¿Por qué es antisocial el liberalismo? El concepto de justicia en el pensamiento de F. A. Hayek

Autor:Francisco Javier González Martín
Cargo del Autor:Académico Correspondiente. R.A.J y L.
Páginas:223-238
RESUMEN

La crisis presente tiene su fundamento en el capitalismo. No es posible creer en la democracia liberal ni en la libertad total. La libertad no viene marcada por el derecho sino por la razón económica. Los intereses económicos anulan el concepto de derecho. Estamos ante una nueva edad media y un nuevo feudalismo. Palabras clave: Capitalismo, democracia liberal, economicismo, nueva edad media,... (ver resumen completo)

 
ÍNDICE
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I Introducción

En conciencia, el resultado de la aplicación de las tesis del liberalismo suponen en la actualidad la ideología y el sistema económico responsable de la crisis presente y de las que generó en el pasado, originando toda clase de miserias: paro, hambre y un odio de clase, que sus enemigos utilizaron contra él, si bien con un éxito relativo. Si el mundo ha mejorado sustancialmente desde 1945 hasta nuestros días ha sido por la impronta de la amenaza de los totalitarismos clásicos no por los méritos de demo-cracia liberal. El progreso basado en la acumulación ha desarrollado con éxito un concepto más extenso en la sociedad, para evitar la barbarie de la violencia social y no volver al pasado.

Es precisamente cuando surge el llamado estado de bienestar tras la Segunda Guerra Mundial, el momento en que parece que la superación de la miseria iba a alcanzar a una mayoría. Ese fue el éxito del sistema keynesiano. Pero, aun esto tiene fecha de caducidad en una cierta tendencia al retorno. Especialmente cuando la economía se somete a ciclos de expansión y recesión. Y aquellos que caen en la recesión y no pueden resurgir, caen aplastados bajo el peso de las circunstancias materiales. Ellos son victimas de un modelo, en el que la justicia y el derecho care-cen de sentido. Es difícil constatar la tesis de la existencia, al menos de un modelo de liberalismo económico, como sinónimo de una libertad jurídica favorable a una realidad social igualitaria.

De entrada liberalismo y derecho son conceptos antagónicos, por lo menos históricamente, según se han presentado en la praxis. El liberalismo clásico era tan antisocial y anti-igualitario como lo es hoy, suscrito, justificado e identificado con el capitalismo o cuando menos con los sistemas de libre mercado. Hoy, además el calificativo de liberal se lo han colocado individuos que presumen de centristas, lo mismo conservadores, antiguos extremistas de derecha, neocatólicos, ultracatólicos que algunos socialistas. No es extraño, que fuera calificado "pecado" en un pasado no muy remoto, especialmente por algunos miembros de la Iglesia. Del mismo modo que el burgués se comporta actualmente como el aristócrata de antaño, en la actualidad se cree que las desigualdades sociales son estrictamente de índole natural. No hay nada en él que produzca un sentimiento nacional y social de cara a un concepto indisoluble

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de patria, de solidaridad, de cierta igualdad y muchos menos de unidad, como sea de clase.

Al justificar la desigualdad entre las clases sociales, automáticamente la aplicación real del concepto de igualdad de oportunidades se convierte en una falacia, omitiendo la idea de justicia social. Hoy que la crisis económica sirve de pretexto para justificar la renovación del liberalismo capitalista cuando no su reforma, no cabe hablar de otra cosa, ni siquiera de más alternativas. Así que de entrada e inicialmente, el planteamiento tiene que ser muy pobre, a no ser que salgamos de él. Una vez rechazados los planteamientos de J. M Keynes y de J. K. Galbraith, el mal sigue siendo el mismo; a pesar de que en el mundo no parezca que quepa otra solución, sobre todo, una vez que su principal y mas duradero enemigo, el socialismo esta vencido. De esta manera, Ángel Sánchez de la Torre comienza esta invitación, en la línea de una reforma del sistema. Para ello se ha sugerido incluir a F. A. Hayek, a J. Alois Schumpeter, protagonistas de la escuela económica de Viena, dando una visión más filosófica y más amplia que la dirigida a un economicismo positivista, más reduccionista:

Schumpeter preveía el reforzamiento de intervenciones estatales en búsqueda de igualdad social y de seguridad colectiva...

Por su parte...

Hayek (el rebelde) no se conformaba con las convicciones morales conservadoras, sino que alentaba la esperanza de que las innovaciones sociales y tecnológicas pudieran mejorar las condiciones de la competitividad del mercado económico en la producción y comunicación de bienes y servicios.

En esta línea cabría hablar también de Paul A. Samuelson partidario de un sistema mixto que recoja lo bueno del capitalismo y del socialismo o Wiliam D. Nordhause, cuando no críticos como los senadores Buchanan o Robert Kaplan, candidatos por el partido republicano. En economía liberal, los reformadores no son individuos de izquierda progresista o declarada. Aunque Hayek sea calificado incluso de "libertario" por los sectores más conservadores, John Kenneth Galbraith no seria un

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hombre de izquierdas, del mismo modo que Milton o Rose Friedman autores de la no menos famosa Libertad de elegir no deben calificados de ultraderechistas peligroso. En este ultimo caso, las ideas dieron pie a la revolución conservadora de Ronald Reagan o de Margaret Tatcher, allá en los ochenta, sustituyendo las ideas del 68 en Occidente, salvo en España donde aun las seguimos sufriendo.

Las ideas coinciden con un momento sociológico, con un modelo de demanda, del mismo modo que el keynesianismo respondió a unas necesidades, de ahí, que la aplicación es la que genera los resultados, la provocación de la demanda hacia una educación más sólida y extensiva, la existencia o no de justicia social y de los instrumentos de transformación del derecho para una distribución más idónea de los bienes y servicios, de forma que lleguen a ser disfrutados más equitativamente (no proporcional) por la totalidad de un país. Ángel Sánchez de la Torre sugiere un modelo de libertad, intentando situarse al margen de cualquier ingerencia estatal, pero entendiendo por tal, la ingerencia socialista en los asuntos actuales de nuestro país. Hay razón en ello, sin duda. La arbitrariedad a la que ha sometido el partido actualmente en el poder, da lugar a un rechazo del Estado. Al margen de la divergencia estructural en el orden de la democracia política.

La globalización del mercado ha impuesto una concurrencia des recursos casi ilimitada, donde los fraudes de la libre comunicación proceden o bien de los estados estructurados totalitariamente que aun persisten, o de las ventajas eventuales de nuevas formas tecnológicas y financieras.

Todo ello en un marco institucional donde todavía permanecen reacciones contra la evolución, pues la persistencia de poderes que controlan al acceso a muchas clases de recursos no tiene solo reforestes antidemocráticas, sino resortes apoyados en nacionalismos y patriotismo étnicos, incluso xenófobos como demuestra la propia compartimentación autonómica dentro de un país integrado en la UE, como es el caso español.

Esta es al menos la razón a fecha presente, pero la ingerencia del estado en los asuntos sociales de la nación no tiene porque ser "progre", izquierdista o comunista. Sin embargo resulta sumamente difícil hacer

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prescindir al ciudadano del Estado, al menos de forma real. Lo preciso será renovar la confianza de aquel en este. El concepto de planificación constituye, por ejemplo, una posibilidad que aparece consagrada en nuestra Constitución, en el capítulo III del Titulo I y en el Titulo VII. Los contenidos de estos artículos son todavía fruto de las circunstancias de un país que se sentía protegido socialmente e inseguro políticamente para otros si no comulgaba con las ideas oficiales, pero esta última situación quedaba subsumida por la primera. Los españoles del último tercio del siglo XX y principios del XXI somos aun deudores de los sistemas de planificación del franquismo. Además, la idea incluso de nacionalizar empresas, sistemas financieros o bienes de producción ya se aplicó en la Francia del general De Gaulle e...

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