Análisis comparado de las políticas de integración de inmigrantes de Andalucía, Cataluña y Madrid

Autor:Belén Fernández Suárez
Páginas:149-184
 
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6. Análisis comparado de las políticas de
integración de inmigrantes de Andalucía,
cataluña y Madrid
6.1. La institucionalización de una política pública de inte-
gración de inmigrantes en España
En la Revolución de París de 1848 se instaura la hegemonía del
concepto nación y su vinculación con un territorio donde emergen
sus fronteras (Sennet, 2014). Es el nacionalismo como ideología la
que produce al sujeto inmigrante. La historia demuestra que las fron-
teras políticas o naturales no fueron obstáculo para la movilidad. Las
migraciones forman parte de la historia civilizatoria de Occidente. Si
las migraciones son un hecho social universal, también es atemporal
el conicto por la presencia del “extraño” o el otro”, los constantes
pogromos, guetos y exclusiones a lo largo de la historia a personas
por desviarse de la moral, de los usos, costumbres o fenotipos del
grupo dominante; al igual que podemos constatar la misma frecuen-
cia de períodos de enorme paz, progreso y convivencia en un mismo
territorio de personas de procedencias, culturas y valores distintos.
Esas constantes lo que vienen a señalarnos es la convivencia es una
construcción social y cultural.
La inclusión en la sociedad no se produce de forma automática
(Bommes, 2012). Este hecho social está presente en el nacimiento
de la propia sociología, y es pilar fundamental de los estudios de la
pionera Escuela de Chicago. La sociología es la ciencia que intenta
explicar cómo se estructuran las sociedades. Durkheim, uno de los
padres de la Sociología Clásica, defendía que la cohesión era un pilar
necesario y estructurante en las sociedades segmentadas o de solidari-
dad orgánica. Para lograr esa cohesión societal era preciso contar con
una conciencia común, que fue denida como el conjunto de creen-
cias colectivas y compartidas por la mayoría de miembros de una
sociedad (Beriain, 1996). Durkheim indica que en las sociedades con
funciones especializadas el proceso de asimilación y naturalización
del extranjero será más complejo. La integración en la sociología clá-
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Belén Fernández Suárez
sica equivale al proceso de socialización. Hoy esta visión puede estar
en crisis por el proceso de globalización que hace tambalear la idea
de “Estado-Nación” que fue central en las Ciencias Sociales. Cada
vez más los procesos sociales trascienden en mayor media los bordes
del Estado-Nación, actor central en el proceso de modernidad (Beck,
2006; Wieviorka, 2014).
¿Cuál es la relevancia del Estados-Nación? ¿Pueden los gobiernos
multinivel gestionar las políticas migratorias? Considero que siguen
siendo actores centrales a la hora de determinar las políticas de inte-
gración, no obstante, coincido con Joppke (2007) y Freeman (2003)
en que se está produciendo una convergencia en el tipo de discursos,
políticas y respuestas en los distintos estados-nación en respuesta a la
llegada/asentamiento de población extranjera, más allá del enfoque
y crítica transnacional que apunta a un debilitamiento de las políti-
cas estatales en un mundo globalizado (Loch, 2014). Esta crítica no
invalida que sigan existiendo ciertos rasgos diferenciales procedentes
de trayectorias dependientes en la gestión de las políticas públicas
que nos permiten denotar particularidades (al igual que equidades en
los distintos estados-nación) entorno a las políticas de integración de
inmigrantes.
La política europea de integración siguió el modus operandi de
open method of coordination”, es decir, respeta la soberanía de los
estados miembros en su territorio pero intenta consensuar discursos
y políticas en este ámbito concreto (Caviedes, 2004; Jacobs y Rea,
2007). Parece a todas luces que la aprobación europea de los princi-
pios básicos comunes ha supuesto un acuerdo entorno a la puesta en
marcha de una integración cívica para los extranjeros que implica la
asunción de un conjunto de normas, valores y códigos culturales de la
sociedad de destino, y que pasan por el cumplimiento de un sistema
de reglas o acuerdos legislativos y sociales. Estos preceptos no están
exentos de conicto social, y son mutables como todo lo social. Efec-
tivamente, necesitamos cierta integración para vivir en sociedad y sen-
tirnos aceptados por esa comunidad cada vez más fraccionada, globa-
lizada y desigual. Es más, esa división y diversidad de las sociedades
multiculturales, que engloba a casi todas porque la homogeneidad
cultural es una distopía nativista propia de una ideología nacionalista
(exacerbada) o bien un miedo ancestral de los pueblos vinculados a
la noción de “supervivencia”, esta nueva realidad social demanda un
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¿Quién gobierna? Políticas públicas e integración de inmigrantes en España
sentido de pertenencia basado en ser miembros de una comunidad
de ciudadanos que asumen unos valores de convivencia (Sen, 2007;
Cachón, 2011). A pesar de que el extranjero ya es parte del grupo una
vez atraviesa sus fronteras, no es menos cierto, que la cohesión de ese
grupo está condicionada por la relación que mantiene el conjunto con
ese elemento (Simmel, 2012).
El proceso de integración ha sido desmontado en sus piezas clave
en una serie de factores que son determinantes para su comprensión:
a) es un procedimiento largo que por lo que sabemos empieza en el
primus migrante y puede seguir operando en más allá de la tercera
generación (Telles y Ortiz, 2011); b) los protagonistas son el “extran-
jero” y “la sociedad de destino” por lo cual es bidireccional aunque
asimétrica, es decir, el esfuerzo es conjunto aunque los “foráneos”
cargan con mayor peso o responsabilidad; y c) este procedimiento
puede acelerarse si se produce un aprendizaje de códigos lingüísticos y
culturales, un cumplimiento de una serie de normas de convivencia le-
gales en la sociedad de destino, d) este camino implica una interacción
aceptable entre ciudadanos nacionales y extranjeros; y e) la integra-
ción puede descomponerse en múltiples ámbitos (Heckmann y Schna-
per, 2003): laboral, social, política e identitario-cultural. Los énfasis se
pueden poner en la mayor voluntariedad u obligatoriedad en dominar
esos códigos culturales y sociales propios de la sociedad de destino, en
su integración en el mercado laboral, y en los distintos peajes a pagar
previos a los disfrutes de su ciudadanía social y política.
En una sociedad liberal la integración es en primera instancia una
decisión individual aunque también trasciende a la persona porque
suele visualizarse por el otro al migrante dentro de un grupo. En un
estado intervencionista en lo social también puede percibirse la inte-
gración como una responsabilidad gubernamental, lo que lo que ha
impulsado la creación de una política pública de integración de la
población extranjera. Las tendencias políticas también se globalizan y
circulan libremente más allá de los estados-nación, esto hace que hoy
nos encontramos con responsables de inmigración e integración en
la mayoría de estados europeos de larga tradición en la recepción de
inmigración. La creación de un área política de “integración” parece
tener relación con el “miedo” al fracaso de los modelos de acogida
de población extranjera, y a la propia exclusión socio-económica de
las segundas generaciones (y sus descendientes) en las sociedades eu-

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