La contratación de seguro a través de la banca

Autor:Carlos Vargas Vasserot
Cargo:Profesor Titular Derecho Mercantil. Universidad de Almería
Páginas:711-733
RESUMEN

En nuestro sistema financiero rige el sistema de especialidad y separación de las actividades financieras, lo que significa que las entidades de seguro hacen operaciones de seguro y las entidades de crédito, operaciones de crédito. De las muchas razones argumentadas para separar estos dos sectores financieros, destacan tres: la necesaria separación y dispersión de riesgos, la complejidad técnica de su ... (ver resumen completo)

 
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1. La banca-seguros

Con el término de origen francés banca-seguros se hace referencia a la distribución de seguros a través de entidades de crédito. La proximidad de la banca con sus clientes hace a este canal especialmente apto para la venta de seguros, al contar con una extensa red de sucursales y de agentes, una gran cartera de clientes y una imagen consolidada ante el público1. En el mercado asegurador español, como ocurre en el resto de países de la Unión Europea, este canal ocupa los primeros puestos en los ránquines de primas y de volumen de negocio en ramos tan importantes como son los seguros de vida y los seguros multirriesgos del hogar.

Son muchas las ventajas que ofrece la utilización por las aseguradoras del canal bancario para la venta de seguros. De un lado, se benefician del nombre comercial y de la credibilidad y confianza que ofrece el banco, que suelen ser generalmente mayores que las que ofrecen las aseguradoras. De otro lado, el cliente del banco suele tener una relación permanente con la entidad financiera y es más fácil la venta de seguros porque no es una persona ajena quien se los ofrece. Por otra parte, el banco dispone de una importante cartera de

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clientes y, lo que es muy importante, de datos precisos sobre su situación personal y profesional, que significan mayores posibilidades de éxito para la venta de los seguros que necesitan en cada momento. Pero la mera distribución de seguros a través de su red comercial no es el único aspecto de interés para el negocio bancario, ya que las entidades financieras desde hace unas décadas, conscientes de los potenciales márgenes de crecimiento del sector asegurador en nuestro país, de sus grandes sinergias para la distribución de seguros y, sobre todo, de la posibilidad de dar un servicio financiero global a sus clientes e incrementar la fidelidad de los mismos, desarrollan alianzas estratégicas con entidades aseguradoras o participan directamente en el negocio asegurador controlando o creando ad hoc entidades aseguradoras. La evolución reciente de nuestro sistema financiero muestra unas relaciones cada vez más estrechas entre la actividad aseguradora y la bancaria, como lo demuestra el hecho de que el capital de las principales Compañías aseguradoras pertenezca a entidades de crédito. Según los datos publicados por ICEA, con los datos de enero a marzo de 2011, el grupo asegurador que lidera el ranquin global del seguro directo por volumen de primas y cuota de mercado es MAPFRE, con una evidente relación con el sector bancario a través de varias filiales (MAPFRE CAJA MADRID VIDA, BANKINTER VIDA, CAIXA MANRESA, CAIXA TARRAGONA VIDA, etc.) y de las diez primeras aseguradoras, cinco son grupos íntimamente vinculados a la banca (GRUPO CAIXA, CASER, SANTANDER SEGUROS y AVIVA)2. Así, es evidente el creciente protagonismo de la banca en el mercado de seguros y una de las tendencias más importantes en el mercado financiero español es la integración de estos dos sectores, de manera que se puede calificar, aunque sin mucha precisión técnica, a determinados tipos de seguros como contratos bancarios y a la propia actividad aseguradora como actividad parabancaria.

Desde un punto de vista negativo se define la actividad parabancaria como aquélla que desarrollan las entidades de crédito, directamente o a través de filiales, próximas pero diferentes a las actividades típicas bancarias3. La cuestión está en precisar cuál es la relación que se exige con lo bancario para poder hablar de actividad parabancaria. Si consideramos que el elemento clave de la parabancariedad es la actividad de intermediación financiera, en la medida que esto es lo que hacen las aseguradoras en cuanto que captan y acumulan recur-sos financieros, siendo a la vez instrumentos canalizadores de ahorro y de inversión, podríamos integrar la actividad aseguradora en el marco de las actividades parabancarias4. De lo que no hay duda es que cada vez más los seguros

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son utilizados como productos accesorios, auxiliares y complementarios a los servicios bancarios y, si tomamos una noción subjetiva de los contratos bancarios como los estipulados profesionalmente por un banco u otro tipo de entidad de crédito, los seguros podrían ser calificados como tales.

Pero los seguros no son concluidos propiamente por la entidad de crédito, que sólo puede intermediar en la operación. Como ocurre con otros servicios financieros, el ejercicio de la actividad aseguradora se ha querido reservar a un tipo especial de empresas que son las entidades de seguros, a las que las entidades de crédito tienen que acudir para concertar los seguros que quieran estipular sus clientes. Por tanto, la separación y coordinación de la actividad bancaria y aseguradora y el régimen de la intermediación y distribución de los seguros por entidades de créditos son aspectos fundamentales en las relaciones banca-seguro que deben ser estudiados como paso previo al análisis de algunas de las cuestiones contractuales que plantean los seguros contratados en el marco de la actividad bancaria.

2. Separación y coordinación entre entidades financieras y entidades aseguradoras

En nuestro sistema financiero rige el sistema de especialidad y separación de las actividades financieras, lo que significa que las entidades de seguro hacen operaciones de seguro y las entidades de crédito, operaciones de crédito. De las muchas razones argumentadas para separar estos dos sectores financieros, destacan tres: la necesaria separación y dispersión de riesgos, la complejidad técnica de su explotación y la protección de los consumidores5. Se dice que la banca, al disponer de un mercado propio relacionado con sus opera-ciones activas, estaría en condiciones de ejercer un cierto oligopolio en el mercado de determinados productos ligados a la actividad bancaria y presión sobre las tarifas. También se mantiene la necesidad de separar ambas actividades para evitar la posible confusión para los consumidores, que pueden en deter-minados casos no saber qué tipo de producto financiero están contratando. De estos peligros es consciente el legislador y, por eso, se intenta separar la actividad bancaria y la aseguradora y se toman ciertas precauciones cuando el seguro se contrata a través de una entidad de crédito.

Como decimos, una de las bases de la ordenación del seguro privado es la especialización y profesionalidad de la actividad aseguradora, exigiéndose que

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las entidades aseguradoras desarrollen esta actividad de manera exclusiva y excluyente [art. 7 Ley de Ordenación y Supervisión de los Seguros Privados (LOSSP) (Texto Refundido aprobado por el Real Decreto Legislativo 6/2004)]. Las aseguradoras sólo podrán realizar actividades de seguro directo de vida, de seguro directo distinto del seguro de vida y de reaseguro; operaciones de capitalización basadas en técnica actuarial y que consistan en obtener compromisos determinados en cuanto a su división y a su importe a cambio de desembolsos únicos o periódicos previamente fijados; operaciones preparatorias o complementarias de las del seguro o capitalización que practiquen en su función canalizadora del ahorro y la inversión; y actividades de prevención de daños vinculadas a la actividad aseguradora [cfr. arts. 5.2, letra b) y 11.1, que remite al art. 3.1 LOSSP]. Por otra parte, el legislador separa la explotación de ambas modalidades de seguros con la idea de dispersión de riesgos y consciente de las diferencias técnicas entres los seguros de vida y no vida. Así, se establece que el objeto social de las entidades aseguradoras que pretendan operar en cualquier modalidad del ramo de vida será únicamente la realización de operaciones de dicho ramo y la cobertura de riesgos complementarios a él (con excepción de los ramos de accidentes y enfermedad en los que también pueden actuar); y, en el mismo sentido, el objeto social de las entidades aseguradoras que pretenden operar en cualquiera de los ramos del seguro distinto del de vida, no podrá comprender la realización de operaciones del ramo de vida (art. 11. 1 y 2 LOSSP).

De la misma manera, y por parecidas razones, el ejercicio de la actividad bancaria se reserva a las entidades de crédito (bancos, cajas de ahorro, cooperativas de crédito, establecimientos financieros de crédito...), cuyo objeto social tiene que estar limitado a las actividades propias de estas entidades. De acuerdo con lo dispuesto en el artículo 1.º del Real Decreto Legislativo 1298/1986, en la redacción introducida por el artículo 21 de la Ley 44/2002, de Medidas de Reforma del Sistema Financiero, se entiende por entidad de crédito, toda empresa que tenga como actividad típica y habitual «recibir fondos del público en forma de depósito, préstamo, cesión temporal de activos financieros u otras análogas que lleven aparejada la obligación de su restitución, aplicándolos por cuenta propia a la concesión de crédito u operaciones de análoga naturaleza» o «que emita medios de pago en forma de dinero electrónico». Que los seguros sólo puedan explotarlos las entidades aseguradoras y que las entidades de crédito sólo puedan dedicarse a sus actividades propias supone una doble limitación para el ejercicio de la actividad aseguradora por los bancos. Si las entidades de crédito quieren entrar en el mercado del seguro, no lo pueden hacer directamente sino que tendrán que hacerlo a través de su participación en una o varias entidades aseguradoras, algo absolutamente generalizado en nuestro sistema financiero actual. Esto nos obliga a...

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