Las características de los inquilinos usuarios de viviendas sociales. Percepción del entorno y de la cohesión social

Autor:Octavio Vázquez Aguado/Fernando Relinque Medina
Páginas:99-120
RESUMEN

El artículo 47 de la Constitución española recoge el derecho a la vivienda, que establece que todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Este derecho se ha traducido en las promociones de viviendas sociales. Además de su importancia política, las viviendas sociales deben ser abordadas desde otras perspectivas u ópticas, tales como la científica, la... (ver resumen completo)

 
ÍNDICE
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1. Introducción

Las políticas en materia de vivienda cuentan con una dilatada trayectoria histórica en el marco normativo europeo, si bien cada país ha desarrollado una normativa propia en función de su evolución socio-histórica y de sus recursos económicos (Eurofound, 2014). En el caso de España, el derecho a la vivienda se recoge en el artículo 47 de la Constitución, que establece que todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una vivienda digna y adecuada. Este derecho se ha traducido en las promociones de viviendas sociales, apareciendo en el paisaje de las ciudades españolas las denominadas barriadas sociales. No obstante, la crisis económica y financiera y el freno de los desarrollos urbanos en el contexto español a partir de 2007 ha conllevado una profunda reordenación normativa y legislativa relativa a la vivienda social.

En paralelo y desde la década de los noventa, el interés por las políticas y los entornos sociales ha aumentado considerablemente (Arenas, Hidalgo, y Menéndez, 2009), dado que las características de los vecindarios y de las comunidades donde las personas residen han mostrado ser importantes antecedentes de la salud física y mental (Gapen et al., 2011). En esta línea, Barnes, Katz, Korbi y O’Brien (2006) expresan que las características del entorno social están profundamente asociadas a los procesos y al clima existente de las unidades familiares. Los espacios sociales correctamente diseñados y con un mantenimiento adecuado favorecen la inclusión social y el civismo, además de contribuir a la cohesión social y a la satisfacción residencial. Por el contrario, el espacio de mala calidad (p.ej. con barreras arquitectónicas, ruido, suciedad, etc.) aumenta las probabilidades de aparición de comportamientos antisociales (p.ej. conflicto entre vecinos, desintegración del tejido social, etc.) (Vargas y Merino, 2012).

El estudio de estos procesos cobra mayor relevancia en el caso de las viviendas del parque público o viviendas sociales. En la actualidad y dentro del Espacio Común Europeo, la vivienda social es un elemento de análisis por parte de la Unión Europea recogido en las recomendaciones y directrices vigentes, siendo reconocida su importante en el Libro Verde (Eurofound, 2014). Además de su importancia política, las viviendas sociales deben ser

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abordadas desde otras perspectivas u ópticas, tales como la científica, la profesional y la académica, que permitan su comprensión y estudio como fenómeno social. Los problemas sociales y de ordenación urbana emergentes, las vecindades segregadas y los conflictos urbanos han convertido el estudio de la vivienda social en una preocupación para los Estados miembros de la Unión Europea (Eurofound, 2014). Tal y como apuntan Antón, Cortes, Martínez y Navarrete (Antón, Cortés, Martínez, y Navarrete, 2008), no basta con la concesión de una vivienda a grupos con dificultades económicas: es necesario investigar los procesos comunitarios y sociales para aprovechar la mejora habitacional como una oportunidad para la integración y la cohesión social.

En el caso particular de España y de Andalucía, este tipo de vivienda está destinada a familias con menos recursos, que frecuentemente se encuentran más influidas por las características de sus vecindarios y que poseen menores oportunidades de buscar recursos fuera de su comunidad (Barnes et al., 2006; Coulton y Korbin, 2007). La calidad del vecindario donde transcurre el día a día de las familias condicione mayormente lo que ocurre dentro del hogar y en el bienestar de sus miembros, siendo uno de los indicadores de esta calidad la cohesión social de los barrios (Buckner, 1988): el sentimiento de comunidad, la atracción por el vecindario y la relación percibida entre los vecinos. Diversos estudios han observado cómo la percepción de las personas sobre su entorno afecta a la cohesión social, la cual posee un impacto significativo sobre la salud física y mental (Feldman y Steptoe, 2004; Gapen et al., 2011; Höfelmann, Diez-Rouz, Antunes, y Peres, 2013).

2. Características del vecindario y la comunidad

La literatura empírica ha mostrado que el entorno físico afecta al comportamiento de las personas, siendo el espacio público uno de los espacios más importantes donde ocurre la interacción personal (Blaut, 1999). Por ejemplo, la gente que se siente cómoda y segura en un determinada espacio volverá al mismo espacio y seguirá usándolo. Parece lógico que los espacios públicos diseñados correctamente y mantenidos adecuadamente promueven la inclusión social y el civismo, contribuyendo asimismo a la cohesión social y la satisfacción residencial. Por el contrario, espacios públicos de baja calidad (p.ej. deterioro del barrio, suciedad) facilitan la aparición de comportamientos antisociales (Vargas y Merino, 2012; Vargas y Merino, 2014).

En relación con los procesos asociados a la viviendas, las características de los vecindarios y de las comunidades donde las personas residen se han mostrado como importantes variables que afectan no solo a la salud física y mental (Gapen et al., 2011) sino también a otros elementos de la comunidad, como la cohesión social (Höfelmann et al., 2013). Investigadores y profesionales de diversas áreas (Trabajo Social, Sociología, Psicología, Epidemiología,

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etc.) destacan por igual la importancia del vecindario y la comunidad sobre la calidad de vida, la cohesión social y la salud de las personas, pero diferenciando los indicadores objetivos (p.ej. cifras de criminalidad, densidad de población, etc.) de las percepciones individuales del contexto (p.ej. sensación de seguridad, percepción de problemas sociales como la droga o la prostitución, etc.) (Gapen et al., 2011; Höfelmann et al., 2013; Wen, Hawkley, y Cacioppo, 2006).

Desde posiciones más deterministas, algunos autores asumen que la construcción de espacios públicos atractivos es suficiente para lograr una mejora en la actividad social y una mayor frecuencia de uso de los mismos (Vargas y Merino, 2012; Vargas y Merino, 2014). No obstante, frente a las medidas objetivas del entorno, diversos autores manifiestan que la percepción de los residentes del contexto en el que viven parece tener más peso que las características «objetivas» del mismo (Ellaway, MacIntyre, y Kearns, 2001; Gapen et al., 2011; Höfelmann et al., 2013; Ross y Miroskwy, 2001). Factores como la participación social, el nivel de percepción de inseguridad o las acciones sociales en el espacio público favorecerían la cohesión social, la adopción de comportamientos sociales deseables (p.ej. civismo, inclusión social) y la reducción de la criminalidad y la violencia (Fergunson y Mindel, 207).

La revisión de la literatura confirma que ciertas características del entorno, como la percepción de problemas sociales o el acceso a los recursos de la zona, afectan a la calidad de la vida social y la cohesión social (Cantillon, 2006; Gracia y Herrero, 2006). Gracia y Herrero (2006) indican que una peor calidad del vecindario se asocia con menores niveles de cohesión social percibida. Las condiciones negativas en la comunidad impediría crear y acceder a los recursos de apoyo que se generan en la interacción cotidiana en una comunidad, con lo que ello conlleva en términos de ajuste y bienestar.

Por otro lado, diversos autores han observado que la estabilidad residencial (relacionada con el tiempo de residencia en un barrio determinado) se asocia de forma positiva con el sentido de pertenencia a la barriada (Brown, Perkins, y Brown, 2003). Ello se relacionaría con el contacto e interacciones con los vecinos, mediante el intercambio de información (p.ej., consejos sobre la crianza de los hijos, oportunidades de trabajo, etc.) y favores, generando niveles de confianza y aumentando así la cohesión social.

3. Cohesión social
3.1. Aproximación al concepto de cohesión social

El fenómeno de la cohesión social aparece en la actualidad con mucha fuerza en la agenda política de regiones y países, si bien diferentes actores tienen distintas ideas sobre lo que significa este concepto. La cohesión social

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se ha utilizando para referirse a los problemas generales de pobreza, desigualdad, exclusión social o gobernabilidad, entre otros, lo que ha generado cierta confusión sobre su concepto (Hopenhayn, 2007). Por ejemplo, la Estrategia del Consejo Europeo hace referencia a la cohesión social como la capacidad de una sociedad para asegurar el bienestar de todos sus miembros, minimizar las disparidades y evitar la polarización. Es más, el propio Consejo establece como sociedad cohesionada aquella comunidad de apoyo mutuo compuesta por individuos libres, que persiguen objetivos por medios democráticos y con un sentido de pertenencia y de compromiso compartidos (CDCS, 2004).

Recurriendo a la perspectiva de la sociología clásica, la cohesión social podría definirse como el grado de consenso de los miembros de un grupo social, en la percepción de pertenencia a un proyecto o situación común (Hopenhayn, 2007). En este sentido, la cohesión social se basa, más que en los mecanismos de integración social, en las percepciones de los individuos sobre su pertenencia. Del mismo modo, la percepción de cohesión se relaciona con la intensidad de las relaciones e interacciones sociales en un determinado contexto, donde deben darse una serie de normas de convivencia que faciliten las interacciones entre las personas (cohesión como antítesis de anomia). Según Tironi (2005), «sin...

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