Bioética y drogas

Autor:Víctor Méndez Baiges
Cargo del Autor:Profesor de Filosofía del Derecho en la Facultad de Derecho y profesor del Master de Bioética y Derecho de la Universidad de Barcelona
Páginas:339-336
RESUMEN

Las cuestiones que se refieren a la relación de nuestra sociedad con las drogas son en la actualidad muy problemáticas. El llamado "problema de las drogas " tiene efectos económicos, sociales, sanitarios y políticos desmesurados. Al lado de los daños causados por el tráfico y el consumo de unas sustancias, un debate sobre la adecuación de su actual tratamiento jurídico recorre toda la cuestión.... (ver resumen completo)

 
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1. La perspectiva de la Bioética

La necesidad de un debate público multidisciplinar que incluya la participación de expertos de diferentes campos, médicos, biólogos, sociólogos, juristas, etc, así Page 340 como la de no expertos, a fin de encontrar las bases para una regulación jurídica adecuada a los avances de la Biotecnología es una de las consideraciones más básicas de la disciplina que se ha dado en llamar Bioética. Cuando el proyecto de Convenio para la protección de los derechos humanos y de la dignidad del ser humano con respecto a las aplicaciones de la Biología y la Medicina (Consejo de Europa, julio de 1994) señala a los estados, en su artículo 23, una obligación de velar "porque las cuestiones fundamentales planteadas por el desarrollo de la Biología y la Medicina sean debatidas públicamente de manera adecuada" lo que hace es prescribir legalmente a esos estados la práctica de una determinada secuencia de acción respecto a su actuación en relación con los avances científicos: primero, planteamiento de la cuestión, segundo, debate en torno a la cuestión y, tercero, legislación sobre la cuestión.

Lo que se intenta con la prescripción de esa secuencia y de ese debate es evitar que las actuaciones de los poderes públicos en las cuestiones ligadas al desarrollo de la ciencia estén dictadas por el miedo o el desconocimiento, dictadas por lo que podría llamarse "el complejo de Frankenstein" en honor del creador de uno de los primeros monstruos fuera de control. Lo que se pretende, por el contrario, presribiendo la obligatoriedad de un debate de esas característica es que se pueda dar a luz una legislación dictada por la racionalidad y el consenso. El desarrollo a lo largo del siglo XX de una compleja cuestión que se ha dado en llamar "problema de la droga", cuestión relacionada con ciertos avances previos de la química, y la promulgación en nuestro siglo de una numerosa legislación en torno a ella constituyen fenómenos claramente ligados a esa consideración bioética fundamental. Pues en lo que respecta al problema de las drogas la secuencia que forman el planteamiento, el debate y la legislación subsiguiente se halla en una situación muy particular. Y además parece que con respecto a ese problema se hayan cumplido todos los miedos y pesadillas que los avances científicos suscitan a la imaginación. Se diría que el monstruo de Frankenstein ha logrado efectivamente escaparse en este asunto de todo control por parte de sus creadores y que esto ha tenido efectos -sociales, sanitarios, políticos- devastadores. Es por ello por lo que la consideración sobre el desarrollo y la evolución de esta cuestión en nuestro siglo puede resultar muy instructiva1.

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Las características principales de la secuencia que forman el planteamiento, el debate y la legislación en lo que respecta al problema contemporáneo de las drogas son, a grandes lineas, las siguientes:

  1. La temprana aparición de problemas en torno a las drogas en nuestro siglo. Esto ha hecho que desde las primeras décadas del mismo se venga impulsando una amplia legislación nacional e internacional sobre la materia, a estas alturas ya francamente extensa, que constituye por ello uno de los más amplios y variados campos de experiencias contemporáneas en una materia relacionada con la regulación sobre la salud pública.

  2. La dureza y la amplitud de la regulación en materia de drogas. En efecto, la legislación promulgada en este siglo ha impuesto en general una prohibición drástica del uso de las drogas, o ha sometido este uso a un rígido control, lo que ha significado una reducción del principio de autonomía del sujeto en este tema tal como nunca antes se había producido.

  3. El crecimiento sostenido a lo largo del siglo del problema que causa el uso indebido de las drogas. Este fenómeno -que ha ido acompañado del crecimiento de la legislación en materia de drogas- ha acabado, también, provocando el incremento del debate sobre la cuestión (centrado hoy muchas veces en el dilema prohibiciónlegalización).

Este debate público, actualmente mucho mayor que en la época en que comenzó la prohibición, parece entonces encontrarse aquí desplazado de su lugar adecuado en la secuencia mencionada más arriba. Estas características de la cuestión de las drogas, junto con la gravedad de los efectos que su consumo y su tráfico producen actualmente en todo el mundo -efectos no sólo sanitarios, sino también sociales, económicos, políticos, etchacen de las drogas un caso en cierta medida ejemplar para el resto de las cuestiones que se plantean a la Bioética. La primera consideración que se hará aquí en torno a este problema será la más obvia: la de la definición de los productos que pueden ser calificados como drogas.

2. Drogas y definición
2.1. Dificultad de la definición

Cuando se habla del problema que generan las drogas, o de la droga como amenaza social, o de la conveniencia de considerar enfermos a los drogadictos, se Page 342 usa un concepto, el de droga, para referirse a algo del mundo, a un conjunto de objetos de éste: unas sustancias con unas características determinadas. Preguntar qué son las drogas es preguntar qué tipo de sustancias forman ese conjunto, cuáles son las características relevantes de esos productos que les permiten formar un grupo distinto del resto de productos y recibir, por ello, un trato aparte. La respuesta a esta cuestión no es fácil, y ha estado, y está todavía, sujeta a discusión. Puede decirse que, desde el punto de vista legal, ha llegado a constituirse una doctrina en torno a ese concepto de "droga", pero que esa doctrina presenta numerosos problemas. 2 Resulta revelador de esta dificultad la ambigua y variopinta denominación y clasificación de las drogas que realiza la legislación española relativa a esta materia. Sólo en la legislación vigente encontramos alusiones a "estupefacientes" -versión española del inglés "narcotic"- de los cuales en 1928 se proporcionó una primera lista a la que se han venido añadiendo productos con el paso del tiempo, referencias a "sustancias tóxicas" , a "sustancias psicotrópicas" -las cuales excluyen a los estupefacientes y disponen de una enumeración especial en listas- y referencias a "drogas nocivas", las cuales parecen interaccionar con todas las demás. 3

Igualmente vemos usada en el ordenamiento jurídico español la categoría de "sustancias que pueden producir drogodependencia" -en la ley 15/1988 de 11 de noviembre del parlamento vasco- e incluso la de "sustancias que pueden generar dependencia en Cataluña" , en la ley 20/1985 de 25 de julio del parlamento de Cataluña, ley que distingue asimismo entre "drogas institucionalizadas ", como el tabaco y el alcohol, y "drogas no institucionalizadas" como la heroína.

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De la dificultad de una clasificación con tantos grupos diferentes y cuya relación mutua no parece estar bien definida se deriva el que el artículo 368 del código penal se haya visto obligado a tipificar ciertas conductas por relación al amplio grupo de productos que forman las "drogas tóxicas, estupefacientes y sustancias psicotrópicas", artículo que a su vez introduce una nueva distinción entre esos productos, separando las "sustancias y productos que causen grave daño a la salud" de los demás, elevando así a rango normativo la distinción entre drogas "duras" y "blandas". Las ambigüedades de la situación actual de la legislación española sobre la materia son una muestra de las vacilaciones producidas en torno al concepto legal de droga. Pero, más que en una confusión o en un barroquismo peculiar achacables al legislador español, la causa de esa pluralidad de denominaciones ha de buscarse en otra parte. En realidad, la legislación española depende en este punto de una definición médico-legal de droga que le viene impuesta y que procede del derecho internacional.

2.2. La definición médico-legal del objeto droga

La construcción teórica del concepto legal de droga es un fenómeno que se ha producido en nuestro siglo. Una palabra de uso general en las lenguas europeas, la castellana "droga" y sus equivalentes, una determinada doctrina médica y un sistema de convenios internacionales es sobre lo que acaban reposando todas las legislaciones nacionales sobre la materia.

  1. La palabra. El término "droga" apareció en la mayor parte de las lenguas europeas en la Baja Edad Media. Su significado es muy extenso, "nombre genérico de ciertas sustancias minerales, vegetales y animales que se emplean en la medicina, la industria y en las bellas artes" dice el Diccionario de la Real Academia en su primera acepción. En un sentido amplio equivale también a medicamento. El origen del término es dudoso. Se discute si proviene de la palabra holandesa para " seco" o de la palabra céltica para "malo", que se habrían aplicado a las especias y a otras mercancías ultramarinas por su presentación o por su mal sabor.

  2. Una doctrina médica aceptada por la Organización Mundial de la Salud. Esta doctrina, recogida en los convenios y en las diversas legislaciones nacionales, considera "droga" a toda sustancia que, introducida en el organismo, puede modificar una o más funciones de éste y, además...

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