«L'émeute, ce que la france peut apprendre du royaume-uni»

Autor:Elisa Brey
Páginas:319-323
 
CONTENIDO

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JOLY, DANIÈLE (2007) Éditions Denoël.

CONFLICTOS E INMIGRACIÓN: EXPERIENCIAS EN EUROPA

CACHÓN, LORENZO (dir.) (2008) Madrid: Observatorio de Seguridad del Municipio de Madrid

El análisis conjunto del trabajo Conflictos e inmigración: experiencias en Europa, realizado bajo la dirección de Cachón, y del libro de Joly, L'émeute, ce que la France peut apprendre du Royaume-Uni («La revuelta, lo que Francia puede aprender del Reino Unido»), se ve justificado por el hecho de que ambos plantean un estudio comparativo de los conflictos ligados a la inmigración. La principal diferencia es que el estudio dirigido por Cachón recopila textos escritos por distintos autores sobre la realidad de la cuestión en Alemania, Bélgica, España, Francia, Gran Bretaña, Holanda, Italia, Suecia, y también fuera de Europa, en la medida en que se incluye Australia; mientras que el análisis que presenta Joly se centra en un tipo concreto de conflicto, que son las revueltas urbanas, en dos países europeos, como son el Reino Unido y Francia. La diferencia es más bien formal, puesto que el enfoque o las premisas de las que parten ambos trabajos son similares. Así, en un caso como en el otro, el conflicto aparece como un fenómeno que forma parte íntegra de la realidad social. Las similitudes no terminan aquí, sino que se pueden observar cuando se analizan las bases sociales de los conflictos, los actores involucrados y sus estrategias. En ambos trabajos, se destaca el protagonismo de los jóvenes, sean autóctonos o procedentes de la inmigración, y de la policía. Además se señala que en los últimos años, aparece un nuevo componente en el escenario de los conflictos, que es el Islam. En cuanto al contexto en el que se producen los conflictos, los autores de ambos estudios consideran que las desigualdades socioeconómicas, el racismo y la discriminación son algunos de los principales factores que explican el surgimiento de los conflictos. Por último, ambos ponen de relieve la importancia de la respuesta política para solucionar y prevenir los conflictos.

El trabajo dirigido por Cachón se estructura en doce capítulos. Los dos primeros, redactados por el director del estudio y María Luz Morán, cumplen una función introductoria, centrándose respectivamente en los nuevos desafíos para la ciudadanía que representa la inmigración en Europa, y en los conflictos asociados con este fenómeno. En los capítulos siguientes se presenta el análisis de cada uno de los nueve países considerados. Por orden alfabético, se hace referencia a Alemania, Bélgica, España, Francia, Gran Bretaña, Italia, Suecia y los Países Bajos. Además, se introduce un capítulo acerca de uno de los países clásicos en materia de inmigración, como es Australia. En el último capítulo, Lorenzo Cachón interviene de nuevo para sistematizar la comparación entre los distintos casos de estudio sobre conflictos e inmigración en Europa.

Uno de los aspectos más relevantes de este trabajo es precisamente la relación que se establece entre inmigración y conflicto, y el esfuerzo que realizan sus autores por inser-Page 320tar el estudio de los conflictos ligados a la inmigración en la tradición sociológica. En este sentido, según María Luz Morán, es preciso evitar el tratamiento aislado de los conflictos ligados a la inmigración, y tener en cuenta tanto el contexto que conforma el «hecho migratorio», como las condiciones «estructurales» que caracterizan las sociedades contemporáneas. Además, la autora defiende la adopción de una perspectiva sociológica centrada en el actor, y de una concepción política de los conflictos sociales, poniendo de relieve su dimensión «pública», en la línea de Tilly. Así, reivindica que «se debe prestar una especial atención a los conflictos de ciudadanía; es decir, a aquéllos en los cuales las demandas de los actores inciden en las pautas que conforman la pertenencia y la implicación en la comunidad o sociedad en cuestión.». En los informes nacionales, se explican primero las tradiciones teóricas en torno al conflicto en el país objeto de estudio, y se justifica la selección de los casos analizados. Luego se destacan las características de la inmigración, las políticas de inmigración e integración, y finalmente se analizan los conflictos más relevantes, los cambios en los discursos de algunos de los principales actores sociales y políticos sobre la inmigración, así como las respuestas institucionales que se han dado.

A modo de conclusión, Cachón sistematiza el análisis comparativo de los conflictos ligados a la inmigración. Este último capítulo se puede subdividir en dos partes. Así, en los tres primeros apartados, Cachón recuerda cual es el contexto en el que se producen los conflictos ligados a la inmigración, y que guarda relación con las mutaciones del sistema migratorio europeo y la evolución de las realidades nacionales, las políticas de integración, y las condiciones «estructurales» que caracterizan las sociedades receptoras. En los siguientes apartados, Cachón presenta una serie de clasificaciones que permiten la comparación directa de los resultados de las distintas investigaciones nacionales, centrándose en la diversidad y el repertorio de los conflictos propiamente dichos, los actores involucrados, y las respuestas políticas. A la hora de analizar la diversidad de los conflictos, Cachón se basa en el trabajo de Wieviorka acerca de los cuatro espacios del racismo en la modernidad. Retoma los dos ejes establecidos por este autor (participación individual frente a pertenencia a una identidad colectiva, y universalismo frente a diferencialismo) para establecer una clasificación «típica-ideal» de los conflictos ligados a la inmigración, que según estos criterios pueden ser étnicos, de clase, culturales o identitarios. En cuanto al repertorio de los conflictos, se distinguen las segregaciones de los inmigrantes y las «revueltas urbanas», la «criminalización» de la inmigración al quedarse asociada con la delincuencia, los conflictos en torno al Islam, y el rechazo social de los asilados. En cada caso, se dan ejemplos de lo que ocurre en cada uno de los países analizados, con el fin de facilitar la comparación. Los actores que aparecen involucrados directa o indirectamente en los conflictos son los jóvenes, sean inmigrantes o autóctonos, las organizaciones de inmigrantes, los vecinos y la sociedad civil, los medios de comunicación, los grupos radicales, la policía, los partidos políticos, los actores «singulares», así como el gobierno y las instituciones locales. Por último, las principales respuestas institucionales ante los conflictos ligados a la inmigración se articulan en torno a cuatro líneas de actuación, como son la mejora de las condiciones de vida (empleo, vivienda, etc.), la lucha en contra de la discriminación y el racismo, la integración de los inmigrantes a través de la definición de unos planes, y lo que Cachón denomina «las actuaciones en el campo de la representación, del diálogo intercultural y de «revisión del modelo» dominante de gestión de la diversidad.».

Si bien las premisas son similares, el proceder analítico adoptado por Joly se distingue del trabajo dirigido por Cachón, en la medida de que se centra en el análisis de dos países, y Page 321 en una de las formas más explícitamente violentas de conflicto, como son las revueltas urbanas, aunque también hace referencia a las reivindicaciones de los inmigrantes y sus descendientes a través de otros canales, como son la participación política y el asociacionismo. La idea para el libro de Joly, L'Émeute, ce que la France peut apprendre du Royaume-Uni, viene motivada por los disturbios que tuvieron lugar en los barrios de algunos suburbios de las ciudades francesas en octubre y noviembre de 2005. Estos barrios se caracterizan por la precaria situación de sus habitantes, y por la presencia relativamente alta de población inmigrante y sus descendientes. Pero los disturbios no son específicos de Francia, sino que tuvieron lugar con anterioridad en el Reino Unido. De ahí que Joly pretenda sacar lecciones de la experiencia británica que puedan aplicarse para resolver y prevenir los conflictos que tienen lugar en Francia, en relación con la situación de la población inmigrante y sus descendientes.

Para ello, realiza un recorrido histórico de la inmigración y la respuesta política ante el control de los flujos y la integración en ambos países. Si bien comparten el hecho de que la inmigración tenga un componente colonial elevado, la autora señala que en Francia existe además un componente no colonial, refiriéndose a los inmigrantes europeos. En ambos países, se fueron implementando una serie de criterios selectivos y diversas medidas con el fin de limitar los flujos migratorios entrantes. La mayor diferencia entre ambos casos se observa en cuanto a la respuesta política ante la integración y las necesidades de la población inmigrante. Así, la respuesta es mucho más temprana e inmediata en el caso del Reino Unido, donde se desarrollaron primero unas políticas territoriales centradas en el empleo y la vivienda, pero rápidamente se adoptaron medidas encaminadas a la integración de la población inmigrante, y en contra de la discriminación y el racismo. En Francia, la respuesta política ante la integración ha sido mucho más tardía. En la actualidad, sigue predominando el enfoque territorial, aunque cada vez cobran más importancia las iniciativas relativas a la lucha contra la discriminación, que se ven promovidas a nivel nacional por la influencia de la normativa comunitaria. En el contexto francés, Joly considera que estas iniciativas todavía son escasas, en la medida en que se limitan a la esfera del empleo. Otra de las características de la respuesta política ante la integración en Francia es que no hay continuidad en el tiempo, sino que se producen saltos en función del color político del gobierno nacional. En este país, la falta de una política tan determinada como en el Reino Unido, para la integración de los inmigrantes y sus descendientes, se puede explicar por la presencia de un partido de extrema derecha en la escena política (Front National), pero también por el pacto en torno a la definición del modelo político republicano, y la centralización administrativa, que permiten una menor flexibilidad y capacidad de respuesta ante los retos que plantea la inmigración y la diversidad cultural. En los últimos años, parece que se produce cierta convergencia entre el tratamiento político de la inmigración que se plantea en ambos países, en la medida en que se endurecen los discursos, y se cuestiona la respuesta ante la integración que se ha llevado hasta ahora, haciendo hincapié en la cuestión de la seguridad. Por otro lado, tanto en Francia como en el Reino Unido, se ha producido una institucionalización del Islam, que aparece como un nuevo componente que es preciso tener en cuenta.

En cuanto a los disturbios en sí, en el caso del Reino Unido, se distinguen dos momentos principales. Los primeros incidentes ocurrieron durante la primera mitad de los años ochenta, y permitieron que la sociedad mayoritaria tomara consciencia de que, a pesar de los esfuerzos, una parte de los problemas de la población inmigrante y las minorías étnicas quedaba sin resolver. Se produjo entonces un cambio en la respuesta de los responsables políticos, que tuvieron cada vez más en cuen-Page 322ta la voz de los inmigrantes y de las minorías étnicas, mediante el diálogo con asociaciones y comunidades. En 2001, tuvo lugar otra serie de disturbios, en los que participaron sobre todo jóvenes musulmanes, que no habían intervenido en los conflictos anteriores, pero aparecen precisamente ahora como uno de los colectivos más desfavorecidos, según las estadísticas disponibles. Los distintos argumentos que se presentaron en su momento para explicar los disturbios en el caso del Reino Unido, también se pueden aplicar al caso francés. Frente a la interpretación del conflicto como una mera cuestión de seguridad y orden, algunos responsables políticos, así como representantes de la sociedad civil y el mundo académico, insistieron en la necesidad de luchar contra la exclusión social, la marginación política y la discriminación, para acabar con las causas de los conflictos. En el caso de Francia, a la hora de explicar el estallido de la violencia, se añaden otros factores, como son las dificultades de los jóvenes procedentes de la inmigración para ser reconocidos como ciudadanos formales, y como miembros de plenos derechos de la comunidad política. En este sentido, Joly señala que se produce un doble proceso de exclusión de estos jóvenes por parte del Estado francés. Por un lado, son cada vez más las trabas que dificultan el acceso a la nacionalidad francesa, al contrario de lo que ocurrió en el Reino Unido, con respecto a los primeros inmigrantes que llegaron desde los países de la Commonwealth, que sí tenían la nacionalidad británica. Por otro lado, el Estado no favorece su participación en la sociedad civil, mediante el reconocimiento del papel de las asociaciones y las comunidades, que fue precisamente uno de los factores que favoreció la integración de los inmigrantes y sus descendientes en el Reino Unido.

Las revueltas urbanas de los hijos de los inmigrantes en los barrios periféricos de las ciudades francesas también son objeto de investigación en el trabajo dirigido por Cachón. La autora del informe nacional sobre Francia, Cecilia Eseverri, parece estar de acuerdo con la perspectiva de Joly, al considerar que el Estado ha de proyectar una política social a largo plazo, y contar con la participación de los habitantes y las personas que trabajan en los suburbios, si quiere resolver las causas sociales de los conflictos ligados a la inmigración en el país. Al igual que Joly, Eseverri hace un recorrido de la inmigración en Francia, y de la respuesta política ante el control de los flujos y la integración. También destaca los principales elementos que caracterizan la evolución de la situación socioeconómica del país desde los años ochenta. Ello le permite inscribir «las revueltas urbanas» en sus circunstancias históricas, y analizar las causas profundas de los conflictos ligados a la inmigración. Rechaza una explicación cultural del fenómeno, y destaca la importancia de los factores macroestructurales (entre los cuales destacan el cambio económico, el paro estructural, y la aparición del fenómeno de la exclusión) y de los factores microestructurales (desestabilización de las familias, socialización en contextos marginales, aprendizaje conductual, padecimiento de tratos discriminatorios desde la infancia, entre otros) para explicar el contexto en el que crecen los jóvenes de los barrios periféricos de las ciudades francesas, que son los protagonistas de las revueltas urbanas. Señala que esta experiencia común de «no integración» favorece la emergencia de una nueva etnicidad, y de una conciencia común entre los jóvenes, que manifiestan un sentimiento colectivo de pertenencia a un grupo desfavorecido y relegado, con un profundo deseo de reconocimiento.

Respecto al trabajo de Joly, una de las principales aportaciones de Eseverri es el análisis de la historia de las «revueltas urbanas» desde los años ochenta, a la vez que considera la evolución del movimiento cívico y social ligado de la inmigración. Antes del año 2005, se producen varios estallidos de violencia, en forma de revueltas urbanas que son cada vez más intensas. A lo largo de las déca-Page 323das, aumenta la tensión social, el carácter autodestructivo y el grado de descontrol de las «revueltas urbanas», que tienen menos carácter reivindicativo. En ellas, participan unos chicos cada vez más jóvenes, y la presencia de los franceses «autóctonos» disminuye, a la vez que se observa una mayor afinidad étnica entre los grupos de pares. En los momentos de mayor violencia, incluso llegan a participar los jóvenes más integrados socialmente. Pero al mismo tiempo que siguen produciéndose estallidos de violencia, se mantienen las iniciativas dentro del movimiento cívico y social ligado a la inmigración, aunque «se trate de un movimiento huérfano y completamente abandonado» por parte de las organizaciones y las instituciones mayoritarias. En este contexto, la actitud del gobierno es ambigua, puesto que oscila entre la adopción de unas medidas universalistas definidas a nivel del Estado y una aproximación diferencialista de los problemas, adaptada a la diversidad de los colectivos y los contextos locales.

En los dos trabajos que aquí se presentan, los conflictos ligados a la inmigración reflejan la diversidad de los procesos de incorporación y normalización de la situación de los inmigrantes y sus descendientes en las sociedades receptoras. En este contexto, destaca, entre otros aspectos, el papel de las instituciones políticas para prevenir los conflictos y solucionar los que surgen. Esta cuestión es relevante en el caso de España, y es posible que se plantee con más fuerza aún en el contexto actual, en el que aumentan las dificultades económicas y crece el paro entre la población activa autóctona e inmigrante. Al mismo tiempo, desde las últimas elecciones generales, se observan algunos cambios en el tratamiento político de la inmigración por parte del gobierno nacional, respecto al periodo legislativo anterior. Si bien sigue promoviéndose la integración, también se han planteado nuevas iniciativas, como las relativas al retorno, teniendo en cuenta los cambios acontecidos en la esfera económica, aunque es de esperar que la mayoría de los inmigrantes y sus descendientes se quede, al igual que ocurrió en otros países receptores en contextos de crisis. En el caso particular de España, el reparto de competencias entre gobierno nacional, regional y local, puede generar oportunidades para la integración de los inmigrantes y sus descendientes, al igual que ocurrió en el Reino Unido por ejemplo, donde la descentralización administrativa facilitó la negociación, la flexibilidad y el pragmatismo de los responsables políticos frente a las reivindicaciones y los conflictos ligados a la inmigración, y al contrario de lo que ocurrió en Francia, donde el modelo de gestión centralizado presenta ciertas rigideces. Sería preciso también contar con la participación de los inmigrantes, a través de las organizaciones que constituyen el movimiento cívico y social. En cuanto a la naturaleza de los objetivos a seguir para la incorporación y normalización de la situación de los inmigrantes y sus descendientes, se puede citar a Cachón, quien concluye el estudio sobre los conflictos ligados a la inmigración, con la afirmación de que: «En definitiva, el futuro en este campo depende de si se han hecho realidad las cuatro R (en inglés) que presiden el «Año Europeo de la Igualdad para Todos» que se celebra este 2007: Derechos (Rights), Representación, Reconocimiento y Respeto.».