Conclusión

Autor:Cass R. Sunstein
Páginas:229-235
 
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La constitución del estado regulador y su reforma

El Estado regulador federal, que se originó en el New Deal y culminó con la revolución en los derechos de las décadas de 1960 y 1970, ha renovado la estructura constitucional de los Estados Unidos. Con el rechazo de las líneas fundamentales del common law para distinguir entre la neutralidad y la parcialidad, o la actuación y la falta de ella, un orden social basado en el common law ya no parecía una disposición natural o fruto del azar, sino que en ocasiones constituía una serie de decisiones colectivas ineficaces e injustas. La última consecuencia de este cambio de percepción ha sido una transformación de los compromisos constitucionales originales para con el sistema de separación de poderes, el federalismo y los derechos individuales.

La transformación incluyó en particular el aumento de un aparato burocrático enorme y una presidencia reforzada drásticamente. Ambos alteraron significativamente el sistema original de gobierno tripartito: los poderes gubernamentales legislativo, ejecutivo y judicial se concentraron frecuentemente en instituciones individuales; poderes pensados originariamente para estar dentro del dominio de los estados llegaron a ser ejercidos por el Gobierno federal; y los derechos individuales pasaron a incluir no solo la libertad y la propiedad tradicionales, sino también la no discriminación, el aire y el agua limpios, una «red

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de seguridad social» y la eliminación de riesgos excesivos en el lugar de trabajo, en los bienes de consumo y en otros ámbitos.

A pesar de estos avances, el problema de la legislación reguladora todavía no se ha incorporado a la cultura de la ciencia política moderna y del derecho público. Durante demasiado tiempo las leyes reguladoras han sido abordadas como una masa indiferenciada, o como una mezcolanza de rechazos ad hoc sin escrúpulos de los principios fundamentales de la propiedad privada y la libertad de contratación. Este punto de vista, omnipresente incluso hoy en día, tiene sus raíces en los primeros tiempos de la hostilidad legal para con la regulación, cuando estas leyes fueron tratadas como elementos perturbadores en el sistema cuidadosamente elaborado del common law. Después de más de medio siglo de experiencia, sin embargo, es posible ajustar la regulación social y económica a un marco que tenga en cuenta las funciones características de la ley en las de-mocracias liberales contemporáneas.

Entendido en términos de estas funciones, el sistema regulador moderno es superior no solo a las alternativas más altamente colectivistas, sino también a su predecesor, el common law. Los numerosos ataques contra el Estado regulador han sido demasiado burdos, ya pretendan basarse en principios o en los hechos. Desde luego, los principios básicos del bienestar y la autonomía son argumentos poderosos en favor del respeto hacia las interacciones y los acuerdos voluntarios. Sin embargo, un sistema basado exclusivamente en la regulación privada y en los mercados privados no es deseable a la vista de los múltiples fallos de los mercados, de la existencia de aspiraciones públicas, de la injusticia de la distribución actual de la riqueza, y del papel inevitable de la ley, incluso en un sistema de ordenamiento privado, en la asignación de los derechos y de la riqueza y en la configuración del contenido de las propias preferencias. En muchos contextos, la regulación que al aparecer anula la elección privada es en realidad un medio para facilitarla a la luz de los problemas de acción colectiva y de coordinación. La regulación también puede reivindicar las aspiraciones democráticas y los fines altruistas, o las contrapreferencias que se han adaptado a la falta de información y de oportunidades, a los patrones de consumo existentes o las condiciones previas injustas. En todos estos ámbitos, las consideraciones de autonomía y bienestar argumentan a favor de los controles reguladores.

Si la...

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