurídico

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