Editorial: La valla de la vergüenza

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Día a día se suceden las imágenes e informaciones que nos ponen el corazón en un puño. África tiene hambre. África tiene pobreza. África llora. África lucha ante la adversidad de un presente nefasto y un futuro aún peor. Africa agoniza y sus hijos, aquéllos que aún sobreviven a duras penas, luchan ante la adversidad.

Y la España solidaria, sí solidaria, ese término acuñado por nuestros políticos como si se tratare de una ‘muletilla’, que parece cosido a sus bocas en cada uno de sus discursos y declaraciones, más como estrategia de imagen cara al pueblo que por una conciencia cierta y real, asiste horrorizada ante ese ‘espectáculo’ informativo que nos tenía que llenar de vergüenza.

Esa España solidaria contempla, asombrada, como la ‘mejor’ solución adoptada por nuestros queridos gobernantes para solucionar esa lamentable situación no es otra que buscar fórmulas que hagan más impermeable la ignominiosa valla de la vergüenza, a base de más altura y más alambre de espino. Y a las mentes de los españolitos de a pie acuden imágenes pasadas, que ya creíamos superadas y olvidadas para siempre. Ayer fue Berlín. Hace poco, Cisjordania. Hoy, Melilla.

Nada importa que la Declaración Universal de los Derechos Humanos proclame en su art. 1 que “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. Tampoco...

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