De los datos por las nubes o de fotocopiadoras digitales

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Últimamente se empieza a oír hablar mucho del trabajo en la nube o “Cloud computing”. Es un paso más en la desenfrenada carrera por almacenar y tratar datos o información en la que Internet nos ha sumergido. Tenemos tanta información que a veces no sabemos que hacer con ella. Nuestros ordenadores se hacen más y más glotones, midiéndose su capacidad de absorber cantidades enormes de información en Terabytes. Las actualizaciones de software aparecen antes de que hayamos podido entender la anterior, y las necesidades de nuevas infraestructuras aparecen antes de poder amortizar las últimas adquiridas. Los ordenadores deben ser más potentes, los programas y sistemas operativos más rápidos, las memorias más grandes y, en general, las máquinas se hacen más complicadas.

Una solución a este estresante panorama consiste en invertir el proceso. Tengo una máquina simple, sin apenas software ni información, con muy buena conectividad, que se conecta a un servidor remoto en donde yo tengo toda la información que puedo desear, además de mis propios datos, así como los programas que necesito para tratar tantos datos y –si quiero-, también la infraestructura informática de mi empresa.

La nube o los denominados “Lockers”, no son otra cosa que discos duros remotos con capacidad para almacenar información en un lugar diverso a nuestro ordenador y que, sobre todo, nos pueden ofrecen servicios. Nos conectamos, abrimos el grifo y modulamos el flujo de información y su tratamiento a nuestro antojo, pagando por ello un precio convenido. El servicio se entrega a medida: toda la estructura, una plataforma o sólo software, lo que el cliente pida.

La idea es estupenda (y aunque parezca mentira data de los años 60), pero también tiene sus detractores, quienes piensan que esto es una forma de tener cautivos a millones de usuarios necesitados de la informática, reunidos en una especie de Gran Hermano que controlará todos sus datos. No hay que obviar sus advertencias, la seguridad de los datos que viajan arriba y abajo, la confidencialidad de la información que depositaremos en servidores alojados quien sabe dónde o la inseguridad jurídica por desconocer con exactitud en qué país está el servidor de nuestros datos –por citar sólo algunos-, serán temas que ocuparán muchas páginas.

Las nubes pueden ser de tres tipos, privadas, públicas o híbridas, y configuran tres escenarios diversos. Las públicas son las más conocidas, abiertas a quien quiera apuntarse con...

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