Más cartas de don Claudio

Páginas:499-505
 
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Pido disculpas al Anuario y a sus lectores por entregar ahora un complemento a las Cartas de y a don Claudio, publicadas en estas páginas, tomo LXVIII, 1998, 547-568. Me interesa consignar que el anterior director, el llorado Tomás y Valiente, había ya aceptado su publicación, que el digno director actual reiteró. Ya indiqué que debían de quedar cartas traspapeladas. Pero éstas no. Se encontraban en un intento de archivo académico, es decir, el lugar donde primero debí acudir, y han saltado ahora, en una revisión casual, antes de destruirlo. Son, si me permite, las cartas más valiosas, y encuentro en ellas noticias y observaciones sustantivas acerca de su obra y en general, de la investigación histórica. Me sorprende encontrar que en la de 14-VII-1970 me reprende por mis veleidades periodísticas, a las que, por cierto, también él se entregó sobre todo en sus últimos años; él con brillantez y no sin importancia. Revela la gran autoridad que con todo derecho ejercía sobre mí. ¡Me hubiera fulminado, de saber que asimismo su alumno ejercía de poeta, entonces clandestino y después auxiliar! En lo que no estoy de acuerdo es en su opinión acerca del Maestro del Glosario, y le discutiré en la eternidad. También me interesa aclarar que en esta relación de amistad, tan dudosa siempre, por lo que yo prefiero ser lector, o leído, hubo un punto de quiebra, por haberme sentido yo herido, y que él se apresuró a restañar con bondad y generosidad, lo que se advierte en el tono más afectuoso que siguió. Aunque no me explicó por qué no me había mencionado si no estaba de acuerdo conmigo, cuando yo sostenía y ahora no hace falta sostenerlo, que la pretendida unidad (visi)goda (Lalinde, este AHDE 60, 1990, 655-690) era bastante superficial y consistía, nada menos, que en la monarquía (con la entrega de territorios ad regnandum), pero extremadamente autonómica en todo lo demás. El copiar estas cartas, a mi vez, letra a letra como él escribía con su hábito de transcribir documentos, ha sido un placer del que no me privarán, cualquiera que sea su destino. En efecto la calificación de «habeos cor-pus hispano godo», Concilio Toledano XII, procede de Félix Dahn, según me confirmó el eminente gotólogo Luis A. García Moreno, colaborador nuestro.

R. G.Page 500

12a

Buenos Aires, 6 de junio de 1963

(Hay un escudo)

Universidad de Buenos Aires

Facultad de Filosofía y Letras

Viamonte 430

Amigo Gibert:

Me han llegado sus dos notas sobre la Historia Institucional Visigoda. Quiero agradecerle las palabras amables que me consagra en la primera. La segunda me ha convencido de que he satisfecho una necesidad al publicar mi «Pervivencia y crisis de la tradición jurídica romana en la España goda», porque incluso usted, tan agudo y excelente conocedor de la historia jurídica española, se ha dejado seducir por las fantasías de Alvaro d'Ors y acepta su tesis. El Código de Eurico fue una ley para los godos inundada de romanis-mos, pero a la que llegó la tradición jurídica vernácula.

Le envié hace meses la separata de...

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