«Discurso del odio» y violencia

Autor:Paul Coleman
Páginas:89-95
 
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«discurso del odio» y violencia

Tanto desde un punto de vista histórico como en la actualidad, el principal argumento para la penalización del discurso «odioso» es que conduce a la violencia. Lo uno conduce inevitablemente a lo otro y, por lo tanto, ambos deben prohibirse. Ese es, básicamente, el razonamiento.

La conexión entre discurso y violencia se debatió regularmente durante la adopción de los tratados internacionales de derechos humanos. De un lado, estaban las delegaciones occidentales, que solo deseaban prohibir el discurso que incitaba a la violencia, un concepto razonablemente limitado y bien entendido. Del otro, estaban las naciones comunistas que pretendían prohibir conceptos más imprecisos como «la incitación a la discriminación» y la «incitación al odio».

Como se detalla en el capítulo uno, durante la redacción del artículo 7 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, la expresión «incitación a la violencia» por oposición a «incitación a la discriminación» fue debatida enérgicamente. El respaldo de la Unión Soviética hizo que prevaleciera la «incitación a la discriminación».

De manera similar, en el capítulo dos vimos que el borrador original del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos decía: «Toda apología de hostilidad nacional, racial o religiosa que constituya una incitación a la violencia deberá estar prohibida por la ley del Estado». Esta disposición fue reemplazada por otra que prohibía el odio que constituyera «incitación a la discriminación, la hostilidad o la violencia», de nuevo con el apoyo de las naciones comunistas de la época. Y durante los debates en torno al artículo 4 de la Convención Internacional sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación Racial, la opinión de las naciones democráticas consistía en que el discurso racista debía ser tolerado en la sociedad, siempre que no implicara «incitación a la violencia racial». Checoslovaquia, sin embargo, presentó una enmienda para eliminar el requisito de que el discurso

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produjera «actos de violencia». Como señaló un delegado polaco en 1953, la mera condena de la incitación a la violencia no ataca «la raíz del mal» y, como comentó un delegado soviético en 1947, entre «la propaganda destinada a provocar el odio racial, nacional o religioso y la incitación a la guerra, solo hay un pequeño paso».

¿Por qué es relevante esta historia? Porque se trata de los mismos argumentos que se proponen en la actualidad. Por ejemplo, en 2008 el Comisionado de Derechos Humanos del Consejo de Europa estableció que «el paso del “discurso de odio” al delito de odio se realiza fácilmente»1y en una opinión concurrente en el caso de Vejdeland vs. Suecia, dos de los jueces señalaron: «Existe una delgada línea entre el abuso verbal y la incitación a la violencia, y tales acusaciones son capaces de provocar agresión».2En otras palabras, A puede llevar a B. Todos reconocemos que B está mal; por lo tanto, debemos prevenir A antes de que conduzca a B. Este enfoque plan-tea diversos problemas, como se detalla a continuación.

¿qué evidencia conecta el discurso de odio con la violencia?

Si la principal razón de ser de las leyes contra el «discurso de odio» es que dicho discurso desencadena violencia, la carga de la prueba recae sobre quienes abogan por sanciones penales para demostrar que efectivamente ese es el caso. Sin embargo, actualmente existe una clara falta de evidencia.

El genocidio de Ruanda se cita a menudo como prueba de que el «discurso de odio» causa violencia. Sin embargo, incluso un examen superficial de la cues-tión permite concluir que el genocidio de Ruanda no respalda el planteamiento de que el discurso de odio por sí mismo conduce a la violencia. Si bien el papel de los medios —y en particular el de las emisiones radiofónicas— fue increíblemente significativo tanto antes como durante el genocidio, las emisiones de radio hicieron mucho más que simplemente promover el odio o el insulto. Como se ha señalado: «Además de propagar el odio, Radio Télévision Libre des Mille Collines proporcionó información práctica, continua y bien orientada para que los culpables encontraran a sus víctimas».3La emisora literalmente les dijo a sus oyentes que mataran a la oposición, dando los nombres y ubicaciones específicos y, una vez que el genocidio estaba en marcha, «la estación desempeñó el papel de un general del ejército en lugar del tradicional de un medio de comunicación».4Por tanto, el genocidio de Ruanda sirve como evidencia de que la incitación a la violencia inminente puede conducir a la violencia. Esto, por supuesto, no es objeto de discusión, y lamentablemente se evidencia en todo el mundo, incluidos los países que tienen más...

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