La biomasa, una energía renovable que escala peldaños. A propósito del plan regional de ámbito sectorial de la bioenergía de Castilla y León

Autor:Eva Blasco Hedo
Cargo:Responsable de la Unidad de Investigación y Formación del Centro Internacional de Estudios de Derecho Ambiental (CIEDA-CIEMAT)
Páginas:10-19
 
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I - La biomasa en el marco de las energías renovables

Sol, viento, agua y biomasa son vocablos que últimamente escuchamos o leemos más de lo habitual cuando el tema principal que sacude la realidad es la energía. Y es que a consecuencia del embrollo energético que se ha generado a nivel internacional con el desastre del terremoto de Japón y el descalabro en la central de Fukushima, las energías renovables cobran de nuevo mayor protagonismo; si bien es cierto que la decantación por un tipo u otro de energía no debería dejarse a merced de simples decisiones políticas dependientes de que el viento sople de un lado u otro de la noticia mediata, sino más bien a la reflexión y prudencia.

Las cuatro palabras con las que hemos arrancado serán, según Naciones Unidas, las principales fuentes de energía en el mundo en 2050 y marcarán la hoja de ruta del sector energético mundial. O al menos eso es lo que espera el Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) según su último Informe Especial presentado por el grupo de trabajo sobre mitigación en la 33ª reunión de expertos científicos mundiales en cambio climático que tuvo lugar en Abu Dabi entre los días 10 y 13 de mayo de 2011. La conclusión a la que llegan los expertos es que con las políticas adecuadas, se podría cubrir el 77% de la demanda en 2050 con energía procedente de fuentes renovables, si bien el profesor Ottmar Edenhofer, copresidente del Grupo de Trabajo III señaló que aunque las posibilidades no se ponen en cuestión, "hay importantes retos técnicos y políticos" así como la necesidad de contar con unas políticas firmes en el ámbito climático y energético.

Una de las tecnologías examinadas por el Panel ha sido la Bioenergía, y en particular, los cultivos energéticos; residuos forestales, agrarios y pecuarios, y los denominados "biocombustibles de segunda generación ". Según la ONU, las fuentes renovables cubrieron el 12,9% de la demanda global de energía en 2008, siendo la biomasa la más importante (10,2%), seguida por la hidráulica (2,3%), la eólica (0,2%), geotérmica y solar (0,1%).1

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Ni que decir tiene que la biomasa ha sido la energía más importante durante la historia de la humanidad y en la actualidad constituye una parte fundamental del consumo mundial de energía, especialmente en los países en vía de desarrollo. Desde el uso más rudimentario a través de la leña extraída de los bosques o para abastecimiento de la industria, lo cierto es que han sido los avances tecnológicos los que han permitido el desarrollo de procesos más eficientes para la conversión de la biomasa en energía.

A nivel europeo, aunque la energía era ya una cuestión fundamental cuando se firmaron los Tratados CECA en 1952 y Euratom en 1967, al igual que las negociaciones que condujeron al Tratado de Roma, lo cierto es que la política de la UE en materia de energías renovables es bastante reciente, ya que se inició con la adopción del Libro Blanco de 1997.2Como colofón, el Tratado de Lisboa contiene un nuevo artículo 194 que establece las competencias de la Unión respecto de la política energética, que tendrá como objetivo, entre otros, el desarrollo de energías nuevas y renovables.

En nuestros días, el problema de la seguridad energética se ha convertido en un factor decisivo de la seguridad nacional y el desarrollo económico. En tal sentido, la Unión Europea se ha fijado una serie de objetivos sobre energías renovables exigentes y totalmente vinculantes, no meramente indicativos como ocurría hasta el año 2008,3que deberán alcanzarse en 2020. Al mismo tiempo, ha reorientado su política en materia de infraestructuras energéticas4, adoptando medidas que contribuyan a paliar la crisis económica y financiera de nuestro entorno, tal y como también se prevé en la Estrategia Energética 2020 de la Comisión5.

El objetivo vinculante se contempló en la Directiva 2009/28/CE del Parlamento Europeo y del Consejo de 23 de abril de 2009 relativa al fomento del uso de energía procedente de fuentes renovables, entre las que se encuentra la biomasa.

Se define en su artículo 2º como la fracción biodegradable de los productos, desechos y residuos de origen biológico procedentes de actividades agrarias (incluidas las sustancias de origen vegetal y origen animal), de la silvicultura y de las industrias conexas, incluidas la pesca y la acuicultura, así como la fracción biodegradable de los residuos industriales y municipales.

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La única diferencia con la definición de la Directiva 2001/77/CE, derogada por la anterior, es la modificación del término "agricultura" por "actividades agrarias" y haber añadido como industrias conexas la pesca y la acuicultura.

Si bien no es el momento de desmenuzar el concepto de biomasa y los términos que se incluyen en él, lo cierto es que algunos de los problemas que limitan el crecimiento de este tipo de energía están relacionados precisamente con la necesidad de barajar una definición más clara y armonizada de los términos que integran su concepto. El profesor Martín Mateo entiende como energía de la biomasa "la de origen solar convertida a través de la fotosíntesis, en energía química almacenada en distintos cuerpos orgánicos. Abarcaría, en principio todo lo que siendo o habiendo sido contemporáneamente materia viva vegetal, es reconducible mediante un proceso de recuperación adecuado, al incremento de nuestras disponibilidades energéticas ".6

Se debe poner de relieve que la fijación de la energía solar por las plantas verdes es la única fuente renovable que se almacena automáticamente, lo que la distingue de la energía solar directa, la eólica u otras que han de concentrarse y almacenarse artificialmente, a menudo con dificultad. De esta manera, la materia orgánica constituye energía solar almacenada.7

De ahí que cuando la biomasa se quema, no supone una emisión extra de carbono a la atmósfera porque ha sido extraído previamente de la misma, gracias a la fotosíntesis.

Tal y como hemos apuntado anteriormente, el término biomasa es muy amplio y agrupa residuos forestales (procedentes de la limpieza del bosque y de la industria maderera), residuos agrícolas (paja, residuos de almazaras, de los invernaderos, de las podas), residuos ganaderos y cultivos energéticos (destinados a la producción de biomasa energética en cantidades significativas como el cardo, el chopo y el eucalipto). De hecho, una de las clasificaciones más aceptadas sobre los tipos de biomasa es la que distingue entre: biomasa natural, residual seca, residual húmeda, cultivos energéticos y biocarburantes.8En definitiva, la biomasa tiene la ventaja de que no solo sirve para producir electricidad sino también biocarburantes, que pueden usarse como energía térmica o como combustible para el funcionamiento de calderas o máquinas.9

Aunque la biomasa es sin duda una energía renovable que debe contemplarse conjuntamente con las demás dentro de un contexto de política energética integrada, lo cierto es que ya en 2005, la Comisión, con el propósito de establecer un enfoque coordinado para la política en materia de biomasa, aprobó el Plan de Acción sobre la biomasa (COM/2005/0628final) con la finalidad de incrementar su uso en calefacción, electricidad y transporte. Pese a no ofrecer una definición de biomasa, se consideró como un elemento más para alcanzar los objetivos de política energética, aunque la propia Comisión hizo hincapié en que se trataba de un "elemento importante ", porque la biomasa

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representaba entonces cerca de la mitad de la energía renovable utilizada en la Unión Europea. Incluso el propio Parlamento Europeo, en su sesión plenaria de 28 de septiembre de 2005 adoptó una Resolución sobre "Fuentes de Energía Renovables en la Unión" en la que destacaba las múltiples ventajas que ofrecía la biomasa, en particular, unos costes relativamente bajos, una menor dependencia de las alteraciones climáticas a corto plazo, el fomento de las estructuras económicas regionales y la creación de fuentes de ingresos alternativas para los agricultores.

Sin embargo, el potencial de biomasa que la UE consignó en este Plan de Acción, calculando que para 2010 esta fuente podría contribuir a nuestras necesidades energéticas con 150 Mtep ha distado de cumplirse. Aún así, la Comisión insiste en señalar que la biomasa constituye la fuente de energía renovable más importante en términos absolutos, máxime cuando puede utilizarse para la producción de calor, de electricidad y de biocarburantes y se prevé que para 2020 constituirá dos tercios de la energía renovable total, entendida como consumo de energía primaria.10

Ya en el Considerando (19) de la Directiva 2009/28/CE se contempló la elaboración de planes de acción nacionales en materia de energía renovable que garantizasen la consecución de los objetivos nacionales globales obligatorios e incluyeran información sobre objetivos sectoriales, "teniendo presente al mismo tiempo que existen diferentes...

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