La cohesión social: ¿paradigma o herramienta para el desarrollo de América Latina y el Caribe?

Autor:Inmaculada Zamora; Ignacio Soleto
Cargo:Directora Adjunta del Área de Cohesión Social de la Fundación Internacional y para Iberoamérica de Administración y Políticas Públicas (FIIAPP)/Jefe del Área de Cohesión Social de la Fundación Internacional y para Iberoamérica de Administración y Políticas Públicas (FIIAPP)
Páginas:33-41
RESUMEN

Desarrollo humano. Enfoque de derechos. Ciudadanía. Cohesión social. ¿Paradigma o herramienta?: principio orientador.

 
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“Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asimismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad.”

Declaración Universal de los Derechos Humanos (artículo 25)

Una reflexión sobre la cohesión social como paradigma y herramienta para el desarrollo de América Latina exige revisar previamente otros enfoques de desarrollo, como el desarrollo humano, el enfoque de derechos y el concepto de ciudadanía.

Desarrollo humano

Afortunadamente, desde hace ya años, hablar de desarrollo es hablar de desarrollo humano, dejando atrás las viejas visiones economicistas que durante lustros monopolizaron los debates políticos y académicos sobre el desarrollo y el subdesarrollo.

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En los años sesenta del siglo pasado, se entendía que el subdesarrollo de América Latina estaba causado por la escasez de capital que padecían los países de la región. Para avanzar a estadios más altos de desarrollo había que impulsar el crecimiento mediante la creación de infraestructuras y de capacidades en el sector público para gestionar las instituciones encargadas de planificar el crecimiento económico. Es también la época de la industrialización por sustitución de importaciones, de la creación de grandes empresas públicas y de la apuesta por la integración económica regional.

Desde los años setenta hasta mediados de los ochenta —y ante los pocos avances que se habían producido en materia de lucha contra la pobreza y las desigualdades, la captura del Estado por determinados grupos de interés, las ineficiencias causadas por una mala gestión y el sobredimensionamiento del sector público productivo—, toma el relevo una visión neoliberal del desarrollo, que apuesta por las reformas económicas y los programas de ajuste estructural, por la privatización y desregulación de los mercados, la desnacionalización de las empresas públicas y la liberalización de los intercambios comerciales internacionales: el Consenso de Washington.

Ante el nuevo fracaso de este recetario, a partir de finales de los ochenta y de principios de los noventa, se empieza a reconocer que para que los mercados funcionen es necesario que haya instituciones eficaces y políticas públicas que los regulen y que para ello es necesario fortalecer estas instituciones. Asimismo, frente al centralismo planificador de etapas anteriores, hay voces que empiezan a defender el pluralismo político, la participación de los diferentes implicados en las políticas de desarrollo y la descentralización. La idea de desarrollo también empieza a ir acompañada de dimensiones a las que la visión excesivamente economicista de etapas anteriores no había prestado suficiente atención, como la importancia para el desarrollo de la igualdad entre hombres y mujeres, del desarrollo medioambiental sostenible, de la gobernanza democrática y la buena gestión de los asuntos públicos y, sobre todo, de la necesidad de poner a la lucha contra la pobreza en el centro de todas las actuaciones en desarrollo.

La visión tradicional equipara la pobreza a la carencia de ingresos o de bienes materiales. Sin embargo, a partir de propuestas de académicos como Amartya Sen, —luego acogidas e impulsadas por los Informes de Desarrollo Humano del PNUD—, se empieza a entender que la seña de identidad de la pobreza es la carencia de capacidades y opciones por la que transitan las personas que padecen situaciones de penuria. Esta segundaPage 35 interpretación toma fuerza porque se refiere a las causas de la pobreza y no sólo a sus consecuencias1.

Esta visión tendrá implicaciones importantes a la hora de concebir el desarrollo. Una concepción del desarrollo que ya no pone el énfasis exclusivamente en la transferencia de recursos financieros a los pobres, sino que apuesta por poner el acento fundamentalmente en el empoderamiento de la gente, es decir, en fortalecer su capacidad de controlar su propia vida.

Asimismo, esta concepción concibe a la pobreza de una manera multidimensional, al destacar que las dimensiones de la pobreza abarcan distintos aspectos de la capacidad humana:

• Económicas (renta, medios de vida, trabajo decente).

• Humanas (salud, educación).

• Políticas (derechos, poder, voz).

• Socioculturales (estatus, dignidad, identidad).

• Protección (inseguridad, riesgo, vulnerabilidad).

Dada la interrelación entre esta multiplicidad de dimensiones de la pobreza, se apuesta no sólo por la necesidad de producir crecimiento económico, sino porque éste responda a las necesidades de las personas excluidas. Un crecimiento que ha de ser inclusivo y en el que se garanticen el respeto y el cumplimiento de los derechos humanos, incluyendo los derechos económicos, sociales y culturales, sin discriminación alguna. Además, se enfatiza que la integración de la perspectiva de género es esencial para poder reducir la pobreza en todas sus dimensiones. Y que mantener la base de recursos naturales es fundamental para que la reducción de la pobreza sea duradera.

Se impone así una noción de desarrollo, la de desarrollo humano, que sitúa a las personas en el centro la acción pública, al definirse el desarrollo como el derecho de las personas, especialmente de las más excluidas, a acceder a bienes materiales, a ser incluidas y participar en la sociedad, a tener una identidad y a tener acceso a una vida de calidad en armonía con el medio ambiente.

El desarrollo humano se concibe entonces como un proceso de ampliación de las posibilidades de acción de todos los seres humanos, siendo su esencia posibilitar la ampliación de las capacidades humanas para que todas las personas puedan elegir libremente lo que desean ser y hacer. El desarrollo también pasaPage 3...

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