¿Su banco es "inteligente"?

RESUMEN

En una economía mundializada y muy competitiva, estar bien informado ofrece una auténtica ventaja competitiva. Los bancos también se han convencido, pero ¿cómo recoger, tratar, difundir y compartir esa preciada información? Precisamente de eso trata lo que hoy ya se conoce como inteligencia económica.

 
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En la era industrial, la utilización óptima de las máquinas diferenciaba a dos empresas. En la era de las redes y lo inmaterial, es la valorización del capital de informaciones y conocimientos lo que procura la principal ventaja competitiva. Y de ahí la proliferación de iniciativas en las empresas, cualquiera que sea su tamaño, para intentar gestionar ese capital.

Información como patrimonio colectivo

Algunos buscan con prioridad vigilar las turbulencias del entorno competitivo y crean células de vigilancia. Otros abordan la cuestión internamente, considerando que muchos de los datos ya están disponibles y que lo importante es compartirlos. Todas estas experiencias están en el corazón de la inteligencia económica, aunque algunos todavía no utilicen el vocablo. De hecho, no existe una sola fórmula: cada banco debe encontrar sus marcas según su propia cultura.

En cualquier caso, no es necesario caer en una excesiva rigidez, lo que puede restar dinámica: las redes informales de intercambios juegan un papel decisivo. Lo más importante es que los directivos estén convencidos de que la información forma parte del patrimonio colectivo y que animen a sus empleados a compartirla. Cada uno a su nivel debe tener ganas de implicarse en un proceso de aprendizaje colectivo. En los bancos centralizados, algo desconfiados, la inteligencia económica no es muy apreciada. Por el contrario, en los bancos ‘inteligentes’, que saben mezclar lo económico con lo social, la inteligencia económica cala más fácilmente.

Darse cuenta de las variaciones del entorno susceptibles de afectar a su actividad, recuperar informaciones sobre la competencia, detectar los saberes internos, es algo que no se improvisa. Por el contrario, exige una reflexión en profundidad de las estructuras, los procedimientos, las herramientas, y sobre todo un estado de ánimo.

La primera etapa consiste en definir, a cada nivel de la entidad, las informaciones realmente pertinentes. Es decir, establecer las prioridades estratégicas, Este ejercicio se hace más difícil actualmente, ya que existen multitud de informaciones disponibles. Una vez se ha franqueado esa etapa, los diferentes departamentos del banco pueden instalar sus radares: estructuras de vigilancia encargadas de recuperar los datos externos, analizarlos y transmitirlos a quien se deba. A menudo, en esta etapa comienza la puesta en marcha de la inteligencia económica, pero no se debe caer en la tentación de querer multiplicar las...

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