Las ordenanzas de la Cofradía de Mareantes de San Vicente de la Barquera: un ejemplo temprano de institución para la acción colectiva en la Costa Cantábrica en la Edad Media

Autor:Jesús Ángel Solórzano Telechea
Páginas:1029-1050
RESUMEN

I. Introducción: las cofradías medievales de gentes de la mar de la Costa Cantábrica II. Ordenanzas de la cofradía de mareantes de San Vicente de la villa de San Vicente de la Barquera

 
ÍNDICE
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I Introducción: las cofradías medievales de gentes de la mar de la costa cantábrica

Los estudios sobre las cofradías medievales de mareantes de la Costa Cantábrica son numerosos, en especial los referidos al litoral oriental. En efecto, las villas portuarias vascas son las que mayor atención han recibido por parte de la historiografía. En la década de los ochenta, destaca el trabajo de Juan Gracia Cárcamo sobre la Cofradía de Pescadores de Bermeo y sus ordenanzas; si bien el trabajo histórico más importante fue la tesis doctoral de Josu Erkoreka, titulada Análisis histórico-institucional de las Cofradías de Mareantes del País Vasco, publicada en 1991, obra en la que el autor analizó los precedentes, la génesis, el desarrollo y la estructura interna de estas instituciones en el País Vasco. Un par de años después, este mismo historiador publicó sendos análisis sobre las cofradías vascas, el primero dedicado a Portugalete y el segundo tuvo un gran interés, ya que estudiaba la influencia de los Rôles d’Oléron en la cons-

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titución de las cofradías en el ámbito atlántico2. También destacan los trabajos de Ana María Rivera Medina sobre las relaciones entre la monarquía y las cofradías vascas; de Soledad Tena García, sobre la composición interna de las cofradías de mareantes de la Marina de Castilla en la Baja Edad Media; de Beatriz Arízaga sobre la pesca en el País Vasco y de Ernesto García en torno a las cofradías de pescadores, mareantes y navegantes vascos en la Edad Media.

En Cantabria, se dispone de varios estudios sobre las cofradías medievales, entre los que destacan los pioneros trabajos de Francisco González Camino de 1931 en torno a las relaciones entre el Concejo de Santander y la Cofradía de Pescadores de San Martín de la Mar, al que le siguieron los de Maza Solano sobre el perdido archivo de la Cofradía de Santander, San Feliú sobre la Cofradía de San Martín de Laredo y Martínez Guitián sobre las de San Vicente de la Barquera y Santander3. Más recientes fueron los estudios de Casado Soto sobre la Cofradía de San Martín de Santander (1977), Margarita Serna Vallejo, Brígido Gabiola y Javier Ortiz Real sobre la Cofradía de San Martín de Laredo (2001), Jesús Ángel Solórzano Telechea sobre San Martín de Santander (2002), así como Garay Salazar y Ojeda San Miguel sobre la cofradía de San Andrés y San Pedro de Castro Urdiales (2003)4. Por su parte, las villas portuarias de Asturias

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son las que menos atención han recibido; así, hace ya varios años, se analizaron las de Luarca y Ribadesella5.

Historiografía más reciente viene calificando a las cofradías bajo la común denominación de «instituciones para la acción colectiva», que aparecen cuando un grupo de gente compromete recursos y esfuerzos para el conjunto, cuyo propósito consiste en superar los problemas a lo largo de un periodo de tiempo y para lo cual establecen una serie de normas con relación al acceso al grupo y al uso de recursos y servicios propios: las ordenanzas6.

Las cofradías de gentes de la mar tuvieron un gran desarrollo a lo largo de la costa cantábrica en los siglos XIv y xv7. Las más antiguas son las cántabras, seguidas de las vascas y las asturianas. Las cofradías de pescadores, mareantes, mercaderes y marineros, en general, regularon el oficio por medio de ordenanzas o códigos consuetudinarios. Las ordenanzas de las cofradías vinieron a solventar la falta de regulación de las actividades marítimas por parte de los concejos, ya que los fueros apenas contenían referencias a la actividad cotidiana de la pesca. Así, por ejemplo, ninguna villa portuaria del Cantábrico, salvo Deva8, redactó ordenanzas concejiles relacionadas con la regulación de las actividades marítimas hasta finales del siglo xv, de ahí que las cofradías de gentes de la mar fueran las instituciones más desarrolladas en las villas portuarias del Cantábrico.

En el caso concreto que atañe al presente estudio, la Cofradía de Pescadores y Mareantes de Señor San Vicente fue fundada el día 28 de mayo de 1330 en

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una reunión que concitó a casi sesenta vecinos, cuyos objetivos fundacionales consistían en la transformación de una pequeña ermita, llamada de San Vicente, en iglesia mayor; en la creación de una institución que auXIliase a sus integrantes en caso de enfermedad, muerte, vejez, invalidez, viudedad u orfandad; y, por último, la regulación de la labor pesquera y la seguridad en el mar9. Es decir, esta Cofradía de Mareantes nació con el propósito de solventar con rapidez los problemas que generaba la actividad en el mar10. Las ordenanzas, que se transcriben en este estudio, se encargaron de normalizar la actividad profesional de los hombres de la mar por medio de la regulación de diversos aspectos de la pesca en la mar. Por ejemplo, las de San Vicente de la Barquera establecieron que tanto para salir a pescar seguros en el caso de temporales, como para regresar, tenía que haber atalayeros pagados por la cofradía que avisara de los peligros11. Y es que el mar era de capital importancia para la subsistencia de los habitantes de las villas portuarias, ya que permitía trabajar y alimentarse a una gran parte de la población. El puerto daba vida a varias industrias (comercial, servicios, transporte, artesanal, constructora...) que se desarrollaron gracias a su actividad, directa o indirectamente, entre las que destaca la actividad pesquera.

Las cofradías de la costa cantábrica organizaron la vida laboral y cotidiana de la mayor parte de los vecinos de estas villas portuarias, ya que casi todos trabajaban en actividades relacionadas con el mar en una u otra manera. Así, las Cofradías de Pescadores y Mareantes encuadraban a la mayor parte de la población no privilegiada. En 1397, Enrique III confirmó a la Cofradía de San Vicente sus ordenanzas tras la petición realizada por Juan González de la Talaya, según la cual: «la mayor parte de los vezinos e moradores de la dicha villa son omes mareantes e usan con sus navíos de pescar en la mar e que con lo que ansy ganan pagan los mis pechos e derecho e proveen sus haziendas, los quales dezides que son confadres de la yglesia de San Viçeynte de esa dicha villa». Casi un siglo después, esta misma cofradía argumentaba de manera similar para reivindicar el cumplimiento de sus derechos y decía que de los ochocientos vecinos que había en la villa, setecientos pertenecían a ella12.

Asimismo, otro aspecto a destacar fue el papel desempeñado por las Cofradías de Pescadores y Mareantes en la consolidación de una identidad propia de la comunidad e pueblo. Junto con la búsqueda del bienestar material, las cofradías contribuyeron al bienestar espiritual de la comunidad y con ello, a reforzar los símbolos de identidad, por medio de unas prácticas religiosas y un santo patrón comunes. La cofradía se había erigido bajo la advocación de un santo patrón, en Laredo y Santander era San Martín; en Castro Urdiales, San Andrés y San Pedro, y en San Vicente de la Barquera, se trataba de San Vicente. Estas advocaciones referían los símbolos protectores de las villas más antiguos, que la cofradía portaba y cultivaba, lo que confería honorabilidad a todos los cofrades. De esta

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manera, la cofradía propagaba la devoción por el santo, al mismo tiempo que servía para reavivarla, encarnando el celo devocional de toda la comunidad urbana por este santo. El culto al santo patrón formaba parte de las actividades anuales de la cofradía. Por ejemplo, las ordenanzas de la Cofradía de San Martín de Laredo de 1570, que copiaban otras más antiguas y las ampliaban, establecían que los cofrades debían acudir con cirios encendidos a la iglesia parroquial, dedicada a San Martín, para escuchar la misa, la víspera del santo, el día del santo y al día siguiente, es decir, los días 10, 11 y 12 de noviembre; la multa establecida para el cofrade infractor era de medio real13. Asimismo, las cofradías organizaban las procesiones de las Pascuas, en la que se empleaba una cruz y dos cofrades portaban los cirios. Por otra parte, las cofradías ofrecían la posibilidad de disponer de un enterramiento digno, con sus misas cantadas y acompañado por el resto de cofrades. En los funerales, las cofradías encargaban las misas cantadas de réquiem y pagaban la cera de las velas, estando todos los cofrades obligados a asistir. De esta manera, las cofradías contribuyeron a combatir el miedo a un Más Allá terrible y, por lo tanto, al mantenimiento de la paz urbana. Con todas estas acciones y actividades, las cofradías estimularon la creación de una conciencia de la comunidad, favoreciendo el sentimiento colectivo de pertenencia y solidaridad, así como la toma de conciencia de su identidad.

II Ordenanzas de la Cofradía de Mareantes de San Vicente de la Villa de San Vicente de la Barquera

Las ordenanzas de la Cofradía de San Vicente han llegado hasta nosotros en una serie de traslados posteriores a su redacción. En primer lugar, se encuentran completas en la Sección del Registro General del Sello del Archivo General de Simancas, correspondiente a un traslado realizado el 13 de julio del año 1537 por Felipe Lorenzo, escribano y notario público del rey Carlos I. Igualmente, eXIste otro traslado en la Sección de Pleitos civiles, Fernando Alonso, caja 992/1 del Archivo de la Real Audiencia y Chancillería de Valladolid. Se cuenta con una tercera copia de las ordenanzas de la Cofradía, conservada en el Castillo del Rey de San Vicente de la Barquera en el Cuaderno de Ordenanzas de la Cofradía de San Vicente de la Barquera, que aún se halla inédito, de las cuales Antonio Sáñez Reguart publicó un extracto en el segundo volumen de su obra Diccionario histórico de las artes de la pesca nacional en 179114.

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