Artículo 149

Autor:Carlos Vázquez Iruzubieta
Cargo del Autor:Abogado
 
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El privilegio que se otorga al alimentante de optar entre pagar la cuota fijada judicialmente, o recibir y mantener en su propia casa al alimentista, es teóricamente aconsejable, aunque en la práctica traerá en la mayoría de los casos graves inconvenientes. Si se ha llegado al extremo de tener que reclamar judicialmente el derecho a ser mantenido por quien tiene la obligación de hacerlo de modo voluntario, es lícito pensar que, si el alimentante opta por llevar a casa al alimentista, puede privarlo de la satisfacción de las necesidades mínimas sin que exista ningún control jurisdiccional y, en todo caso, con una prueba de dificultosa práctica, por parte del beneficiario (para el supuesto que reclamare esa falta de atención). El recibimiento en el hogar debió establecerse como posibilidad emergente del mutuo acuerdo entre el alimentante y alimentista. Sin embargo la L 1/1996, 15 ene, de protección jurídica del menor ha dejado todo en manos de los Jueces, quienes determinarán si las normas aplicables o la resolución judicial pueden incidir de tal modo en la convivencia del alimentista, que puede llegar a obligar a que quien alimenta lo haga según los caprichos del necesitado. Ya no se trata de solidaridad, sino que el legislador, con demagógico criterio no sólo impone la obligación de alimentar, sino el modo en que el obligado debe hacerlo para completa satisfacción del requirente.

Ni el mero relajamiento de los vínculos de cariño entre padres e hijos (TS 1ª, S. 6 oct 1904); ni la existencia de un litigio entre el alimentante y el alimentado (TS 1ª, Ss. 17 nov 1914, 13 nov 1929); ni el solo propósito de entablar un pleito, no realizado en mucho tiempo (TS 1ª, S. 11 may 1897).

No tiene derecho a opción, ni el que deba prestarlos a una hermana constituida legalmente en depósito (TS 1ª, Ss. 21 ene 1902, 8 mar 1961); ni el abuelo obligado a pasar alimentos a sus nietos, el de llevarlos a su propia casa, separándoles de su madre, pues haría imposible a ésta el ejercicio de los derechos de patria potestad (S. 25 nov 1899); ni el padre natural que no ha reclamado ni ejercitado el derecho de patria potestad, habiendo tenido abandonado a su hijo (TS 1ª, S. 5 dic 1903); pero el Tribunal a quo puede autorizar el derecho de opción, aun tratándose de los debidos por un padre a su hija natural, menor de edad, que venía viviendo con la madre, si estima que no concurren circunstancias bastante poderosas que lo impidan (TS 1ª, S. 24 jun 1946).

Este derecho...

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