Ejercicio de la abogacía en la modernidad

Autor:Osvaldo Manuel Alvarez Torres
Cargo del Autor:Miembro de la Directiva Nacional de la Sociedad Cubana de Derecho Civil y Familia de la Unión Nacional de Juristas de Cuba, Especialista en Derecho Penal, en Derecho Civil y Patrimonial de Familia y Master en Filosofía del Derecho, homologado al Diploma de Estudios Avanzados de la Universidad de Girona, Cataluña, España
Páginas:7-28
 
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1. 1 Una nueva forma del ejercicio de la abogacía

El tema del papel del abogado en la atención a las empresas, a las entidades, no sólo en las labores de asesoramiento técnico jurídico sino de revisión de contratos, de dictaminar asuntos, de atención a las cuestiones relativas a las inscripciones patrimoniales de las personas jurídicas que atienden, de ofrecer opinión y de redacción de resoluciones y/o escritos fundamentados de imposición de medidas disciplinarias a cuadros, dirigentes y funcionarios y trabajadores en sentido general, de ser además abogados litigantes y hasta mediadores empresariales, signa este rol de activismo que deja atrás el viejo postulado de que el abogado de empresas es un “lleva papeles del directivo principal”.

Ya desde las postrimerías del siglo XX y en los albores de un nuevo siglo de dinamización y de nuevos retos para el derecho, como es este siglo XXI que transita, se ha constatado, por imperativo propio de las exigencias de una sociedad post moderna, el activismo de los abogados empresariales y su bien ganada credencial de que son, en puridad, el brazo derecho en el desenvolvimiento de las empresas y de sus principales directivos.

Hoy día, el asesor interno de las empresas, tiene cada vez mayor exigencia, que se sustenta en tener buenos principios de vida y de trabajo, hacer las cosas bien y defender la profesión.

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El abogado de empresas, de persona jurídica en general, debe caracterizarse por amar la profesión, ser honesto, no olvidarse nunca del derecho y tiene que tener mucha imaginación y creatividad. El amor por el derecho y la honestidad que se le exige a un profesional del derecho que atiende a personas jurídicas, además de la especial cualidad de la creatividad e imaginación, son presupuestos que distinguen al abogado de empresas en la actualidad, que no debe soslayarse que están por encima que hace diez años atrás, lo que hace más difícil el ejercicio profesional.

En los últimos diez años es innegable que ha cambiado el perfil de abogado de empresas, sustancialmente en el trato al cliente, pues no puede negarse que hay una competencia mayor que la que había hace una década. Hoy los empresarios buscan la excelencia en la prestación de los servicios jurídicos. Ningún empresario, en sentido general quiere dar un paso, hacer algo sin que a su lado esté “su abogado”.

Hace una década el mercado era más caballeresco, había menos competencia, pero la realidad que se impone es que la sociedad avanza más rápido y ello hace que los abogados tengan que estar más atentos, más al día, más dispuestos a enfrentarlo todo, con inteligencia, con astucia, con preparación, únicas armas que posibilitan el llevar por un derrotero adecuado, un asunto.

Por tanto es evidente que las reglas del juego han cambiado. Los abogados tienen un nivel de exigencia superior. Si bien ahora la

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abogacía está más estabilizada, en los últimos años fue una profesión que estuvo bastante vapuleada, al tener que afrontar una serie de situaciones complicadas por cambios de normas y de crisis. Los que se lo tomaron con seriedad han hecho un gran trabajo y esa seriedad tendrá que seguir en el tiempo porque cada día el mundo se torna más dinámico, más rápido .

Si se habla de una radiografía del mercado jurídico actual, no puede preterirse que hay un mayor realce de los aspectos regulatorios y los de conflictividad potencial, sobre todo si se tienen en cuenta las nuevas exigencias de la administración pública nacional.

Por eso, hoy los abogados de personas jurídicas deben encauzarse en lo que se conoce como derecho público en general, que engloba al derecho administrativo y al derecho tributario. Además, está la cuestión litigiosa, en que se debe conocer toda la llamada “calle del conflicto”; es muy difícil asesorar sobre cómo evitarlo o cómo protegerse si en algún momento de la carrera el profesional no se dedicó para saber cómo funciona.

En estos momentos no es permisible dejar a un lado el rol superior del abogado dentro de una empresa, una entidad, una firma, una compañía. Hay una exigencia desde el punto de vista de costos que no era tan fuerte años atrás, donde había un poco más de libertad a la hora de requerir servicios de asesoramiento. Hoy eso no ocurre. Por otro lado, el incremento de la litigiosidad y la mayor regulación hicieron que la figura del abogado en la empresa haya cobrado otra relevancia, diferente de la que tenía hace cerca de tres lustros atrás.

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La conjunción de una gran restricción de costos, más la conflictividad y el problema administrativo/tributario cambió el terreno. El espectro es mucho más complejo y con menos recursos monetarios para festejar, por eso se exige más de sí mismo al abogado de personas jurídicas, lo que hace que la piedra angular para quienes trabajan como juristas en tales circunstancias es levantar su perfil como abogados.

Años atrás la caricatura del abogado empresarial era la de un tipo que no trabajaba demasiado y lo que hacía era pasar las consultas de lo que tenía duda o no sabia, a otros abogados, preferentemente litigantes.

En este momento no es así, y aquellos casos que creen que pueden ser como antes; la exigencia de su preparación, de su profesionalidad, de su estudio sistemático se impone.

De manera que quienes no se avengan a este altísimo nivel de exigencia vigente, serán reemplazados inexorablemente por aquellos profesionales del derecho que tengan ese altísimo nivel y un desempeño de excelencia en su labor general de asesoría y asistencia legal.

Hay una diferencia cardinal entre ser y sentirse abogado de un bufete u oficina de abogados litigantes y ser y sentirse abogado de empresas. Es incuestionable que el primero siempre dirá: ¡qué buen asesoramiento di hoy!, mientras que el segundo expresará: ¿cómo voy a ayudar a solucionar el problema de mi empresa?

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En uno la mente está permeada solamente por la prestación de un servicio jurídico, sin que el sustrato de cualquier problema empresarial “sea suyo”. En el otro, existe un irrebatible sentido de pertenencia desde el momento en punto que se cuestiona cómo va a ayudar a resolver el problema de su empresa.

Por tanto, al responder a la interrogante de ¿cómo será el trabajo de los abogados de empresas en los próximos años?, debe responderse que la mejor manera de hacer bien el trabajo es no pensar mucho en el futuro, porque si bien es cierto que hay que mirar si se está en el camino correcto, en el futuro pueden acontecer sucesos que por ser futuros, puede que sean inciertos, aunque una línea de trabajo sí puede y debe trazarse y fijarse metas futuras posibles de alcanzar.

No obstante, puede llegar un momento que uno dice que cumplió un ciclo y que tiene ganas de hacer otra cosa. Aunque es lo cierto que hoy los abogados que atienden personas jurídicas, por la importancia y el reconocimiento de la actividad que desempeñan no piensan ya en hacer otra cosa, dado que pueden y de hecho lo han materializado, aconsejar a la toma de decisiones de alto riesgo y seguir siendo abogados, con determinadas consideraciones que le dan verdadera valía a la profesión.

Al presente los abogados que atienden personas jurídicas son más que simples abogados. La profesión es parte de sus vidas y lo más importante es hacer bien el trabajo y demostrar suficiencia, excelencia...

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