Contribuciones en homenaje a d. Luis Zarraluqui Sánchez-Eznarriaga

Autor:Eva Holgado/José Manuel Aguilar Cuenca/Ignacio Paz-Ares
Páginas:11-54
 
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Glosario

A la atención del sr. Zarraluqui

Madrid, VII/08

Querido Luis:

Como ves por la carta adjunta que dirigí a todos los Amigos de la Asociación -en Noviembre/07- desde entonces hasta ahora te confieso que los he estado amablemente acosando, persiguiendo, para que enviaran la colaboración que les solicitaba. Me ha ayudado Claudia. Han transcurrido muchos meses y no he conseguido la aportación de algunos de los miembros (e incluso miembras) de esta Institución que hace tantos años creamos, los Amigos de la AEAFA, pero ya no espero más, pues la imprenta está impaciente y el retraso que llevamos es considerable.

Te debía este Homenaje que hoy tienes en las manos. Lo ideé hace mucho, cuando aún dirigía nuestra revista y al tiempo -últimos años- me ocupaba de la impresión de nuestro libro anual con esta casa, Dykinson, con la que me he entendido tan bien siempre. Te lo debía, repito, como creo que te lo deben todos aquellos que trabajan con esta materia tan difícil, tan agria, y tan pocas veces reconfortante, que venimos en llamar Derecho de Familia, pero muchos se resistirán a reconocértelo, ya sabes, esa enfermedad estúpida que en este país nuestro tiene tantos adeptos se lo impide, y que se llama envidia. Inevitable, como algunos de los Amigos que no he conseguido traer hasta aquí: unos porque no se habrán Page 12 enterado a pesar del esfuerzo desplegado -tengo que pensarlo así al ver algunas ausencias- otros habrán mirado para otro sitio -idem-. Quizás a algunos ya no les interesemos, o incluso han utilizado nuestra cercanía para subir algún escalón, vete a saber, estoy seguro de que no te importa mucho y que sí valoras a los que están, que son mayoría. como son mayoría los que aplaudimos tu gestión cuando cesaste. El resto es mediocridad, es decir, otra variante de la envidia.

Con mi abrazo leal.

JORGE A. MARFIL

Madrid, 28/XI/07

Estimado amigo/a:

Me dirijo a ti como Amigo de la Asociación Española de Abogados de Familia, y con respecto a tu posible colaboración en lo que sigue.

Como sabes, cada marzo publicamos un libro en la editorial Dykinson que recoge las ponencias de nuestras Jornadas del año anterios. Asi lo haremos en marzo próximo. Pero junto a las citadas, y en un volumen que pretendo sea un Homenaje a Luis Zarraluqui, quiero incluir unas páginas dirigidas a éste, escritas por todos los Amigos de la AEAFA, y que juntas constituirán una especie de prólogo al citado libro.

Se trata, en resumen, de rogarte que me hagas llegar uno o dos folios dedicados a Luis y/o a nuestra Asociación, con el fin de completar el citado volumen, y ello, si lo tienes a bien, antes del próximo 1 de Enero.

Gracias de antemano.

Con mi afecto,

Fdo.: JORGE A. MARFIL

Presidente en funciones

El principio de sensatez

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"... Sus hechos grandes y claros no cumple que los alabe, pues los vieron, ni quiero hacerlos caros pues el mundo, todo, sabe cuáles fueron."

Nunca te he agradecido bastante las especiales atenciones personales con que me has obsequiado ni la indudable influencia de tu trabajo en el mío. Permíteme que hoy te tutee, a lo que nunca antes me he atrevido, y no por la edad, sino por la honda y sincera admiración que te profeso.

Me sentí muy halagado, cómo no, cuando en 1999 la Asociación que presidías me distinguió como "amigo" suyo. La escultura que entonces me entregaste, símbolo de la familia unida, permanece en un lugar preferencial de mi casa, y lo mismo el diploma en que se documentó, pero en mi despacho; y ambos los exhibo con tremendo orgullo y satisfacción, especialmente por su procedencia, un colectivo, la abogacía, que sufre en sus carnes los demasiados frecuentes despropósitos de la judicatura.

Si tuviera que describir dos de las cualidades que más mella me han hecho en el trato, diría que tu buen talante y tu extraordinaria humanidad. Pero por lo que a mi respecta es a nivel profesional donde tu impronta es más vasta, y aquí entronco con la Copla de nuestro inmortal Jorge Manrique que Page 14 transcribo al principio. Cualquier inventario de tus valías no haría más que empequeñecerte, emborronar tu retrato. Todos las conocemos. A la vista está tu dedicación y tu vocación por el Derecho de Familia. La estela que vas dejando, materializada en un fecundo sinfín de obras, artículos, comentarios, intervenciones, congresos, ponencias y en la propia creación de la Asociación, ya ha hecho historia. Es un cimiento y un referente ineludible en que se asienta nuestro Derecho de Familia, a lo que no es ajeno que tu madurez coincida con el desgajamiento de esta rama especializada del organigrama judicial a raíz de la implantación en España del divorcio. Y no proviene de un jurista teórico, sino del práctico, de un abogado sumergido en el fragor de las contiendas judiciales, con los pies en la tierra, conocedor y ensamblador del derecho, las leyes y, sobre todo, de la realidad social cotidiana, unido a una encomiable facilidad para plantear y resolver las cuestiones jurídicas más abstrusas, como el Juez de los Cuentos de Canterbury, que "los asuntos más embrollados clarificaba y dejaba libre de carga". Tu perspectiva está impregnada de pasión crítica ante la natural insatisfacción que provoca el distanciamiento entre las realizaciones del Derecho y nuestros ideales de justicia.

De tu exorbitante historial, permíteme que me haga eco de una de tus expresiones habituales que, por su aparente obviedad, pasa desapercibida. Me llamó siempre la atención como distintivo de tu elevada inteligencia jurídica y tu impactante capacidad de síntesis (la brevedad es el alma del ingenio dijo Polonio en Hamlet). Me refiero al "principio de sensatez" que frecuentemente esgrimes para justificar alguna de tus tesis. Lo llamativo no es que mentes la sensatez, sino que la eleves a la categoría de principio, de máxima presente en cada momento relativo al derecho, tanto cuando se crea, como cuando se interpreta o aplica. La sensatez, pese a que no es más -ni menos- que sentido común, racionalidad, prudencia y lógica, cuán importante es en todo, pero más para quienes gestionamos o decidimos intereses ajenos. Y tu mérito es que, cooperando con el tiempo, colocas las cosas en su sitio, compendiando en tres palabras el alma, la esencia misma, del quehacer jurídico. Además, ese principio es también fiel reflejo de tu personalidad, que has hecho del sentido común el santo y seña de tu vida profesional (y seguramente también personal). Es lo que convierte el iuris sapiens que eres en un iuris prudens. Por ello, Luis, fuiste sin saberlo el inductor de que ese principio aparezca recogido en varias sentencias de la Audiencia Provincial de Murcia.

Mi querido amigo, la profesión de abogado, aunque se ame, no deja de ser fatigosa y quebrantadora. Cuando llegue el momento del cambio (que no Page 15 del salto), por favor, incorpórate al Tribunal Supremo (méritos no te faltan). Tu proyección y tu magisterio deben seguir más allá de este homenaje. Los jueces, los abogados, los ciudadanos y el Derecho de Familia necesitan hombres como tú que nos sugieran rumbos. Y entonces, cuando estés allí acuérdate de consagrar la sensatez como principio general del Derecho. Gracias.

ÁLVARO CASTAÑO PENALVA

Magistrado de la Audiencia Provincial de Murcia Page 17

Permitidme un cierto juego: si tuvierais que asociar a un objeto físico el concepto que tenéis de Luís Zarraluqui, ¿qué imagen acudiría a vuestra mente? Yo lo tengo muy claro. Para mí Luis se personifica en un puente. Un puente que acerca las dos orillas por las que circula un mismo río; dos orillas que se miran enfrentadas pero que los caminantes precisan recorren inevitablemente para llegar a sus destinos.

Jueces y Abogados se han mirado desde antaño con recelo sin comprender, en ocasiones, que para una justa administración de justicia son tan indispensables unos como otros.

La vorágine de reformas legislativas en el ámbito de familia y el incremento de la litigiosidad han determinado un escenario en el que las oportunidades para el encuentro se han ido reduciendo al mínimo.

Luis vio claro el camino: era imprescindible reunirnos y examinar, con camaradería de juristas, las posibles interpretaciones de las nuevas normas. Fruto de su esfuerzo y de su carisma personal y en coordinación con el CGPJ se desarrolló en Madrid en noviembre de 2003 el primer Encuentro de Jueces y Abogados de Familia para analizar la incidencia de la Ley de Enjuiciamiento Civil en los procesos de Familia.

Las conclusiones de este seminario no sólo pusieron de manifiesto ante la sociedad y los poderes públicos la necesidad de acometer ciertas reformas y dotar de recursos sociales a esta parcela jurisdiccional, sino que también sirvieron de instrumento a todos los intervinientes en estos procesos, unificando prácticas forenses y criterios de aplicación de la ley, facilitando en definitiva el trabajo de todos los operados jurídicos.

Luis fue el artífice de este proyecto, de este puente de unión entre ambas vertientes que sigue dando sus frutos y al que siguieron otros encuentros, haciendo de esta andadura un camino ya sin retorno. Page 18

Gracias Luis y déjame ofrecerte un humilde pensamiento de autor desconocido:"No juzgues tu día por cuanta cosecha lograste recoger, sino por cuanta semilla lograste sembrar".

MERCEDES CASO

Magistrado y Amiga de la Asociación Española de Abogados de Familia Page 19

Han pasado muchos años, sin embargo recuerdo entrañablemente la creación de los primeros Juzgados de Familia de Madrid, que, entre otras competencias, tenían la de la aplicación de la Ley 30/1981, de 7 de julio, conocida como "La Ley de Divorcio".

Fue el 1 de septiembre de 1981 y en el Edificio de los Juzgados de la Plaza de Castilla nos encontramos los cuatro primeros Jueces de Familia de Madrid: Miguel López-Muñiz, Ignacio Sierra, Pedro González Poveda y yo.

Aquel mes de septiembre, Jueces y Abogados comenzamos a llevar a la práctica el nuevo Texto legal.

No olvido que las dependencias de los...

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