Los efectos negativos de la aplicación de la Justicia Social según F. A. Hayek

Autor:Pedro Francisco Gago Guerrero
Cargo del Autor:Profesor Titular de Filosofía del Derecho. Facultad de Derecho. UCM
Páginas:199-222
RESUMEN

Hayek considera la aparición de la justicia social no sólo como una nueva clase innecesaria de justicia, sino que se constata que su puesta en práctica ha resultado contraproducente para la sociedad. Al exigir la distribución de la riqueza requiere de la mayor intervención del Estado, del aumento de poder y el dominio de la voluntad política sobre los hombres. El resultado es una disminución de... (ver resumen completo)

 
ÍNDICE
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Introducción

Desde hace varios años la justicia social ha perdido fuerza en la conciencia colectiva y en el discurso institucional. Cabe atribuirlo a tres aspectos: 1º. Al menos en parte, la palabra parece haber quedado en desuso por la connotación cristiana que está en sus orígenes y se manifiesta en su desarrollo. Los dirigentes socialdemócratas del Estado Social que toleran de mala gana esta religión y que profesan la fe nihilista, consideran que presenta unos contenidos espirituales que conviene eliminar. 2º. Porque el Derecho, convertido en legislación, ha dejado de tener como fin la justicia1. En el sentido clásico sólo como formalismo se utiliza esta virtud, desdibujada en valor. Si se quiere entender la realidad nihilista habría que buscar el sentido de utilidad para referirse a los objetivos del Derecho. 3º. Porque la mayor parte de las sociedades creen que aplicando el valor igualdad como sinónimo de justicia queda resuelto uno de los motivos que impedirían crear una sociedad justa. La difusa creencia es que entre más progreso, más igualdad y mayor justicia, o, si se prefiere, entre más igualdad, más progreso y, por tanto, más justicia. Lo importante es que, por una causa o por otra, la justicia social ha quedado oscurecida por la aplicación inmediata, vía legislativa, de los contenidos afectos a la igualdad, la solidaridad y la tolerancia. También se acepta que la transformación del derecho consiste fundamentalmente en seguir un procedimiento, que, si se cumple, se puede estimar como acción justa. Se sigue así el deseo normativista de equiparar lo legal a lo justo. De este modo la justicia social está a la espera de darse contenidos claramente ideológicos al depender del Poder.

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1. La justicia de la distribución

Dentro de los parámetros de la época y en plena lucha ideológica, Friedrich Hayek sostiene que la justicia social es una vía rápida para llegar al socialismo2. Si bien ciertas ideas expuestas en su célebre estudio Derecho, Legislación y Libertad, ya no se adaptan a la realidad actual, otras, más importantes, continúan siendo útiles porque pueden aclarar parte del ejercicio social del poder. Es evidente que no ha disminuido la servidumbre de la persona al aparato estatal. Al contrario, ha aumentado como efecto del dominio de la democracia demagógica y de la extensión de lo público, a través del cual las oligarquías dirigen y dominan buena parte de la vida privada.

Según Hayek, la justicia social, de clara procedencia socialista, aunque recogida irresponsablemente por el cristianismo social, procede del igualitarismo que condena la posesión de riquezas, considerando inmoral su acumulación. "En verdad trátase más bien de una pasión netamente irracional, que de hecho, constituye una grave amenaza para el propio bienestar de aquellos a cuyos rapaces instintos se apela"3. Se puede comprobar que la aplicación igualitaria de la justicia no produce mayor bienestar a la sociedad, sino empobrecimiento general, de la que se salvarán los que desde el poder están encargados de distribuir, y, asimismo, los clientes que reciban las prestaciones, pasando a ser privilegiados.

En parte, Hayek sitúa el estudio de la justicia social en unos perfiles predominantemente económicos, respondiendo a la denominada cuestión social, intercalada en la relación Estado-Sociedad a partir de la economía social4. En cuanto al derecho, esto, es, la legislación, queda supeditado a la voluntad política que implica tanto la intervención como la distribución de riqueza5. De ahí que aparezca una cuestión que para la inmensa mayo-

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ría de la población no tiene conciencia: "si es lícito moralmente que el ser humano quede sometido a un poder que intenta coordinar los esfuerzos de todos al objeto de materializar algún específico modelo de distribución que por determinados miembros de la sociedad sea considerado justo"6.

No es descabellado sostener que buena parte de la población le da igual que haya o no las libertades esenciales: lo importante es que los recursos se redistribuyan7. Es decir, que la población siempre considera justa la redistribución sin que quepan más consideraciones. Se ha formado la conciencia de que hay un derecho a recibir de la distribución, como una especie de restitución ética8que el sistema está obligado a practicar para que el individuo consiga los medios indispensables a fin de vivir con el mayor bienestar posible. Ha dejado de estar vigente la idea de la justicia desde la perspectiva del derecho clásico: dar a cada uno lo suyo. Ahora cada uno se cree con derecho a todo por el simple hecho de existir9.

La justicia social obliga a que los miembros de una sociedad se organicen para "asegurar partes concretas del producto global a específicos individuos o grupos"10. Esta idea se basa en la pregunta moral de si es obligado quedar sometido a un poder que redistribuya en aras de un fin calificado como justo. Si se parte de la libertad como fundamento esencial de la vida del individuo, la justicia social requerirá entremeterse en este valor. Para Hayek este supuesto es inaceptable, porque se pone por encima de la persona un sistema que juzga sobre la legitimidad de una intervención sobre el individuo, siendo la consecuencia más notoria la sujeción al Poder. La idea de Hayek se configura en la relación medio y fin. 1º. Por un lado, se cuestiona este último porque no queda claro quién

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decide sobre la distribución y mucho menos sobre la responsabilidad de sus efectos. 2º. Si el fin es poco claro, lo es menos todavía imponerse en una negociación con medios coactivos. Porque será inevitable la disminución de la capacidad individual por la reducción o desaparición de otras libertades ante la necesidad de conseguir un objetivo de dudosa legitimidad. 3º. La intervención crea dos tipos de privilegios: a) Aquellos que no tienen la potestad para determinar los fines. Lo que quiere decir que el marco organizativo se establece desde lo alto de la jerarquía. La consecuencia más inmediata es que se obtiene el poder de situar a los individuos y tomar las decisiones que a ellos les correspondería por exigencias de la libertad. b). El aumento de los privilegiados, ya que la intervención hace abstracción de los hombres concretos y de cada situación para desplegarse por grupos, conduciendo a que se distribuya a quienes no merecen ningún tipo de ayuda por diferentes causas, como su falta de laboriosidad, de aptitud 4º. La justicia social como actividad demagógica y falsa. La palabra se ha corrompido por las consecuencias de su puesta en acción. Así, es utilizada para legitimar cualquier intervención del poder público en su propio interés, neutralizando en gran parte el poder demo-crático que la sociedad debe conferirse para sí misma. Los efectos son conocidos: En los Estados sociales hay un sistema general de corrupción por la extensión incontrolable de lo público y el relativismo moral.

El análisis de Hayek para juzgar la justicia social se sitúa desde la atalaya de la justicia clásica11, que es la única que puede estar capacitada para enjuiciar sobre la funcionalidad de sus clases de intervención. Aparte de sus consecuencias en el plano económico y moral, el Estado recurre a la justicia social para legitimar su intervención en cualquiera de sus ámbitos12. Más en concreto, a su vez, el Leviatán, que es un fin para algunas ideologías, es utilizado como un instrumento para beneficiar a

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determinados grupos o capas de la población. El resultado es que legitima fines que son espurios, porque la legalidad de toda intervención si se hace según el procedimiento, se transforma en un bien general aunque sus efectos sean injustos, sea por crear situaciones que una sociedad que busca la justicia no admitiría, o para justificar un proceso general de intervención que produce efectos indeseables. Si se materializa esta idea, y Hayek no tiene duda sobre sus consecuencias, cabe dudar que la justicia social haya aumentado la justicia general en la sociedad.

La aplicación negativa de la justicia social conduce también a que el individuo deje al margen la responsabilidad. Incluso es posible decir que al individuo la necesidad de ser responsable le ha sido hurtada para dársela "a determinados agentes la capacidad de establecer cuando el ciudadano debe hacer al objeto de que se materialice determinado modelo de justicia social"13. La atribución, pues, parte de la sociedad. Esta idea no parece responder a la realidad, porque se debe adjudicar al Estado o los grupos que lo dominan, los perfiles y el ámbito de la justicia social que reclama gran parte de la sociedad.

2. Los baluartes principales de la justicia social

Al buscar las responsabilidades de los planteamientos, deseos y consecuencias de la justicia social, Hayek sostiene que dos formaciones son las que más han apoyado la justicia social:

  1. Para una ideología totalitaria cómo es el socialismo, la justicia social y la política social abren enormes posibilidades para intervenir y controlar la sociedad. A este tipo de colectivismo se unen además los moralistas, con el resultado de que "todos los moralistas se han hecho socialistas". En este caso Hayek es demasiado benévolo, pues el moralismo socialista es un nihilismo cínico, o una moralina de orígenes farisaicos.

  2. Otro de sus defensores es la Iglesia de Roma. A su juicio ha sacrificado la fortaleza de su fe por una nueva religión secular que se fija en la justicia terrena relegando u olvidándose de la eterna. La denuncia supone, por un lado, que la Institución como tal ha perdido la fe sobrena-

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tural, sustituyéndola por otra mundana; por otro, que ha sido incapaz...

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