Análisis causal del desarrollo de la sociedad de la información

Autor:Nuria Rodríguez López; Mª Eva Diz Comesaña; Beatriz González Vázquez
Cargo:Profesoras Contratadas Doctoras Departamento de Organización de Empresas y Marketing Universidad de Vigo
RESUMEN

La proliferación del uso de Internet ha potenciado las ventajas de las tecnologías de la información, convirtiéndose en uno de los principales elementos de gestión empresarial del momento. Sin embargo, en la literatura académica todavía se echa en falta una sistematización de variables, causas y consecuencias, que permitan unificar criterios de toma de decisiones estratégicas a nivel empresarial. ... (ver resumen completo)

 
ÍNDICE
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I Introducción a la dinámica sectorial de Internet

El entorno actual, caracterizado por una tendencia globalizadora, de integración económica internacional, y por cambios en los mercados, especialmente en los hábitos de los consumidores, está estrechamente ligado al desarrollo tecnológico de las tecnologías de la información y las comunicaciones1, y especialmente, de Internet. Las nuevas tecnologías y el desarrollo de la Sociedad de la Información reportan importantes beneficios tanto a nivel económico como social, y en los ámbitos doméstico y empresarial (ONTSI, 2008).

En este sentido, se han mencionado estas tecnologías no sólo como causantes de profundas alteraciones en las estructuras empresariales (Fernández y Contreras, 2002), sino como directoras de las pautas del crecimiento económico en los últimos años (Salas, 2002), con efectos positivos sobre la calidad de vida de los ciudadanos, sobre la productividad y la mejora de la economía (ONTSI, 2008).

En lo que se refiere a las estructuras empresariales, las TIC constituyen un elemento estratégico de transformación ya que al agregar valor añadido, ventajas competitivas y gran potencialidad de mercado, permiten la reconfiguración de la cadena de valor y su adaptación al nuevo entorno (ONTSI, 2008).

El análisis de la evolución de las tecnologías de telecomunicaciones pasa necesariamente por dos factores, la liberalización y la convergencia, que son fruto tanto de factores legales como de la conjunción de mejoras tecnológicas y el aumento de la demanda de servicios.

En lo que respecta al primero de estos factores, la liberalización, que comienza su andadura en 1987 con la creación de la LOT2, alcanza su punto cumbre con la Ley General de Telecomunicaciones de 20033, marco legal de un mercado plenamente liberalizado. De todos los hechos que, a lo largo de este período, han ido configurando el sector de las Telecomunicaciones actual, destacan la introducción de los operadores de cable en 1995, la desaparición de monopolios naturales como el del servicio de interconexión a la red telefónica básica controlada por Telefónica, con el Real Decreto Ley 6/19964, y la Ley General de Telecomunicaciones de 19985.

Los primeros segmentos en los que se notó el efecto de las normativas liberalizadoras fueron los de las llamadas internacionales, interprovinciales y provinciales, por ser los de superiores márgenes una vez pagados los precios de interconexión (Escribano y Zaballos, 2002).

Sin embargo, las características de altos costes fijos y costes hundidos del sector6, que actúan de barreras de entrada, y los cortos ciclos de vida de las tecnologías, condicionan la necesidad de alcanzar grandes masas críticas de clientes para poder aprovechar las economías de escala, de alcance y de red, y, consecuentemente, que sea reducida la cantidad de agentes que pueden subsistir en cada etapa productiva.

Esta característica influye en la plasmación del proceso liberalizador, impidiendo que se materialice en toda su extensión. Es decir, que en un entorno como el descrito, los abusos de poder de mercado y las actuaciones anticompetitivas por parte de los agentes se vuelven más difíciles de controlar, ya que aunque en teoría serían suficientes dos empresas para alcanzar precios de mercado semejantes a los competitivos, en los escenarios oligopolistas es muy difícil distinguir entre situaciones de abusos de poder y aquellas otras en las que los precios se fijan orientados a costes (Escribano y Zaballos, 2002).

Ante estas dificultades, el marco legal emerge como una variable fundamental de fomento de la competencia y de la actividad económico-industrial en el sector de las telecomunicaciones en particular, y del desarrollo de la Sociedad de la Información en general. Al igual que en cualquier otra materia, las normas europeas se han ido recogiendo en la legislación nacional que, a su vez, se ha ido complementando con desarrollos autonómicos.

A nivel Unión Europea, a principios del año 2002, y con la finalidad de ajustarse a la realidad del sector, se aprobó un nuevo marco regulatorio común a todas las redes y servicios de comunicación electrónicas, como reconocimiento del proceso de convergencia. Los aspectos centrales de este marco abarcan la regulación del acceso e interconexión de nuevos operadores a las redes de los dominantes, la inclusión del acceso a Internet de banda ancha dentro del servicio universal, y la privacidad y protección de los datos del usuario (Telefónica, 2003).

A partir de estas líneas europeas, el esfuerzo legislativo de la Administración española se ha centrado en la estimulación de la competencia efectiva, en la mejora de la demanda, en el apoyo a la inversión (Aniel, 2003), y en aportar validez jurídica a los documentos electrónicos y protección de los datos personales (Telefónica, 2003).

En este sentido, destacan acciones como el Plan Avanza, que enmarca toda una serie de ayudas fiscales y subvenciones que permiten, entre otros aspectos, dedicar más fondos a actividades de I+D+I7, la inclusión del acceso a Internet dentro del servicio universal, el Plan Nacional de Nombres de Dominio y la constitución de la entidad Red.es, la promulgación de la ley 34/2002, de 11 de julio de Servicios de la Sociedad de la Información (BOE DE 12/07/2002), del real decreto-ley 14/1999, de 17 de septiembre, sobre firma electrónica (BOE de 18/09/1999) y de la ley 32/2003, de 3 de noviembre, General de Telecomunicaciones (BOE de 4/11/2003), y la sucesiva adaptación de la normativa sobre telecomunicaciones.

Por su parte, las Comunidades Autónomas también han colaborado en el desarrollo de la Sociedad de la Información y en la implantación de las nuevas tecnologías, especialmente de Internet, a través de programas como Ciudades Digitales Integradas, Plan Avanza Local y otros semejantes.

Es de señalar que aunque se ha producido una pequeña desaceleración del crecimiento del hipersector de las Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, pasando del 10 al 6 por ciento en el último año, el sector sigue mostrando un notable empuje, liderando por la electrónica de consumo y las tecnologías de la información con crecimientos del 11% y del 9% respectivamente (AETIC8, 2008).

En lo que se refiere al segundo factor mencionado, la convergencia, está referida al empleo de las mismas tecnologías y normas legales por parte de los tres principales componentes del sector de las telecomunicaciones -telefónico, audiovisual e informático-. Esta convergencia se produce de un modo más intenso en Internet, paradigma de actividad económica en libre competencia (Van Miert, 1999), y principal sector de existencia futura por su supremacía frente a las redes informáticas tradicionales (Comisión Europea, 2001).

Actualmente, Internet está formada por múltiples redes de ordenadores, publicas y privadas, situadas en todo el mundo, y comunicadas mediante el protocolo de transmisión TCP/IP (Transmission Control Protocol/Internet Protocol), cuya principal fortaleza es el permitir la comunicación entre ordenadores con diversas arquitecturas de hardware y sistemas operativos, y la implantación de aplicaciones cliente-servidor (CMT9, 2002).

La continua adaptación a nuevas necesidades y la diversidad de equipos, personas y recursos, son características inherentes a Internet (Sanz, 2002), lo que la convierte en un conjunto de recursos de información a nivel mundial y un medio capaz de proveer una gran variedad de servicios a las empresas, a los gobiernos y administraciones, y a los usuarios residenciales (CMT, 1999).

Estos tres tipos de agentes (empresas, gobiernos e individuos), constituyen tres tipos de usuarios con diferentes necesidades y patrones de uso (Telefónica, 2003). De entre ellos, las empresas destacan como principales beneficiarias del uso de Internet, siendo la competencia de los mercados la que las empuja a transmitir sus mejoras en eficiencia a los consumidores, a través de mayor calidad y/o menor precio de los productos o servicios (Salas, 2002).

Los beneficios empresariales que aporta una red global de telecomunicaciones como es Internet, proceden tanto de la mayor facilidad para manejar relaciones a largas distancias (Salas, 2002), como de la aparición de nuevos servicios, que contribuyen a una gestión más eficaz de clientes, empleados y proveedores (Fernández y Contreras, 2002). De este modo, Internet constituye un nuevo medio de alto crecimiento y potencial de negocio (Sáinz Díaz, 2002).

Si bien el agente impulsor de la Sociedad de la Información son las empresas, no debemos olvidar el papel cada vez más importante que están desempeñando los ciudadanos. De hecho, las estadísticas muestran una tendencia continuamente creciente de la penetración de Internet en la población española (AIMC10, 2001, 2003a, 2003b, 2007; AIMC y EGM, 2007).

El aumento de los usuarios y la fuerte apuesta que todas empresas están haciendo por la banda ancha, empiezan a generar resultados empresariales positivos (Aniel, 2003), tendencia que ha llevado a hablar del sector de Internet como un mercado plenamente consolidado en España, tanto en su función de medio de comunicación como en la de canal comercial (CMT; 2002).

II Justificación y objetivos del análisis

Como venimos diciendo, las tecnologías de la información y las comunicaciones, y dentro de ellas, Internet, han cobrado una especial importancia en los últimos años dentro de la gestión de la actividad empresarial. En este sentido, se les han atribuido funciones de vital trascendencia en el crecimiento económico, siendo uno de...

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