Estudio de algunas figuras más descollantes por su entidad, de la delincuencia convencional o tradicional: las relacionadas con la vida humana

Autor:César Herrero Herrero
Cargo del Autor:Doctor en Derecho, Graduado Superior en Criminología, Licenciado en Ciencias Policiales y de Seguridad. Facultativo Jurista del M. D. I. (Jubilado) Profesor de Derecho Penal y de Criminología
Páginas:207-222
 
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CAPÍTULO DOCE
ESTUDIO DE ALGUNAS FIGURAS
MÁS DESCOLLANTES, POR SU ENTIDAD,
DE LA DELINCUENCIA CONVENCIONAL
O TRADICIONAL: LAS RELACIONADAS CON LA VIDA
HUMANA
A. INTRODUCCIÓN
No hay duda que, dentro de las clases de delincuencia, que
ha de ser incluidas en la categoría de delincuencia convencio-
nal o tradicional, está la conectada con la delincuencia contra
la vida humana. Desafortunadamente, esta delincuencia se ha
dado en todos los tiempos y en el seno de todas las culturas.
Desde luego, en las más antiguas conocidas, como la bíblica,
babilónica o mesopotámica y la egipcia.
En la literatura bíblica, son archiconocidos algunos lugares
del Génesis como el 4,10 (donde se condena muy duramente la
muerte de Abel por Caín), el 9,6 del mismo Libro, donde se
exige la muerte (derramamiento de su sangre) del que matare
a otro hombre, pues el hombre ha sido hecho a imagen de
‘Elohim»(el Dios único). Y es lapidario el mandamiento del
Éxodo: «No matarás» (20,13).
En la cultura babilónica, el Código de Hammurabi con-
dena, asimismo, el homicidio y las lesiones. (Véase Leyes
201 ss.).
En el Antiguo Egipto, en el «Libro de los Muertos», el difun-
to, para justificarse ante el tribunal de Osiris, confiesa que es
puro porque, entre otras muchas cosas: «No herí a a hombre
alguno… (…) A nadie le hice sentir dolor. A ningún hombre hice
llorar. No cometí homicidio, ni jamás ordené a alguien que
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matara por mí. No perjudiqué a la gente». (Cap. CXXV del
Libro de los Muertos).
En la Antigua Grecia, se consideraba al homicida como
patológicamente afectado. Sobre todo, enfermo de locura. (Así,
por ejemplo, Hesíodo, en su «Teogonía». Aunque este mismo
autor, en sus «Trabajos y los Días», habla de que la aparición de
este crimen es producto de la degeneración moral de la huma-
nidad, donde prima la fuerza y la violencia en las relaciones
humanas. El homicidio, pues, sería fruto de la «brutalidad» del
hombre contra el hombre. «Brutalidad» que Aristóteles, en su
«Moral» («Gran Moral»), delimita afirmando que consiste en
«el vicio llevado hasta el último extremo, y cuando vemos un
hombre absolutamente depravado, decimos que no es un hom-
bre, sino un bruto…» 1
«Los actos de homicidio en el mito —hace observar Julio
LÓPEZ SACO— sean voluntarios o involuntarios, únicamente
encuentran remedio en la expulsión de la comunidad, el exilio
o destierro y en la purificación-expiación del asesino. (…) El
planteamiento mítico no difiere mucho de las normas seguidas
en la legislación ateniense del homicidio, según la cual el ase-
sinato es un atentado contra hombres y dioses y por eso cons-
tituye una impiedad.» 2
El Derecho Penal Romano distinguía entre homicidio volun-
tario e involuntario. Sólo el homicidio doloso o intencional era
gravísimamente castigado por la «Lex Cornelia.» Se hacía distin-
ción entre los llamados «crimen sicariorum», «crimen venefico-
rum» y «parricidium». Todos ellos, públicamente perseguibles 3.
Naturalmente, en la Edad Media, el delito de homicidio
siguía considerándose, desde luego en los «Estados» cristianos,
como delito gravísimo. Por ejemplo, esa es la versión recogida
ampliamente en «Las Partidas». Nada menos que este texto, en
la «Setena Partida», dedica todo su Título VIII a los homicidios
Omezillos»).
1 ARISTÓTELES: «La gran Moral», Libro Segundo, Capítulo VII.
2 Julio LÓPEZ SACO: «Psicopatologías en la Grecia Antigua a través de sus
mitos», en DIKAIOSYNE, 17(2006), p. 199.
3 A este respecto puede verse F. von LISZT: «Tratado de Derecho Penal», trad.
de Quintiliano Saldaña, Instituto Editorial Reus, tomo I, 3.ª edición, pp. 79 ss.

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