Despoblados: posibilidades de investigación

Autor:María José López-Rubio
Cargo:Departamento de Historia del Arte, Universidad de Castilla-La Mancha
Páginas:1-18
RESUMEN

Durante la baja edad media y la edad moderna, aunque en ésta última en menor medida, muchas pequeñas aldeas de Castilla y de otras regiones de la península Ibérica quedaron despobladas por diferentes motivos. Es lo que se ha llamado en términos históricos el “Fenómeno Despoblador,” que ha dado lugar en las últimas décadas a diversos estudios que han abordado el tema desde diferentes puntos de... (ver resumen completo)

 
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1. Introducción

Desde que en el siglo XVI se elaboraron las Relaciones Topográficas de Felipe II2fue frecuente que la historiografía tradicional se ocupara del “fenómeno despoblador” en España, es decir, de aquellas pequeñas aldeas que por diferentes motivos se quedaron desiertas durante la edad media y la edad moderna. Posiblemente, éstas tuvieron siempre una situación demográfica precaria, pero fue con la “Crisis generalizada del siglo XIV”, primero, y con la del XVII después, cuando muchas de ellas se abandonaron definitivamente, aunque parece ser que este fenómeno de despoblación fue algo bastante frecuente durante toda la baja edad media, pues hay historiadores que creen que esta desertización de pequeños pueblos se debió más, que a las sucesivas crisis, a una consecuencia lógica del proceso repoblador, que se inició en

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cada zona tras la consiguiente conquista de territorio a los hispanomusulmanes por los ejércitos cristianos del norte.

En la actual provincia de Cuenca, que aquí se estudia, este hecho se produjo entre las últimas décadas del siglo XII y las primeras de la centuria siguiente, produciéndose en el transcurso del mismo la reorganización del territorio y distribución de la población, desapareciendo del mapa poco a poco aquellos lugares que tenían escasos efectivos humanos, y que no eran viables por diferentes causas, agrupándose éstos en entidades territoriales más grandes y de mayor número de habitantes.

Generalmente, los estudios clásicos sobre despoblados se han limitado a establecer meros listados en los que solamente se menciona el nombre de las aldeas desiertas y la villa o territorio al que pertenecían sin otro tipo de pretensiones. Habrá que esperar al final de la década de los sesenta del siglo XX para que en España salgan a la luz los primeros estudios científicos sobre este tema (Cabrillana, N., 1969 y 1971), que serán mucho más abundantes a partir de los años ochenta y noventa. Publicándose, sobre todo, artículos monográficos de determinados despoblados en revistas vinculadas a las especialidades de historia y de arqueología, y que se centrarán en las distintas provincias de la geografía española. Entre las que se encuentran, como más cercanas al ámbito territorial conquense, Madrid, Toledo, Guadalajara y Ciudad Real.

Sin embargo, para la provincia de Cuenca, hasta el día de hoy, no hay ningún trabajo sobre este asunto aparte de las meras menciones a despoblados en las ya citadas Relaciones Topográficas de Felipe II (Pérez Ramírez, 1983), en estudios históricos de carácter general (Mateo López, 1787; Muñoz y Soliva, 1867 y Torres Mena, 1878) y en las descripciones sobre la provincia (Isidro de Molina, 1883 y Larrañaga Mendía, 1966). Solamente, José María Sánchez Benito (1994 y 2006) nos proporciona algunos datos de interés sobre las aldeas y despoblados de la tierra de Huete durante el siglo XV.

Con esta comunicación no se pretende, ni muchísimo menos, hacer un estudio exhaustivo sobre los despoblados del territorio conquense. Simplemente se persigue demostrar como con el rastreo y la búsqueda de datos, tanto documentales como bibliográficos, así como con la localización sobre el terreno de estos enclaves, es posible mediante el análisis y posterior estudio de los restos materiales hallados ampliar nuestra visión sobre determinados aspectos de la historia rural medieval, que tan

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desconocida nos es, frente a la historia urbana, por la falta de fuentes y de trabajos que analicen este fenómeno desde distintos puntos de vista y metodologías: arqueología, geografía-histórica, historia socio-económica, demográfica e historia de la arquitectura y del urbanismo.

2. Método

En primer lugar, es necesario subrayar la necesidad que hay de trabajar con un equipo interdisciplinar para poder llegar a establecer resultados óptimos y concluyentes en este tipo de trabajos. Así es fundamental que la arqueología se implique, con la realización de campañas de excavaciones, en estudios sobre estos despoblados, ya que en la mayoría de los casos no quedan restos materiales en superficie debido, por un lado, al tiempo transcurrido desde su abandono, y, por otro, a que los materiales constructivos suelen ser arrancados de su lugar de origen para ser reutilizados en otras obras por los vecinos de los pueblos próximos. En algunos casos excepcionales, como se va a ver aquí, lo único que ha sobrevivido del despoblado son los muros desmochados de lo que fue la iglesia parroquial por estar construida ésta con mejores materiales que las modestas casas de los habitantes, y porque durante un tiempo, más o menos prolongado, se usaron como ermitas y lugares de romería. Finalmente, se acababan abandonando y las autoridades eclesiásticas decretaban el derribo del edificio religioso por el estado lamentable en que se solía encontrar.

Por lo tanto, ante esta situación, sería mucho todo lo se podría saber a través del análisis y consiguiente estudio del subsuelo y de la cimentación de los edificios: planta y estructura de éstos, materiales de construcción, el trazado de las calles, la ubicación del cementerio, las infraestructuras de todo tipo, los diferentes usos del suelo, el período cronológico en que se ocupó el lugar por primera vez, y hasta el estado en que se encontraba en el momento de su abandono.

Otro punto importantes a tener en cuenta, para localizar el sitio exacto en que se ubicaban estas aldeas, es el estudio de la toponimia de los diferentes terrenos que forman el término o términos municipales que absorbieron al despoblado y sus tierras, pues normalmente estos parajes mantienen el mismo nombre, y en consecuencia se

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sigue utilizando, actualmente, el topónimo del antiguo pueblo para designar a el enclave que ocupó éste, tanto por los lugareños como por el Mapa Topográfico Nacional.

Finalmente, es necesaria la consulta de documentos anteriores a la época de su abandono como censos de población, relaciones de parroquias, libros de visitas de las autoridades eclesiásticas a éstas, diccionarios antiguos, libros de viajes y, en definitiva, toda publicación o legajo que proporcione y amplíe con nuevos datos y noticias los ya conocidos hasta ahora.

3. Resultados

De esta manera, estudiando la arquitectura del...

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