Educación para la paz en la educación formal

Autor:Elsa Lucía Escalante Barrios/Mónica Patricia Borjas/Margarita Del Socorro Osorio Villegas
Páginas:169-181
 
ÍNDICE
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“La educación es la reconstrucción continua de la experiencia, que tiene por objeto extender y profundizar el contenido social.”

John Dewey

Introducción

En el contexto de la educación formal aparece el currículo como el escenario expedito necesario para problematizar la educación para la paz. En este sentido, el currículo como lo propio de la educación escolarizada, se convierte en la condición necesaria para la consolidación de los propósitos de formación de los sujetos en la construcción de una sociedad capaz de asegurar a sus integrantes la vida, la convivencia, la libertad y la paz.

Los proyectos culturales de cada nación generan para su concreción instrumentos, herramientas y regulaciones que desde el currículo base, orientan a las comunidades educativas en la cimentación de los ideales que cada nación anhela. En ese contexto Colombia, por sus dinámicas actuales relacionadas con el postconflicto, convoca al sistema educativo a generar, a innovar y a fortalecer en los proyectos educativos institucionales (PEI) el desarrollo de la cultura de la convivencia pacífica.

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Este capítulo presenta una reflexión sobre el papel de la educación formal en la transformación de la realidad nacional para resolver creativamente las dinámicas del postconflicto en Colombia dando respuesta al desafío de consolidar la construcción de una ciudadanía basada en el respeto a la vida, la dignidad humana, la democracia y la paz. Es así que bajo la premisa que expresa que las propuestas educativas deben ser contextualizadas, se presenta además una descripción de las situaciones problemáticas tanto del entorno comunitario, como del institucional, identificadas por docentes y directivos de instituciones educativas oficiales de la región caribe colombiana, las cuales requieren ser incorporadas en las decisiones curriculares a fin de que se conviertan en punto de partida para intervenir curricular y pedagógicamente las interacciones entre los actores educativos para consolidar en ellos las condiciones de razonamiento, conocimientos, sentimientos, acciones y voluntades que facilitan la convivencia pacífica.

Finalmente se plantean algunas recomendaciones encaminadas a apoyar a las comunidades educativas en la planificación y gestión de propuestas que favorezcan y dinamicen experiencias y estrategias que, desde el aula y la escuela, dispongan el camino de manera consciente y responsable bajo el horizonte de una educación para la paz.

Marco de Referencia

En el territorio colombiano, el derramamiento de sangre originado por la violencia estructural, la corrupción y el dolor producido por una guerra que tuvo aproximadamente seis décadas, ha creado grandes y profundas heridas en el tejido social, cultural, económico y político del país. Estas heridas se manifiestan en la convivencia social cuando los ciudadanos no son capaces de regular sus emociones resolviendo sus conflictos, problemas y apremios con golpes y armas; cuando en ellos existe una desconfianza generalizada frente a las instituciones sociales y del Estado y, cuando el miedo los acorrala producto de la desinformación que circula sobre y por las consecuencias del acuerdo de paz que se suscribió entre las fuerzas subversivas colombianas y el Estado en el 2016 con la FARC y anteriormente con el M19. Todo lo anterior, ha creado una cortina de humo que imposibilita y dificulta ver en el otro a un ser humano y nos insta a verlo como un problema o un enemigo y además, lo cual es peor, nos impide fijarnos en nuestras estructuras injustas y excluyentes que habitan en nuestra mente y en la sociedad que en última instancia es donde yace el origen social del conflicto armado e inclusive de la delincuencia. Este panorama nos lleva a preguntar ¿Qué papel tiene la educación formal en la construcción de un país diferente? ¿Qué mediador social es posible para transformar nuestra realidad política, cultural, social y económica desde la escuela? ¿Exis-

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ten algunos pasos para edificar una estructura educativa flexible, integral, generalizable, contextualizable y profunda que contenga valores como el respeto a la vida, a la dignidad humana, a la democracia en los ciudadanos?

La educación, en el sentido genérico, al tener el papel de incluir al individuo en las actividades sociales, socializándolo a través de diferentes estrategias y medios, contiene una responsabilidad ética y política, porque en ella se espera encontrar la posibilidad de realización del individuo, así como la convivencia con los otros. Por consiguiente, en la educación recae la experiencia compartida y vivida que podemos realizar en forma continua e inclusive reflexiva para construir un país distinto. En ese sentido, a la educación institucionalizada y organizada como un subsistema social le pertenece el currículo el cual se constituye en el mediador entre el proyecto cultural que tenemos como país, el proyecto educativo en las escuelas y los proyectos individuales de las personas (González, 2017). Y es así como se establece el currículo de dos maneras: primero, como un mapa para leer nuestro territorio simbólico, real y deseado, y segundo como una ruta para alcanzar nuestras finalidades como país.

Colombia en el preámbulo de su Constitución Política, declara que el Pueblo de Colombia con el fin de fortalecer la unidad de la Nación y asegurar a sus integrantes la vida, la convivencia, el trabajo, la justicia, la igualdad, el conocimiento, la libertad y la paz, dentro de un marco jurídico, democrático y participativo que garantice un orden político, económico y social justo, declara en sus principios fundamentales que como Estado social de derecho fundado en el respeto de la dignidad humana reconoce la primacía de los derechos inalienables de la persona y ampara a la familia como institución básica de la sociedad, reconoce y protege la diversidad étnica y cultural de la Nación así como la protección de las riquezas culturales y naturales de la Nación (Constitución Política de Colombia, 1994). La educación institucionalizada o formal ha de tener en cuenta este anhelo del pueblo colombiano como referente fundamental para las decisiones curriculares.

Colombia a nivel educativo ha realizado esfuerzos en esta vía, en torno a la promoción de una sociedad pacífica y en paz, convirtiéndose en prioridad en la última década; no obstante, hay mucho por hacer. La Ley General de Educación o Ley 115 de 1994, en su artículo 5 señala como uno de los fines de la educación: la formación en el respeto a la vida y a los demás derechos humanos, a la paz, a los principios democráticos, de convivencia, pluralismo, justicia, solidaridad y equidad, así como en el ejercicio de la tolerancia y de la libertad. Desde este lineamiento los currículos tanto el preestablecido como el real deben actuar en consonancia con ello. Una de las acciones en esta vía, se hace evidente con la institucionalización del área obligatoria y fundamental denominada Educación Ética y en valores humanos (Artículo 23, Ley General, 1994).

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En este mismo orden de ideas, el artículo 17 del decreto 1860 de 1994 plantea que todos los establecimientos educativos deben contar con un manual de convivencia como parte de su Proyecto Educativo Institucional. Esto se complementa con la incorporación, en el 2004, de los Estándares Básicos de Competencias Ciudadanas que proponen transversalizar el desarrollo de estas competencias agrupadas en los siguientes grupos: Convivencia y paz Participación y responsabilidad democrática y el eje de Pluralidad, identidad y valoración de las diferencias. De manera más específica, la Ley 1620 de 2013 traza los lineamientos para la creación del Sistema Nacional de Convivencia Escolar y la formación para el ejercicio de los derechos humanos, la...

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