Artículo 164

Autor:Carlos Vázquez Iruzubieta
Cargo del Autor:Abogado
 
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Los padres tienen el derecho y el deber de administrar los bienes de sus hijos, con las excepciones establecidas en este artículo.

No resulta fácil determinar a priori los que constituyen actos de administración, porque depende de la cualidad de los bienes más que del aspecto formal del acto.

Una primera distinción cabe hacerla entre los actos ordinarios de administración, que son todos aquellos que tienen carácter conservatorio de los bienes, y los extraordinarios, que requieren autorización judicial. Lo extraordinario del acto no depende de su cuantía apreciable en el intercambio mercantil o civil, sino de su propia naturaleza. Así, un acto conservatorio de un bien que exceda al aspecto ordinario de conservación, requerirá autorización judicial, aunque su valor no sea cuantioso, como si se refiere a la necesidad de consolidar la estructura de un edificio o cambiar su fisonomía en fachada e interiores. Naturalmente, se excluyen todos los actos de enajenación, salvo los que constituyen el normal desenvolvimiento de una actividad agrícola o comercial, que llevan de suyo la necesidad ineludible de comprar y vender de modo normal y ordinario. También es posible que la venta de un bien que por esta causa se agote en sí mismo, constituya un acto de administración, sea porque se trate de un producto perecedero, sea porque resulte conveniente su venta por la oportunidad en que ha de efectuarse, sea porque resulte más conveniente venderlo que soportar altísimos costos de mantenimiento, y muchos otros ejemplos que pueden caber.

En todos estos casos, se trata de una enajenación que comporta, sin embargo, un acto de hábil administración, pero que por ser de...

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