Avempace en las obras de santo Tomás de Aquino.

Autor:Guerrero, Rafael Ramón
 
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Resumen: Santo Tomás de Aquino siguió en muchas de sus obras la exigencia de Aristóteles de mostrar las diversas opiniones que se habían emitido acerca de una determinada cuestión. Aquí se quiere poner de manifiesto el conocimiento indirecto que santo Tomás tuvo de un filósofo andalusí, Avempace, a través de las citas que hizo Averroes, y cómo las doctrinas de Avempace le sirvieron, una vez refutadas o rechazadas, para confirmar su propia posición.

Palabras clave: Filosofía medieval, filosofía árabe, Tomás de Aquino, Avempace, Averroes.

Abstract: In many of his works, St Thomas Aquinas followed Aristotle's requirement of examiningdifferentopinionsaboutaspecific question. The aim of this article is to show: a) that Aquinas had indirect knowledge through Averroes about an Adalusian philosopher, Avempace; and b) that Avempace's doctrines, once refuted or rejected, were useful to St. Thomas Aquinas as a means of confirming his own position.

Keywords: Medieval Philosophy, Arabic Philosophy, Aquinas, Avempace, Averroes.

Avempace in the works of Thomas Aquinas

Por raro que pueda parecer, aún hoy se discute la influencia de las filosofías árabes y judías en la elaboración y desarrollo del pensamiento en el Occidente medieval. La investigación que numerosos y prestigiosos especialistas ha realizado durante casi los dos últimos siglos, con serios estudios y análisis de fuentes manuscritas y de textos impresos, es puesta en tela de juicio.

Un ejemplo de esta actitud se halla en una publicación que ha generado una polémica en la que se ven involucradas cuestiones científicas e ideológicas. Me refiero al libro Aristote au Mont Saint-Michel: Les racines grecques de l'Europe chrétienne (1), cuyo autor sostiene que Europa no debe nada al Islam, niega que los árabes hayan colaborado en la recuperación del saber griego, cree que la civilización islámica no fue capaz de asimilar la herencia griega y sugiere que fueron cristianos de oriente y de occidente quienes hicieron posible que Europa recuperase sus raíces griegas. Para él, el mundo islámico ha permanecido petrificado en el Corán, que le ha impedido evolucionar y acceder al espíritu científico:

Durante la Edad Media, dos civilizaciones se enfrentaron. Una combinaba la herencia griega y el mensaje de los Evangelios, el espíritu científico y el estar arraigado en una tradición religiosa cuyo fiador era la Iglesia. La otra era hija del Libro de Dios, del Libro increado. Estaba fundamentalmente amarrada a su eje central, el Corán: todo lo que tiene lugar en el tiempo sigue la matriz original de las azoras eternas (2). En el debate al que esta obra ha dado lugar han intervenido muchos estudiosos expertos en historia medieval, quienes han afirmado que la obra va a contracorriente de la investigación contemporánea (3). En efecto, no está de más recordar que la historia del pensamiento ya sabe de la comunicación que se suele establecer entre culturas diversas, en las que ideas y conceptos expresados en una de ellas son pronto conocidos, asimilados y transformados por otras. Este intercambio cultural se dio durante la Edad Media, cuando las tres grandes culturas conocidas en el entorno del Mediterráneo estuvieron en relación, principalmente en la Península Ibérica y en el sur de Italia. La propagación de conocimientos entre musulmanes, judíos y cristianos fue especialmente fructífera, no sólo para la filosofía sino también para la teología, la literatura y el pensamiento en general.

Las siguientes páginas tienen como objetivo mostrar la influencia que los filósofos árabes ejercieron sobre pensadores medievales, centrándose en poner de relieve el conocimiento indirecto a través de Averroes que santo Tomás de Aquino tuvo de un filósofo andalusí, Avempace, y cómo algunas de las doctrinas de éste le sirvieron para afianzar su propia posición doctrinal.

Las traducciones del árabe al latín, comenzadas a finales del siglo XI, pusieron a disposición de los europeos una gran cantidad de textos científicos y filosóficos, de manera que en el siglo XIII la presencia del pensamiento filosófico y científico árabe era ya muy amplia en muchos pensadores cristianos. Baste recordar a Roger Bacon (m. 1292) que exige conocer la lengua árabe, junto con la griega y la hebrea, por ser las lenguas en las que las fuentes del saber están escritas; a san Alberto Magno (m. 1280), quien quiso integrar todo el saber greco-árabe en una amplia y vasta enciclopedia; a santo Tomás de Aquino (m. 1274), que concibe su pensamiento en diálogo con Avicena y Averroes; o, en fin, a Duns Escoto (m. 1308), quien, por poner un ejemplo, en sus Quaestiones super libros Metaphysiconim Aristotelis (4) cita más de ciento treinta veces a Avicena y Averroes, sólo superados por la mención de Aristóteles (5). A estos dos autores árabes recurrieron desde Roberto Grosseteste hasta san Alberto Magno (6), santo Tomás de Aquino y Siger de Brabante, para leer el texto de la Metafísica de Aristóteles, exponiendo su lectura bien en forma de lectio, como en el caso de santo Tomás (7), bien per modum quaestionis, como en los casos de Siger y de Duns Escoto. Así, pues, la presencia e influencia de la ciencia y filosofía procedentes del mundo árabe fue enorme y determinante en la constitución del pensamiento filosófico y científico medieval a partir del siglo XIII, gracias al conocimiento de textos griegos y árabes a través de sus versiones latinas (8). Pero incluso autores no traducidos al latín llamaron la atención de los pensadores cristianos de Europa; sus opiniones y doctrinas fueron usadas por éstos incluso para reafirmar, al refutarlas, las ideas que ellos trataban de manifestar. Es el caso que se verá a continuación.

El conocimiento de las filosofías árabes y judías, el descubrimiento de un Aristóteles hasta entonces desconocido en el occidente latino y la incorporación y asimilación de algunas de las doctrinas de aquéllas y de éste suscitaron una nueva concepción de la vida y de la enseñanza más secular, frente a quienes aún pretendían mantenerla dentro de los estrictos límites de lo religioso. El pensamiento físico y metafísico de Aristóteles puso a disposición de los latinos el racionalismo y el naturalismo griego. En la lectura árabe del filósofo griego se daba especial relieve a las doctrinas de la necesidad y de la eternidad del universo, lo que implicó por un lado un rechazo de las mismas por parte de la tradición cristiana y por otro las diversas prohibiciones de la lectura de la obra aristotélica y de sus comentarios. A pesar de ello éstas continuaron siendo leídas, hasta el punto de que pronto Aristóteles llegó a ser muy conocido y poco a poco su presencia y, sobre todo, su doctrina fueron imponiéndose entre los maestros de las Universidades.

En la defensa de Aristóteles y en la aceptación y asimilación de sus principales puntos doctrinales jugó un papel clave la orden de los dominicos, con san Alberto Magno y santo Tomás de Aquino a su frente. Ambos intentaron eliminar de Aristóteles aquellas interpretaciones que hacían difícil su integración en el pensamiento cristiano y encontraron la síntesis entre éste y el filósofo griego, en especial santo Tomás.

San Alberto culminó la combinación del saber greco-árabe con la cultura latina. Comprendió la imposibilidad de detener el aristotelismo, de condenarlo o de refutarlo, y se propuso hacerlo inteligible a los latinos. Primero, recuperó el valor de las ciencias profanas y naturales frente a la teología. En segundo lugar, siguiendo las huellas de Averroes, adoptó el pensamiento de Aristóteles como maestro de esas ciencias. Con ello, señaló la existencia de dos ámbitos de conocimiento, cada uno de ellos con sus adecuados métodos y principios de conocimiento, autónomos e independientes en su propia realidad. No se oponen entre sí, pero no tienen nada que ver el uno con el otro en sus objetos y en su fin, como señala en su Metafísica:

Los asuntos teológicos no convienen con los físicos en los principios, porque se fundan en la revelación y en la inspiración, no en la razón, por lo que no podemos debatirlos en filosofía (9). Apoyándose en Aristóteles, Avicena y Averroes, afirmó la autonomía de la razón en su propio ámbito.

Su discípulo santo Tomás de Aquino supo integrar, en una síntesis cuya unidad y simplicidad parecen perfectas, los elementos procedentes de las distintas fuentes que nutrían el pensamiento del siglo XIII, cristianas, por una parte, y griegas, árabes y judías, por otra. El pensamiento filosófico y teológico de la Edad Media alcanzó con él uno de sus momentos más elevados al conseguir la plena madurez del encuentro entre el racionalismo y naturalismo griegos y el pensamiento cristiano. La rigurosa distinción entre fe y razón que estableció, matizada desde el punto de vista del método y de los contenidos, significó la definitiva reivindicación de la autonomía de la filosofía. Su primera formación filosófica la recibió al parecer en la Universidad de Nápoles, fundada por el emperador Federico II con ánimos de contrariar a la Iglesia (10). La enseñanza que en ella se impartía abarcaba desde la lectura de Aristóteles al conocimiento de la filosofía árabe y de la judía. Su maestro, Pedro de Hibernia, le habría iniciado en la filosofía natural hacia el año 1240. También en esta universidad trabajaron los traductores de Averroes, Miguel Escoto y el erudito judío, Jacob ben Anatoli. Su posterior contacto con la filosofía árabe y judía pudo obtenerla en su estancia en Colonia, con san Alberto Magno, quien ya se servía de los textos de Alkindi, Alfarabi, Avicena y Averroes, y de Avicebrón y Maimónides (11).

Fueron precisamente estos autores los que ejercen influencia en santo Tomás, unos de manera directa por la lectura que hizo de ellos, especialmente Avicena, Averroes, Avicebrón y Maimónides, y los otros de manera indirecta, a través de las citas que de ellos hacían Alberto Magno y Averroes (12). Como es usual en el mundo árabe y en el latino medieval europeo...

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