La crisis de la democracia representativa. nuevas relaciones políticas entre democracia, populismo virtual, poderes privados y tecnocracia en la era de la propaganda electoral cognitiva virtual, el microtargeting y el big data

Autor:Luis Miguel González de la Garza
Cargo:Profesor Ayudante Doctor Departamento de Derecho Constitucional UNED
Páginas:257-302
RESUMEN

El trabajo que presentamos trata de contemplar como la erosión del sistema representativo de partidos políticos ha deteriorado gravemente la confianza de los ciudadanos en su efectividad y responsabilidad, hasta el extremo de que nuevos movimientos sociales y políticos propugnen retornar a modelos de democracia directa. Defendemos aquí que ello no es posible, ni deseable precisamente en un... (ver resumen completo)

 
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© UNED. Revista de Derecho Político
N.º 103, septiembre-diciembre 2018, págs 257-302 259
Fecha recepción: 2.09.2017
Fecha aceptación: 3.07.2018
LA CRISIS DE LA DEMOCRACIA
REPRESENTATIVA. NUEVAS
RELACIONES POLÍTICAS ENTRE
DEMOCRACIA, POPULISMO VIRTUAL,
PODERES PRIVADOS YTECNOCRACIA
EN LA ERA DELAPROPAGANDA
ELECTORAL COGNITIVA VIRTUAL,
ELMICROTARGETING YEL BIG DATA
LUIS MIGUEL GONZÁLEZ DE LA GARZA1
Profesor Ayudante Doctor
Departamento de Derecho Constitucional
UNED
1. UNA DEMOCRACIA DE EJERCICIO
EXCESIVAMENTEDISCONTINUO
La participación ciudadana activa articulada sobre las tradicionales fórmulas de
participación presencial queda excluida prácticamente del circuito de decisión
jurídica en los modelos de democracia representativa en los que, una vez cada cua-
tro años, se ostenta la facultad de seleccionar grupos de candidatos que serán los
que verdaderamente desempeñarán la tarea jurídica de tomar decisiones vinculantes
para la comunidad a través de la institución parlamentaria. En efecto, si un ciuda-
dano vota una vez cada cuatro años (en unas elecciones generales) estimando la
duración de la vida en 80 años (hombres y mujeres) y suponiendo que la edad de
votación se inicia a partir de los 18 años de edad, tal ciudadano elector votará en
15 elecciones generales a lo largo de toda su vida —siempre que no opte por la
abstención—. Suponiendo una media de 5 minutos por elección (tiempo de reali-
1 Departamento de Derecho Constitucional. Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de
Educación a Distancia. Obispo Trejo, 2. 28040 Madrid. Email: lmdelagarza@der.uned.es
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zación de los actos de identificación ante la Mesa electoral y depósito del voto en
la urna) dedicaremos en toda nuestra vida 1 hora y 15 minutos a la participación
democrática jurídicamente relevante. Algún comentarista señalará que qué sucede
con las elecciones municipales, autonómicas y europeas, tendrá razón, la participa-
ción asciende, en total, a 5 horas en toda una vida. Si esto es verdaderamente todo
el logro de la participación democrática, no existen razones para mostrar satisfac-
ción por tan exiguo triunfo de los modernos estados apellidados «democráticos».
Naturalmente, durante esos 300 minutos no se produce ninguna decisión técnica-
mente vinculante; tan sólo se designa a aquellos a quienes podrán esos síreal-
mente adoptarlas durante el periodo de legislatura.
A consecuencia de la evolución de la democracia liberal-representativa a la demo-
cracia de masas en el Estado de partidos, señalaba Gerhard Leibholz2 el parlamento
pierde su carácter originario y se convierte en el lugar en el que se reúnen los comi-
sionados de los partidos para registrar decisiones tomadas en otros lugares (en las
comisiones o en las conferencias de partido) argumento señalado con anterioridad por
Heinrich Triepel en el discurso rectoral pronunciado el 3 de agosto de 1927 con
ocasión de la celebración del recuerdo del fundador de la Universidad de Berlín3,
Federico Guillermo III. Como precisaba también M. Duverguer4 «los propios parla-
mentarios están sometidos a una obediencia que los transforma en máquinas de votar guiadas
por los dirigentes de partido». Las fracciones se van transformando cada vez más de
instituciones del derecho parlamentario en instituciones del Estado de partidos.
Lo anterior es una razón suficiente para que unas sociedades cada vez más inter-
conectadas, sensibles a los problemas y activas políticamente se planteen ensayar
fórmulas tentativas que superen ese esquema limitado e insatisfactorio propio de la
democracia representativa actual encarnada en la Democracia de Partidos en la que el
problema no es la representación sino los Partidos integrados como órganos en el
Estado, si no de derecho sí de hecho.
2. LOS NUEVOS MEDIOS COMO ESPEJOS DONDE SE REFLEJA
LADEMOCRACIA FORMAL
Las redes sociales y su poder de articulación de nuevas formas de expresión en la
dimensión actual deopinión pública política autónoma5 son instrumentos aptos tan-
to para ser el mecanismo que puede explicar la crisis en algunas de sus dimensiones,
como para mostrar algunas de sus consecuencias más negativas como es la aparición
2 Leibholz, Gerhard, «Representación e identidad» en Strukturprobleme der modernen Democratie,
Karlsruhe, 1958, págs.88-111.
3 Triepel, Heinrich, «La Constitución y los partidos políticos», Tecnos, Madrid, 2015, págs.22-23.
4 Duverguer, Maurice, «Les Patis Politiques», A. Colin, Paris, 1951. pág.463.
5 Es decir, aquella que no depende de los circuitos profesionales institucionalizados clásicos de generación
de opinión pública, tales como la televisión, la prensa escrita o electrónica, ni la radio por radiofrecuencia.
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de nuevos populismos que tienen en las redes sociales un vector de articulación y
difusión muy relevante6 y cuantificable con los nuevos instrumentos analíticos como
el Big Data7.
No cabe duda que la democracia de Partidos representativa y, sobre todo, la
prohibición del mandato imperativo son actualmente contestados por cada vez más
amplios sectores de la ciudadanía que no comparten su justificación teórica. Al exis-
tir sistemas de comunicaciones versátiles como Internet que hacen posible, a nivel
teórico al menos, hacer presente lo ausente con diversos grados de efectividad que no
existían cuando se desarrollaron las justificaciones teóricas tanto de la democracia
representativa como de la prohibición del mandato imperativo. Hoy vuelve a ser
posible recrear una especie de nuevos: «cahiers de doléances virtuales» de nueva factura,
participativos, sujetos a revisión crítica propios de un nuevo estadio o evolución
democrática que se forman en muy diversos entornos y sirven a muy diversos propó-
sitos. No existe necesariamente una organización central, se articulan en base a inte-
reses plurales que los desarrollan y se circunscriben, por el momento, a la esfera de la
opinión pública política virtual y gozan de propiedades de articulación cada vez más
eficientes y mejor cuantificadas, por ejemplo, en el fenómeno cada vez más popular
de los «presupuestos participativos de los municipios» como argumenta Olin Wright8
en el modelo de Porto Alegre, en Brasil.
La suma de los fenómenos micro en los marcos macro revelan una preocupación
sensible por la participación «constante» y el «control permanente» de los adminis-
trados, de los ciudadanos sobre sus representantes pero ese «control» no se conforma
con advertir, señalar y dar publicidad, su significado es cualitativamente distinto.
Desea participar activamente, directamente en el marco de una democracia refrenda-
taria o plebiscitaria o, en algunos casos directa lo que entra en colisión con el modelo
representativo y la estructura jurídica que lo fundamenta.
La soberanía popular como concepto, como poder, parece encontrar en estas nue-
vas fórmulas una nueva dimensión al menos en su cuantificación de interés. La demo-
cracia representativa como ficción útil y como estructura «institucional» parecería así
perder terreno frente a lo existencial.
Como señalara Claus Offe9 una institución que funciona alivia a los actores de sus
preocupaciones sobre objetivos o estrategias, ya que es posible confiar en que un
curso de acción institucionalmente prescrito tendrá efectos beneficiosos o, al menos,
6 Sobre estos aspectos puede verse, González de la Garza, Luis Miguel, «Redes sociales, instrumentos de
participación democrática. Análisis de las tecnologías implicadas y nuevas tendencias», Dykinson, Madrid, 2015.
7 Una herramienta como el BIG DATA para investigar las tendencias, por ejemplo, en redes
sociales sobre la evolución de las respuestas sociales agregadas a las interacciones de los partidos políticos,
permite a estos observar en tiempo real las reacciones por grupos sociales y segmentos de análisis: edades,
poblaciones, sectores de afinidad política, riqueza, evolución de la población indecisa a muy diversas
cuestiones planteadas por los mismos.
8 Olin Wright, Erik, «Construyendo utopías reales», Akal, Madrid, 2014, págs., 166-177.
9 Offe, Claus «El diseño Institucional en los procesos de transición de Europa del Este», en:
Goodin, Robert E, (coomp), «Teoría del diseño Institucional», Gedisa, Barcelona, 2003, págs.251-282.

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