Consideraciones respecto de la enseñanza y aprendizaje del oficio. La facultad de trabajo social de la universidad nacional de Entre Ríos, Argentina, frente a los desafíos de este milenio. Argentina

Autor:Susana Cazzaniga/María del Carmen Ludi/Rosana Pieruzzini
Páginas:31-69
RESUMEN

Las profesiones se conforman, tal como las entendemos hoy, al momento de la división socio técnica del trabajo en el marco de la emergencia de la sociedad industrial capitalista, una sociedad que demanda para su reproducción conocimientos especializados no sólo para la industria propiamente dicha sino también para el sector servicios que se va expandiendo. La confianza en la racionalidad científic... (ver resumen completo)

 
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1. - La facultad de trabajo social de la universidad nacional de Entre Ríos
a - Cuestiones generales de la formación profesional en el país

En Argentina la enseñanza de Trabajo Social da inicio hacia 1930, en el Museo Social Argentino, institución que por entonces funcionaba como anexo de la Universidad de Buenos Aires y que al poco tiempo vuelve a constituirse como organismo privado (Rodríguez citado en Alayón, 2007). Acompañando la instauración de un estado social se constata, durante las décadas de 1940 y 50, un incremento significativo de escuelas de Servicio Socialque se crean, mayoritariamente, en entidades provinciales de carácter terciario con orientación laica. La primera formación en escuelas confesionales data de 1940 y si bien con posterioridad se abrieron otras con esta tendencia, el crecimiento ha sido menor que el presentado por las escuelas seculares. Es en 1946 que la universidad incorpora una escuela de servicio social en ese ámbito dentro de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (Alayón, 2007); se trata de la que había sido organizada en 1941 por el Patronato de Liberados de la ciudad de Buenos Aires.7

Estas primeras fundaciones mapean las características que tendrá la formación del oficio en nuestro país y avanzado el siglo XXI aún se mantiene la heterogeneidad de los espacios académicos; la enseñanza al día de hoy se imparte en universidades e instituciones terciarias, tanto laicas como confesionales. Las primeras luchas emprendidas por el colectivo para que sea la universidad la que forme a las y los trabajadoras y trabajadores sociales, son parte de las reivindicaciones de los años 60 y 70 en pleno auge del Movimiento de Reconceptualización como estrategia de otorgamiento de mayor legitimación a la profesión.8 Sin embargo diferentes y complejos aspectos tales como intereses políticos y corporativos, desfinanciamiento universitario, situaciones regionales, entre otras, impidieron la tan ansiada unificación, una demanda que sigue vigente en las organizaciones que nuclean a las y los profesionales tanto las que corresponden al ámbito académico (FAUATS)9 como las que reúnen a las y los profesionales en ejercicio (FAAPSS).10 Según el estado de situación relevado por la FAUATS, actualizado a marzo 2017, se cuenta en el país con treinta instituciones académicas universitarias que imparten la enseñanza de Trabajo social, con una alta mayoría

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dictadas en las universidades públicas. Respecto de datos acerca de las instituciones terciarias no se cuenta con datos actualizados (Ver Anexo I).

Esta diversidad incide en la propia consolidación profesional ya que las instituciones terciarias tienen planes de estudios de cuatro años, de carácter teórico práctico y expiden títulos técnicos según la Ley de Enseñanza Superior vigente. En el país hemos tenido excelentes escuelas terciarias en particular por los años de 1950 y 60, que excedían con creces el nivel académico de varios de los estudios profesionales en el ámbito universitario, no obstante, en estos momentos las condiciones de funcionamiento, muy relacionada a los vaivenes políticos y la imposibilidad de llevar adelante actividades de investigación y pos grado entre otros aspectos, las coloca en un lugar secundarizado.

Por su parte la propia estructura universitaria ofrece otras dinámicas: la relación con diversos campos disciplinares, la incursión por las prácticas de investigación, extensión y postgrado, el ingreso de las y los docentes por concurso y una importante vida política en la que el autogobierno toma centralidad, son algunos de los tantos aspectos que dan cuenta de condiciones diferenciadas y propiciadoras de la calidad, rigurosidad y excelencia educativa. Sumado a esto es importante aclarar que la universidad es la única institución que otorga título de licenciado. Si bien desde varias universidades se imparten ciclos complementarios para que aquellas y aquellos profesionales que se formaron en el nivel no universitario puedan obtener su título de licenciadas y licenciados, en general el colectivo considera necesario lograr una respuesta sustantiva a esta situación que a ojos vista pasa por la unificación de la formación en las universidades.

Esta prioridad en la que coincidimos no nos debe impedir reconocer que también en el ámbito de las universidades aparecen disparidades en tanto la formación de los trabajadoras y trabajadores sociales se insertan en ellas en distintos niveles dentro de la estructura institucional marcando grandes diferencias respecto al presupuesto, infraestructura, equipamiento, recursos humanos, entre otras cosas (García Godoy, 2017). Todo empeño en consolidar y jerarquizar la formación de un campo profesional se realiza siempre en las condiciones institucionales, económicas y políticas de un momento determinado, con las que mantiene relaciones de interdependencia y que exige estrategias políticas que excede lo estrictamente académico.

b - Los planes de estudios

La actual presidenta de la FAUATS, expresa en un artículo sobre el tema:

"(que esta organización) desde su reorganización en el año 2003 viene discutiendo y abordando la temática de la jerarquización de la profesión a través de la formación profesional, reconociendo con preocupación la heterogeneidad curricular (...) que impactan en la perspectiva desde la cual se piensa, diseña e implementa la formación profesional... " (FAUATS, 2008-6)".

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Si bien como dice la profesora García Godoy, la organización que nuclea las unidades académicas de Trabajo Social ha bregado en forma ininterrumpida durante los últimos tres lustros por otorgar a la formación rigurosidad y calidad, las preocupaciones al respecto han acompañado la trayectoria histórica de la enseñanza y aprendizaje del oficio, aunque con diferente intensidad y pausas condicionadas en particular por los contextos. Nos referimos aquí a las inquietudes de conjunto o por lo menos encaradas por varias instituciones descontando que al interior de cada unidad académica los contenidos a impartir hayan sido motivo de discusiones más allá de la concepción hegemónica que circulara en las mismas.

Una mirada por la historia nos ayuda a decir que probablemente sea la llegada de la consultora de Naciones Unidas, la colega chilena Valentina Maidagán de Ugarte, hacia fines de la década de 1950 la que pone la discusión de la formación profesional sobre el tapete en forma pública involucrando a diversas escuelas. En efecto, en 1957 el gobierno argentino solicita a la "...Administración de Asistencia Técnica de las Naciones Unidas una misión de asesoramiento técnico sobre la enseñanza de Servicio Social" (Alayón, 2007: 159) que consistió en un análisis de los planes de estudio de las escuelas vigentes en esos momentos, para su reorganización en base a los lineamientos internacionales al respecto. Durante la segunda postguerra los reacomodamientos mundiales y particularmente los impulsados por el bloque occidental, también reconocieron en Trabajo Social una profesión que podía colaborar con la consolidación de sus intereses imperialistas. Para ello era necesario el aggiornamiento de la formación académica en clave modernizadora, con una fuerte tendencia tecnocrática imbuida del funcionalismo de la época.

El estudio encomendado culmina con un diagnóstico en el que sobresalen las críticas a una gran cantidad de instituciones de formación por sus programas desactualizados. Pocas escuelas se mostraron receptivas a cambiar sus propuestas de enseñanza por lo que el Poder Ejecutivo central decidió crear un instituto de carácter nacional con un plan curricular de avanzada y cuya organización se delegó a Maidagán de Ugarte: el Instituto de Servicio Social dependiente del Ministerio de Asistencia Social y Salud Pública de la Nación que comienza a funcionar en 1959 (Alayón, 2007), más conocido como Instituto Bolívar.11

Más adelante, podemos identificar al período que se inicia a mediado de la década de 1960 como un segundo momento en el que aparece en forma colectiva la cuestión de la formación. Los colegas protagonistas del Movimiento de Reconceptualización son los que colocan esta preocupación y la Revista "Hoy en el Servicio Social" de la Editorial ECRO divulga la propuesta de un nuevo Plan de Estudios de la Escuela Universitaria de Servicio Social de la Universidad de la República Oriental del Uruguay en el Número 9 del año 1967 y varios ejemplares se destinan a amplios debates sobre el tema. A principios de los años setenta

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muchas escuelas se hacen eco y cambian sus currículos, renovaciones que son eliminadas durante la dictadura cívico militar que asoló Argentina entre 1976 y 1983.

Es con la vuelta a la democracia que se retoma esta discusión. En 1987, la reciente reorganizada FAUATS pone en agenda la cuestión de los planes de estudio realizando un diagnóstico de las instituciones asociadas. Paralelamente muchas unidades académicas inician los procesos conducentes a la elaboración de currículos que puedan dar respuesta a las problemáticas sociales del momento con...

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