Democratización de la Información

Autor:Luis Miguel González de la Garza
Páginas:39-50
 
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El intercambio fundamentalmente informal del “Know-How Político40, en las redes sociales como modelo participativo, cooperativo no estructurado y distribuido, correctamente descrito, a nuestro juicio, en los estudios del profesor Eric von Hippel,41pero en un marco diverso del aquí considerado, se describe como: “el conocimiento o experiencia práctica acumulada que permite a uno hacer algo fácil y eficientemente, en este caso el saber hacer de ingenieros, pero también, añadimos nosotros, de muchos otros expertos de muy diversas áreas de conocimiento que desarrollan los productos de una empresa y que crean

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y operan sus procesos”. Es un tipo de conocimiento que como recuerda Dominique Foray42, fue Michael Polany43quien en 1966 lo introdujo con el nombre de “conocimiento tácito” señalando que un aspecto clave de éste tipo de conocimiento es el de su difícil reproducción. El conocimiento tácito no puede ser fácilmente expresado fuera de la acción de la persona que atesora el mismo porque, en amplia medida, es resultante de su experiencia. En muchos campos, incluyendo aquellos que parecen los más racionales y sistematizados, el riesgo de “desinvención” o de olvido de cómo hacer algo es muy elevado. Como MacKenzie y Spinardi44demostraron, en contra de la idea tópica general, es posible “desinventar” una bomba termonuclear. En el caso específico de las armas atómicas, campo de estudio de estos autores, el conocimiento tácito es tan importante que una ruptura de una única generación de ingenieros podría ser suficiente para perder un gran número de procesos y procedimientos, simplemente olvidando el “Know-How” o “el cómo se hace”.

Este es el tipo de conocimiento que nos interesa y es el tipo de conocimiento que puede encontrarse en las redes sociales de naturaleza política, no en otros tipos de redes sociales de propósito general. Muchas mentes que en otras épocas no participan con sus ideas en los debates públicos para aportar o proponer argumentos en la resolución de problemas colectivos disfrutan en la actualidad de instrumentos para hacer públicas y debatir las mismas mediante su coordinación por conexión, siempre que se compartan incentivos simétricos

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como argumentan McCubbins, Paturi y Weller45. Lo anterior no prejuzga, naturalmente, la calidad de esas ideas.

La plantilla de expertos de una organización, argumenta von Hippel, es responsable de conseguir o desarrollar el knowhow que su compañía necesita. Cuando el saber hacer necesario no existe internamente es normal que los ingenieros; los médicos, etc., tampoco puedan encontrarlo en publicaciones: gran parte de él es muy especializado y no se publica en ninguna parte. Deben crearlo por sí mismos o bien conseguirlo hablando con otros especialistas. Puesto que el desarrollo interno puede ser caro y durar mucho tiempo, existe un gran incentivo en buscar la información necesaria en colegas profesionales. Y a menudo, y con bastante lógica, los expertos de compañías competidoras que fabrican productos y utilizan procesos similares son las personas que con más probabilidad tienen la información necesaria. Pero, ¿están estos colegas dispuestos a revelar su know-how específico a los empleados de las empresas competidoras? Sorprendentemente, parece que la respuesta es afirmativa de forma muy uniforme, al menos en un sector industrial –y muy probablemente en muchos46–. El fenómeno recién descrito, que explota la relación de vínculos débiles anteriormente considerada, ha sido también documentado en la conocida como ruta 128 en Boston, un distrito de empresas de muy alta tecnología, al menos desde 194047. Este proceso de comunicación, hasta el presente fundamentalmente verbal, puede beneficiarse, de una nueva dimensión operativa y

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aproximación entre tecnologías que tiene como vector de unión las redes sociales como herramientas de desarrollo y progreso de la sociedad. A la postre se trata, en parte al menos, de nuevas formas de articulación u organización de fenómenos institucionales antiguos. Como señala Claus Offe48, una institución que funciona alivia a los actores de sus preocupaciones sobre objetivos o estrategias, ya que es posible confiar en que un curso de acción institucionalmente prescrito tendrá efectos beneficiosos o, al menos, aceptables. Así, las instituciones permiten que las preocupaciones instrumentales sean reemplazadas por una dosis saludable de ritualismo y conservadurismo. Una vez establecidas y ampliamente consolidadas, las instituciones toman vuelo propio debido al invisible funcionamiento del piloto automático. Esto significa que funcionan de manera satisfactoria como un marco supraintencional para la acción apropiada49. Ello resulta necesario desde que Arrow, como recuerda Guy Peters50, demostró que era imposible desarrollar una función social de bienestar de la que se pudiera garantizar que generaría una decisión que satisfaría las prioridades de todos los miembros participantes en una sociedad. Las instituciones formales e informales son un medio para eludir este problema fundamental de la acción colectiva, ya que las instituciones proveen de una serie de reglas unánimemente aceptadas o en algunos supuestos implícitamente aceptadas que permiten convertir las preferencias en decisiones, el

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sistema parlamentario representativo es un claro ejemplo de acuerdo institucional formalmente teorizado de reducción de la complejidad política y social que genera confianza51y seguridad jurídica mediante los procesos públicos de adopción de decisiones jurídicamente vinculantes. Esa es verosímilmente la razón por la que Karl Loewensten viera que la invención de la representación política52–una ficción jurídica a la postre, como señalara Kelsen53– constituye uno de los inventos más significativos de la civilización humana en los últimos tiempos, cuya transcendencia se podría equiparar incluso con la invención del Estado moderno, el vapor, la electricidad, el motor de explosión o la fuerza atómica54, al fin y a la postre como remarca muy certeramente Edmund S. Morgan55, el mundo político de las simulaciones se mezcla con el mundo real de extrañas maneras, pues el mundo de las simulaciones puede con frecuencia dar forma al mundo real. Para ser viable, para cumplir con su propósito, sea cual fuere ese propósito, una ficción debe tener una cierta semejanza con los hechos. Si se apartada demasiado de los hechos, la suspensión voluntaria

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de la incredulidad se desmorona. Y, a la inversa, podría desmoronarse si los hechos se alejan demasiado de la ilusión a la que queremos que se parezcan, no es desconcertante, es la naturaleza humana.

El advenimiento de las tecnologías electrónicas de comunicaciones hace posible la creación de instrumentos –las redes sociales virtuales– capaces de explotar la diversidad y el conocimiento distribuido espacial y temporalmente en formas realmente útiles y beneficiosas para la sociedad en muchos dominios. Un ejemplo ilustrativo entre cientos de ellos puede verse en el servicio InnoCentive56. InnoCentive57emplea las nuevas tecnologías para

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explotar una vieja idea: el uso de la diversidad y el talento de las personas para la resolución de problemas58. La idea, no obstante se remonta, en parte, a la segunda guerra mundial59, en la que los británicos condujeron a 12.000 personas a Bletchley Park a 50 millas al noroeste de Londres con la finalidad de romper el código secreto Nazi producido por la máquina de cifrado Enigma. Muchas de las personas conducidas a Bletchley park –Británicos; Americanos; Polacos, etc.–, poseían una formación que podríamos pensar que era la apropiada para romper códigos cifrados. Estos incluían matemáticos (el más notable de los cuales fue Alan Turing), ingenieros, criptógrafos, etc.,. Sin embargo, otras personas trabajaban en secreto en la sala 40 del edificio 8, y...

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