Los conversos en la nobleza de Extremadura

Autor:Diego Valor Bravo
Páginas:233-290
 
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ISSN: 234 0-1052 Número 0. Añ o 2013ISSN: 2340-1052 Número 0. Año 2013
Los conversos en la nobleza deos conversos en la nobleza de
ExtremaduraExtremadura
DIEGO VALOR BR AVODIEGO VALOR BRAVO
1. INTRODUCCIÓN
Tras la expulsión de los judíos en 1492 muchos de ellos decidieron
tomar el camino del extranjero, llevando consigo la memoria de Sefarad
por todo el orbe conocido. Pero otros muchos decidieron permanecer en
el suelo de su tierra, aprovechándose de la extraordinaria medida de la
conversión, bautizados como cristianos y, con mayor o menor fortuna, in-
tentando vivir de acuerdo a su nueva condición de conversos o cristianos
nuevos.
Las condiciones de vida de estos conversos acabaron dependiendo de
la fortuna personal de cada uno de ellos para, precisamente, poder vivir
en la sociedad mayoritaria. Y es que en algunos casos les tocó en suerte
el ser recibidos con cierta suerte por la población de las distintas villas,
aldeas y ciudades donde estaban muchas de sus familias radicadas desde
hacia varios siglos.
Buena suerte, al margen de la naturaleza de ésta, que en un momento
les deparó la fortuna de acabar accediendo a la cúspide social de los distin-
tos lugares. Fenómeno que podemos denominar de “infiltración” y que, a
la postre, acabaría con que muchos de sus miembros acabaran ingresando
en el estatuto de la nobleza. Circunstancia de prosperidad que se compar-
tiría con la estrategia de “ocultación”, por la que en muchos casos la mejor
forma de ocultar dudosos orígenes era la de intentar acceder a ese estatuto
de noble, y así acallar definitivamente rumores y maledicencias.
Estrategias ambas que, en ciertos casos, se compatibilizarían en una
sola persona pero que, en otros muchos, serían seguidas con mayor o me-
nor fortuna por cada uno de los interesados, siempre teniendo en cuenta
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III. Es tudio s histór icosIII. Estudios históricos
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las posibilidades reales de cada uno de ellos. Estrategia, la primera de
infiltración, que es la que preside este estudio por cuanto indica de for-
ma más efectiva el verdadero valor que las sociedades locales concedían
al oprobio de la limpieza de sangre. Concepto cruel y ridículo, habida
cuenta de la historia española, con el que se intentaba poner coto a que
personas con estos antecedentes llegasen a ocupar puestos señeros den-
tro de la sociedad. Cargos y privilegios, pero también otros oficios, como
los eclesiásticos y los administrativos, y el acceso a las universidades y
colegios, o la posibilidad de conseguir el pasaporte a Indias y así evitar
la contaminación de este territorio virgen. Burdo intento que chocaría
continuamente con una realidad que no hacía más que demostrar su ver-
dadera inutilidad.
Oprobio que no haría sino perjudicar el difícil carácter de la nobleza
castellana, tan apartada de los orígenes feudales europeos, y cuya entidad
era tan laxa que permitía que el acceso a ella fuera relativamente sencillo.
Más habida cuenta de las posibilidades que siempre daba un territorio
fronterizo con el Islam, y por ello siempre ávido de contingentes milita-
res profesionales cuyos miembros, en muchos casos, por vía de sus éxitos
en la guerra podrían acabar accediendo a ese estatuto. Misma facilidad
que cabía para los profesionales acreditados, tanto en el sector públicos
funcionarial como en el de los prósperos mercaderes, debido a los cróni-
cos déficits de dinero corriente de unas monarquías emergentes como la
castellana y aragonesa, cuya progresiva consolidación siempre necesita-
ría de aquellos recursos que pudieran contribuir a su afianzamiento.
Con semejantes ejemplos el acceso a la nobleza estaba abierto cuando
llegó la hora de la expulsión, y se haría notar con la presencia de muchos
conversos entre sus miembros. Facilidad que, con el transcurso del siglo
XVI, se iría progresivamente cerrando. Así hasta llegar a un momento en
que, salvo casos excepcionales, quedara plenamente conformada la socie-
dad en torno a esa peregrina distinción entre cristianos viejos y nuevos.
Distinción no formal que coincidía con aquella que dividía la misma so-
ciedad entre los nobles y privilegiados y el pueblo llano, clasificación esta
última que sí sería plenamente reconocida por la propia administración y
los distintos habitantes del reino. Nobleza que era ejercida, manifestada
y plenamente reconocida por los vecinos de aquel que hiciera gala de la
misma, bien fuera por tradición histórica más o menos clara y lejana, o
por privilegio concedido y vendido por la siempre exhausta monarquía
española.
Con semejante exposición sólo quiero poner de manifiesto esa do-
ble dualidad social que distinguía a las personas en función de sus an-
tecedentes religiosos, y los puramente sociales. Situación que como nos
podremos imaginar era sentida entonces, de forma un tanto artificiosa,
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siguiendo una analogía que haría que el noble siempre fuera considera-
do cristiano viejo. Situación de inicio que al final daría lugar a un sin-
fín de paradojas, toda vez que no todos los nobles eran descendientes de
supuestos, y “puros” cristianos viejos, con los que la terrible “mancha”
estaba presente en su sangre. Estigma social que de vez en cuando sería
hábilmente recordado, con lo que suponía de vergüenza para el que reci-
biese ese oprobio.
Pero no debemos quedarnos solamente en esos casos. De hecho el in-
terés de este trabajo está en ver aquellos casos donde el supuesto estigma
no operaba con tanta fuerza. Y más en aquellos supuestos en que no sólo
el origen converso era plenamente conocido, sino que nunca era ocultado
ni enterrado. Síntoma de que, con gran seguridad, la sociedad no sentía
esa mancha con tanta fuerza como algunos hubiesen querido. Situación
que bien se puede comprender porque, en muchos casos, el estigma afec-
taría en mayor o menor grado a todos los vecinos de cualquier pueblo o
villa, con lo que recordar viejos antecedentes y desenterrar antepasados
no le interesaba a nadie.
Coyuntura que, con todo, no serviría para que de vez en cuando el
Santo Oficio hiciese gala de sus furibundos intentos de acabar con una
pretendida herejía. Institución que crearía toda una tupida red clientelar,
movida por el propio prestigio social que confería la pertenencia a ella,
pero también los cuantiosos ingresos que proporcionaban los secuestros
de los bienes de los conversos. Organización que, de todos modos, aca-
baría sintiendo en su propio interior la paradoja social comentada, hasta
el punto de que acabaría infiltrada por conversos. Pero ¿pudo ser de otro
modo? Pregunta cuya respuesta no hace más que ahondar en el profundo
carácter paradójico de esa limpieza de sangre. Situación más o menos
incómoda que nos sirve para conocer mucho de la sociedad de la época,
y que nos podía dar muchos motivos de risa y estupefacción, sino fuera
porque bajo su triste sombra miles de personas serían conducidas a la
muerte y la ignominia.
Centrada la investigación el objeto de la misma es ofrecer algunos
ejemplos que nos sirvan para comprender el funcionamiento de esa cruel
paradoja. El hecho de centrar la misma en torno a la nobleza no va en un
intento de desacreditar a esta última, sino de tener su concepto en cuenta
para valorar el éxito de los conversos en obtener prestigio social, pero
también el reconocimiento por sus coetáneos. Y es que el triunfo social es
una constante humana en cualquier sociedad desarrollada, y entonces el
mismo se expresaba en torno al acceso a ese difícil y complejo concepto
de nobleza.
Los ejemplos de linajes nobles de conversos son muy conocidos, y han
sido muy analizados por los especialistas, en cuyas obras encontramos

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