Disuasión mediante sanciones monetarias

Autor:Steven Shavell
Cargo del Autor:Director John M. Olin Center for Law, Economics & Business
Páginas:527-547
 
ÍNDICE
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El tema abordado aquí es la disuasión de actuaciones no deseadas mediante el uso, o la amenaza de uso, de las sanciones monetarias por parte del estado.

En la primera parte del capítulo, suponemos, para simplificar, que las sanciones monetarias se aplicarán con certeza –que todos los sujetos a los que les es de aplicación una norma serán llevados ante las autoridades y se les impondrán las sanciones previstas. Luego, en la segunda parte, supondremos que las sanciones sólo se aplican con una cierta probabilidad. En ese punto examinaremos el empleo de las sanciones suponiendo que la sociedad debe incurrir en gastos de control del cumplimiento de la legalidad para localizar y/o condenar y, en última instancia, sancionar a los individuos que deberían afrontar las sanciones. Los principales problemas a la sociedad que se estudian son la elección del nivel de esfuerzo de ejecución –que determina la probabilidad de sancionar a los individuos– y la elección de la magnitud de las sanciones, a fin de maximizar el bienestar social.

Por conveniencia expositiva, nos centramos en el caso de que los sujetos son neutrales al riesgo, por lo que cometerán un acto si el beneficio que les supone hacerlo es superior a la sanción esperada. Pero también examinamos el caso en el que las partes tienen aversión al riesgo. En caso de neutralidad al riesgo, se supone que el bienestar social es igual a las ganancias que los sujetos obtienen de las actuaciones, menos el daño causado por dichas actuaciones, menos los costes de ejecución; en el caso de aversión al riesgo, la estimación del bienestar social también incorpora la desutilidad de asumir riesgos. Por costes de ejecución, nos referimos a los gastos de captura y condena de los infractores, pero

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suponemos que no hay un gasto de recursos asociado a la imposición efectiva de sanciones monetarias. Este supuesto responde al objetivo de resaltar el argumento importante de que el pago de una multa es, en sí mismo, solamente una transferencia de poder de compra, en contraposición a un gasto real de recursos1 (por el contrario, la imposición de una sanción no monetaria de privación de libertad implica elevados costes directos. En el capítulo siguiente se hará hinca-pié en el significado de esta diferencia).

1. El supuesto de que la ejecución de la ley se produce con certeza: la teoría general de la responsabilidad
1.1. Introducción

A continuación se examina la teoría de la ejecución de la ley suponiendo que esta se produce con certeza. Consideramos primero las dos formas básicas de responsabilidad por daños: la responsabilidad objetiva y la responsabilidad por culpa –es decir, la responsabilidad por una actuación dañosa que se considera indeseable. Posteriormente estudiaremos las reglas análogas basadas en las actuaciones (muchos aspectos de su tratamiento consistirán en una actualización del debate de la responsabilidad objetiva y de la responsabilidad por negligencia abordados en el capítulo 8).

1.2. La responsabilidad objetiva por daños

Según esta regla, puesto que un individuo siempre paga por el daño causado por su actuación, la sanción esperada por el individuo es igual al daño espera-do. Por lo tanto, cometerá dicho acto si y solo si su beneficio esperado supera el daño esperado. Es decir, va a cometer un acto si y solo si el acto es social-mente deseable; por tanto, se producirá el resultado óptimo.2Obsérvese que, en

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general, si la sanción es menor que el daño, los individuos a veces actuarán de manera que provocarán más daño que beneficios. Y si la sanción es mayor que el daño, a veces habrá un efecto negativo sobre los actos deseables: los indivi-duos pueden verse disuadidos de realizar actos que crean mayores beneficios que perjuicios.

Comentarios. (a) La única información requerida por las autoridades para que sea de aplicación un régimen de responsabilidad objetiva es el nivel de daño.

(b) Los activos patrimoniales de un sujeto deben ser suicientes para pagar el daño; de lo contrario, el sujeto no se verá inducido con carácter general a actuar de manera óptima y puede que tome parte en actividades excesivamente dañinas.

El caso de la aversión al riesgo. Si los individuos son reacios al riesgo, tenderán a correr riesgos, ya que pueden hallarse en circunstancias en que los beneficios de un acto perjudicial sean lo suicientemente altos como para que su comisión resulte deseable, lo que significa que van a soportar sanciones. Con el fin de reducir la magnitud de este riesgo, puede ser socialmente beneficioso que la sanción sea inferior al daño. Además, si la sanción es menor que el daño tenderá a no producirse un exceso de disuasión, es decir, que se llegasen a desincentivar actos que son deseables3(estas afirmaciones presumen que los

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sujetos no están asegurados frente a las sanciones; respecto a dicho seguro, ver la sección 6 del capítulo 22).

1.3. Responsabilidad por daños basada en la culpa

En virtud de esta regla, el sujeto que causa daños es responsable y le corresponde una sanción igual al daño solo si su acto era indeseable, es decir, sólo si las autoridades consideran que el daño esperado excedió sus beneficios espera-dos. Si, por ejemplo, el daño esperado es de 100 dólares y la ganancia de 60, el acto sería declarado indeseable, por lo que se apreciaría responsabilidad por el daño. Un sujeto, sin embargo, no participaría en tal acto indeseable, porque su sanción esperada sería igual al daño esperado y por lo tanto superior a su bene-icio (su responsabilidad esperada sería igual a 100 y excedería los 60 dólares). Si un acto es deseable, sin embargo, el sujeto claramente lo cometerá, porque

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entonces no responderá por cualquier daño que se produzca como resultado de dicha actuación.4

Observemos, de nuevo, que si la sanción por un hecho indeseable es menor que el daño, puede suceder que a veces los sujetos cometan tales actos porque su ganancia exceda su sanción esperada. Sin embargo, si la sanción por un acto indeseable excede el daño, no ejercerá un efecto negativo sobre los actos deseables, porque estos actos no están sujetos a sanciones en un régimen de responsabilidad por culpa; por tanto, las sanciones por actos indeseables que exceden el daño aún conducirán a los resultados óptimos.

Comentarios. (a) La información requerida por las autoridades para aplicar la regla de responsabilidad basada en la culpa no es sólo el nivel de daño, sino también su probabilidad y el beneficio de la actuación, porque para determinar si un acto es deseable o no, la autoridad debe comparar el beneficio con el daño esperado.

(b) Una vez más, el nivel patrimonial debe ser, en general, suiciente para pagar por los daños, con el fin de que se induzca al sujeto a no cometer actos indeseables.

El caso de la aversión al riesgo. Los sujetos no asumirán ningún riesgo bajo el régimen de responsabilidad por culpa si se aprecia culpa sin ningún error; esto representa una ventaja de la modalidad de responsabilidad basada en la culpa sobre la responsabilidad objetiva (suponiendo de nuevo que no se dispone de un seguro contra las sanciones). Los sujetos, sin embargo, incurren en un cierto riesgo de sanción en presencia de incertidumbre en relación con la apreciación de la culpa –riesgo generado por errores en la determinación de la culpa o por la capacidad imperfecta de los sujetos para controlar su comportamiento. Por lo tanto, si los sujetos tienen aversión al riesgo, las observaciones hechas en el caso de la responsabilidad objetiva son trasladables también a este régimen, en la medida en que las partes asumen riesgos motivados por la incertidumbre en la apreciación de la culpa. Concretamente, una responsabilidad que exceda el daño puede también tener un efecto negativo sobre los actos deseables.

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Sanción igual a las ganancias de los infractores. Una versión interesante de la responsabilidad basada en la culpa es aquella en virtud del cual un sujeto que comete un acto perjudicial indeseable soporta una sanción igual a sus ganancias.5A veces se piensa que es natural imponer esta sanción a efectos de disuasión, porque elimina las ganancias del infractor. Pero a pesar de que una sanción igual a las ganancias va a desalentar comportamientos no deseados, en principio, solo tendrá un efecto limitado, porque los sujetos no pierden más que sus ganancias. En consecuencia, la regla de que las sanciones igualen a las ganancias es particularmente vulnerable a un error judicial en la evaluación de las ganancias, y por esa razón tiende a ser inferior a la responsabilidad por culpa con sanciones iguales a los daños. En concreto, en virtud de la regla de que la sanción sea igual a las ganancias, si la ganancia se subestima, incluso en una pequeña cantidad, las partes tendrán un incentivo para realizar el acto, no importa cuánto...

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