Los cárteles de las compañías de seguros marítimas barcelonesas en el siglo XIX

Autor:Mario Sala
Cargo:Actuario
Páginas:50-57
RESUMEN

Una vez terminado el periodo de las guerras de liberación de las colonias americanas, cuyos corsarios barrieron casi totalmente de los mares el comercio marítimo (...)

 
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Una vez terminado el periodo de las guerras de liberación de las colo-nias americanas, cuyos corsarios ba-rrieron casi totalmente de los mares el comer-cio marítimo, los comerciantes barceloneses volvieron a enviar barcos a las antiguas colonias. Este renacimiento de las actividades maríti-mas impulsó la creación de nuevas compañías de seguros especializadas en el comercio marí-timo. Entre 1838 y 1857 se crearon en Barcelo-na 16 compañías de seguros marítimos. Estas compañías se constituyeron bajo las normas del Código de Comercio de 1829 y de la Ley de Sociedades Anónimas de 1848, con capitales elevados y numerosos accionistas que desem-

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bolsaban solo una pequeña parte del capital social (alrededor del 10%).

Estas numerosas compañías podían cubrir holgada-mente todas las necesidades ase-guradoras de la plaza. La caída de las cotizaciones bursátiles en 1857 dejó la economía ca-talana bastante maltre-cha. Las compañías de se-guros suprimieron sus dividendos y la búsqueda de mayores in-gresos propició una competencia feroz entre ellas que degradó el nivel de las primas e inclu-so de las garantías (a pesar de que todas utiliza-ban el mismo tipo de póliza) hasta límites muy peligrosos. El cobro de los dividendos pasivos para cubrir las pérdidas se hizo cada vez más difícil, ya que muchos accionistas intenta-ron deshacerse de sus acciones y no hacer nuevos desembolsos. Los numerosos anuncios en la prensa reclamando el pago de dividendos pasivos lo demuestran.

El desánimo que reinaba entre los asegu-radores se refleja perfectamente en dos artícu-los de Juan Mañé y Flaquer publicados en el Diario de Barcelona en 1859. En el primero2, co-mentaba el estado del mercado asegurador barcelonés: enumeraba las reglas, establecidas por la práctica propia y ajena, que debían res-petarse en el establecimiento de las primas de los seguros marítimos, y se preguntaba: «¿Cum-plen todas estas condiciones al asegurar un buque nuestras compañías de seguros?» Como respuesta a su pregunta reproducía una carta que un pequeño grupo de directores de compañías, capitaneado por el de la Compañía Ibéri-ca, Jerónimo Ferrer, (que había creado una comisión para buscar una solu-ción a los proble-mas de los asegu-radores afectados por la competencia que reinaba en el merca-do), había enviado a los de-más directores, acompañada por un proyecto de convenio para su estudio. El proyecto preveía establecer un acuerdo entre todas las sociedades para que los seguros se hicieran según las condiciones exi-gidas por la ciencia y la experiencia. La carta, fechada el 20 de febrero de 1859, que transcri-bimos a continuación3, daba una descripción del lamentable estado del mercado asegurador:

Los premios que actualmente se cobran no pueden compensar los riesgos, porque, además de re-ducirse aquellos continuamente, han desaparecido por completo los recargos que antes se cobraban por inver-nada, por doblar los cabos de Hornos y Buena Espe-ranza, por cuarentena, por riesgo de equinoccio y por escala. Además, en las condiciones de la póliza, no son menos graves las supresiones y modificaciones que se hacen generalmente, puesto que no se repara en su-primir artículos que excluyen ciertos riesgos en deter-minadas épocas, se suprimen las franquicias en mu-chos casos, se admiten los seguros por lotes sin aumento de premio y, finalmente, ninguna distinción se hace entre buques de 1ª, 2ª y 3ª clase; todos se aseguran a un mismo premio y bajo unas mismas condiciones.Y no está aún todo el mal en lo que aca-bamos de mencionar. Existe otro de más trascenden-

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tales consecuencias, cual es la facilidad con que, por efecto también de la ruinosa competencia que se promueve, se pagan los siniestros u averías

. El autor del artículo, Juan Mañé y Flaquer, no co-menta el proyecto de convenio, pero es muy fa-vorable al mismo. Concluye diciendo que «la empresa es dificultosa, no se nos oculta, pero al fin de ella están por recompensa el provecho y la gloria».

Esta carta describía un panorama de com-petencia más que feroz y una situación muy crítica del mercado. Nos extraña que, tanto en esta carta como en otros artículos anterio-res del mismo autor, no se comentase otro problema importante del...

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