González Díez, Emiliano, y otros: Fueros y Cartas Pueblas de Castilla y León. El derecho de un pueblo, Junta de Castilla y León, Salamanca, 1995, 257 pp.

Autor:R. Gibert
Páginas:624-626
 
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Se trata del catálogo de una exposición, que ha dejado el rastro de una magnífica serie de documentos reproducidos a todo color, sellos (la sigilografía nuestra ciencia auxiliar, cultivo de un sobrino de Menéndez-Pidal, Faustino Navascués), un arca concejil y algún objeto pertinente a la escritura (arquelogía jurídica), celebrada en 1992, y propiamente de un libro de derecho y de organización correspondiente a esa fecha histórica, es decir, prácticamente, a nuestros días. «Cómo nuestro derecho ha llegado a ser como es». Así lo expresa el elocuente y conciso prólogo de don Juan José Lucas Jiménez, presidente de la comunidad autónoma, que con fina discreción proclama el carácter político de la publicación. Es curioso, Castilla, o bien el Reino Unido de Castilla y León, que era el territorio central y nuclear de nuestra asignatura, como se ve en el fundacional Ensayo de Martínez Marina, ha venido a ser una especie de región periférica. Castilla, la imperial, para Antonio Machado, hoy una autonomía. Difícil despertar su conciencia histórico-jurídica, desde que en un misterioso gesto de suicidio, cuando la codificación asoladora, mientras las provincias forales se aferraban a su viejo derecho, Castilla, la dominadora, recibía el epitafio del artículo 1976 del Código Civil. El animoso presidente, habla de «nuestra tierra, nuestras gentes», y de la «identidad de un (nuevo) pueblo: el castellano-leonés». En cuanto a su derecho, necesario es advertir que León y Castilla constituyen dos polos, dos territorios sumamente autónomos, centrado uno en la tradición visigótica, y la otra, una dispersa «tierra sin leyes, patria del derecho libre» según el Galo Sánchez. Aun hay que distinguir la Extremadura castellana. Innecesario es ponderar el acierto y la elegancia de los medios puestos a disposición de aquel objetivo por la Consejería de Cultura, y entre los cuales hemos de destacar el encargo, que parece natural y lógico, del estudio, preliminar al catedrático en Valladolid de HDE don Emiliano González Diez, sobrino del padre Gonzalo, SI, no sólo gran medievalista, cuya sombra aletea sobre las páginas de este volumen, investigador de su patria regional y de las Vascongadas, además activo en su emergente nacionalismo («fueros, sí, pero paraPage 625 todos»), preside en cierto modo este acontecimiento. Limitándome, pues, a la aportación de nuestro compañero, a quien agradezco la atención de haber acudido a mi primera y seguramente última actuación...

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