‘Costa Concordia’ Un naufragio a pie de costa

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RESUMEN

El 13 de enero, el crucero ‘Costa Concordia’, una ciudad flotante de 17 pisos, naufragó frente a la isla italiana de Giglio con 4.229 personas a bordo. El buque chocó contra una roca cuando realizaba una maniobra de aproximación a la costa, abriéndose una grieta de 70 metros en el casco por la que se inundó rápidamente la sala de máquinas.

 
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Pocas horas antes del sinies-tro, el buque italiano había zarpado de Civitavecchia, con 3.206 pasajeros y 1.023 miembros de la tripulación a bordo, en dirección al puerto de Savona, desde donde tenía previsto hacer escala en Palermo (Sicilia), Cagliari (Cerdeña), Palma de Mallorca, Barcelona y Mar-sella antes de volver al punto de parti-da. Pero el viaje se truncó a los pies de la isla de la Toscana cuando, al chocar contra una roca, se abrió una gran brecha en el casco del barco –alrede-dor de 70 metros- por la que se inun-

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daron rápidamente los compartimen-tos estancos.

En el momento de la colisión la mayoría del pasaje se encontraba ce-nando. Como consecuencia de la misma, el barco perdió el fluido eléc-trico. Hubo pánico, se escucharon ruidos de platos cayendo al suelo, gente corriendo de un lado a otro, pero todavía fue peor cuando el bu-que comenzó a inclinarse.

Un cúmulo de errores

La investigación puso de mani-fiesto que el Costa Concordia sufrió un impacto a las 21:42 (hora local). El ca-pitán, Francesco Schettino, de 50 años de edad y 30 de experiencia, señaló inicialmente que el barco se acercó a unos 300 metros de la costa y chocó con una roca que no estaba marcada en las cartas de navegación. Sin embargo, el arrecife contra el que impactó se encontraba en una zona identificada en los mapas como Le Scole.

El Costa Concordia tampoco se-guía la ruta programada, pero no pa-ra ofrecer a los pasajeros una vista nocturna del puerto de Giglio. Según se desveló más tarde, el capitán acer-có el buque a Giglio para efectuar un «rito de reverencia» en homenaje al maître del barco, Antonelo Tievoli, natural de la isla.

Tras el violento impacto, Schet-tino se percató de que había sucedi-do algo muy grave. Pero optó por minimizar el accidente, un compor-tamiento que retrasó las medidas de emergencia en el propio barco y que pudo confundir a quienes debían ayudar en el rescate.

Además, según la investigación judicial, el capitán abandonó el cruce-ro antes que la tripulación y el pasaje, y desobedeció las órdenes de las auto-ridades portuarias de regresar a bordo.

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Así, tras el naufragio, fue detenido bajo acusación de homicidio invo-luntario y abandono de pasajeros.

Mientras tanto, el barco conti-núa semihundido frente a Giglio y se ha convertido en una atracción para los turistas. Su recuperación comen-zó en junio pasado y se prolongará aproximadamente durante un año.

Un rescate polémico

La mayoría de los náufragos coincide en que la evacuación fue «lenta y caótica». La alarma sonó con 40 minutos de retraso y, por tanto, se perdió un tiempo precioso para orga-nizar el desalojo de más de 4.200 per-sonas, de noche y a bordo de un gigan-te de 17 pisos que se tumbaba irreme-diablemente sobre el costado de estribor. Las escenas de pánico se su-cedieron en el interior del barco cuando los pasajeros intentaban buscar a oscuras la cubierta. Los bomberos calculan que entre 100 y 150 pasajeros se lanzaron al mar aterrorizados por la continua inclinación de la nave.

A las dos de la madrugada, más de cuatro horas después del siniestro, aún quedaban alrededor de 200 pasa-jeros por abandonar el barco. Se da la circunstancia de que muchos de los supervivientes no supieron que esta-ban tan cerca de la costa hasta que se encontraron a bordo de las lanchas de salvamento.

Desde el primer momento, los habitantes de la isla de Giglio se des-vivieron en socorrer a unos náufragos que casi los triplicaban en número. La iglesia, las casas particulares y hasta el hotel, que...

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