La relación amigo-enemigo en la cultura política y jurídica moderna

Autor:Gregorio Peces-Barba Martínez
Cargo:Universidad Carlos III de Madrid
Páginas:19-33
RESUMEN

Este artículo analiza la tesis de la política como relación amigo-enemigo, que fue explicitada por Carl Schmitt en 1932 en su obra El concepto de lo político. Se analizan las consecuencias de esta visión con su adhesión a la ideología nacional socialista, su apoyo al régimen del Führer y su connivencia con el holocausto judío. También se analiza la utilización de la tesis amigo-enemigo en las... (ver resumen completo)

 
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Este artículo se enmarca en el Proyecto Consolider-Ingenio 2010 "El tiempo de los derechos" CSD2008-00007, y en el marco del Proyecto de Investigación "Historia de los Derechos Fundamentales. S. XX", cuya referencia es DER2008-03941.

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  1. En la cultura política y jurídica moderna coexisten dos modelos centrales de convivencia, en un enfrentamiento dialéctico permanente y que son incompatibles entre sí. Están basados en dos concepciones del mundo y de la vida donde predominan los valores individuales, en un caso, y los colectivos en otro, y donde no existen posibilidad ninguna de conciliación, ni mucho menos de síntesis integradora. Cada uno representa un modelo de justicia, un deber ser incompatible y excluyente. El modelo basado en el individuo, centro del mundo y centrado en el mundo, en una cultura secularizada, donde la persona puede actuar por sí misma sin necesidad de andaduras o mule-tas, se sostiene en la idea de dignidad humana, de la que derivan los grandes valores de libertad, igualdad, solidaridad y seguridad y los derechos individuales, civiles, políticos, sociales y de la persona situada y concreta. Aparece en el tránsito a la modernidad, cuando se rompe el monopolio de la Iglesia católica, y el imperialismo de la teología que sometía a todo el pensamiento a su doctrina. Se va desarrollando y consolidando en los siglos XVII y XVIII, sobre todo con la ilustración que impulsará los saberes profanos y la superación del Estado Absoluto, desde el pensamiento liberal, que en los siglos XIX y XX, desplegará perspectivas democráticas y sociales. Es la cultura política de la separación de poderes y del Estado de Derecho, y la jurídica del Imperio de la Ley. No se puede tratar su valoración en la perspectiva de las ciencias exactas ni de las naturales, y por tanto su calificación no puede ser absoluta sino relativa. No puede afirmarse ni que es la única posible, ni que sea la verdadera. Estamos ante afirmaciones imposibles de sostener en el ámbito del Estado legítimo y del Derecho justo. Hoy está en el origen de los Estados liberales, democráticos y sociales, y de sus sistemas jurídicos. Kelsen en su famosa lección jubilar ¿Qué es Justicia?, en 1952, dirá que es el sistema que él escoge porque se ajusta y conviene a su elección vital como profesor universitario porque favorece la libertad de la ciencia y de la investigación y la tolerancia y el respeto a las plurales visiones del mundo y de la vida. Era la manifestación de una preferencia individual. Creo, sin embargo, que se puede avanzar más y se puede sostener, en el ámbito de nuestra cultura europea, occidental y atlántica, que es un sistema objetivamente preferible, porque facilita el desarrollo de nuestra dignidad, y de todo nuestro perfil personal.

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El modelo alternativo, es un modelo colectivo, donde desaparece el individuo y donde emerge la autoridad, que no reconoce superior, y que expresa la voluntad unitaria tanto en la normalidad como en el Estado de excepción. No es solo un modelo político, aunque emerge con el Estado absoluto y se consolida con el Estado totalitario moderno, tanto leninista, como nazi o fascista, y también con la política fuera del Estado, como en el anarcosindicalismo de Sorel, de Proudhon o de Bakunin en lo que Carl Schmitt llama "teorías antirracionalistas del empleo directo de la violencia, y en las tesis eclesiásticas de la Iglesia Católica, basadas en la miseria de la humanidad o en la distinción entre justos y pecadores, que impulsó Agustín de Hipona y más tarde Lutero. Todas estas versiones practican el desprecio del adversario y la tesis de su aniquilamiento y de su destrucción, desde el odio y de la consideración del otro como enemigo sustancial. La teorización, desde el análisis de la dialéctica amigo enemigo corresponderá a Carl Schmitt en su obra de 1932 El Concepto de lo político. Las ideas básicas de los dos modelos están presentes desde la antigüedad. El respeto a la dignidad humana, tan central en los fundamentos de la democracia moderna está ya en Séneca en su carta a Lucilio con la expresión "Homo homini sacra res", que es además el lema de la Universidad Carlos III de Madrid. Por su parte la expresión de la dialéctica amigo enemigo, aparece ya en un texto de Horacio, reproducido como modelo de su pensamiento por Hobbes "Homo Homini lupus". Todavía es más claro y más pesimista Gracián en el siglo XVII cuando sostiene que "el hombre es un hombre para el hombre"1.

En esa obra Schmitt, calificará lo político, con la distinción amigo enemigo, donde se produce la eventualidad de una lucha que puede producir la muerte de una persona, matar físicamente y la guerra dirá "procede de la enemistad" ya que esta es una negación óntica de un ser distinto"2. Cualquier enfrentamiento público, cualquier oposición religiosa, moral, econó-mica, social, es política cuando tiene la fuerza suficiente para agrupar a las personas en amigos y enemigos. Corresponden al Estado, según el profesor alemán, como unidad esencialmente política, "el ius belli", es decir determinar quién es el enemigo y combatirlo, declarando la guerra, disponiendo de la vida de los enemigos, y también la eventualidad de la muerte de los propios, de los amigos, con la fuerza de las armas. Desde esa perspectiva la co-

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munidad política, el decidir quién es el enemigo se convierte en la organización superior por encima de cualquier otra comunidad o sociedad. Esta disposición para matar enemigos en la guerra, tiene, dirá, un sentido existencial, en una guerra real con enemigos reales. Rechazará el pacifismo que se expresó en los años veinte en el pacto Briand-Kellog de renuncia a la guerra y la afirmación de la Constitución española de 1931, de la misma decisión de renuncia como política nacional. Siempre aparecerá otro pueblo que asume su protección contra los enemigos exteriores, y exprese como protector el carácter político, delimitando quien es el enemigo. Desde esta posición Schmitt, estará justificando la política expansionista de Hitler, y su ocupación, en años posteriores, antes de la Segunda Guerra mundial, y en ella, de media Europa, desde las ideas de protección y obediencia de los países anexionados: ..."porque un pueblo haya perdido la fuerza o la voluntad de sostenerse en la esfera de lo político no va a desaparecer lo político del mundo. Lo único que desaparece en este caso es un pueblo débil"3.

Su rechazo del liberalismo del siglo XIX, se debe a que ha producido una desvirtuación de todas las ideas de lo político, con sus neutralizaciones y despolitizaciones individualistas. Por eso, dirá que el liberalismo deja en pie del Estado y de la política únicamente el cometido de garantizar las condiciones de la libertad y de apartar cuanto pueda estorbarla...."4. Schmitt rechazará esos planteamientos despolitizados y desmilitarizados, que sitúa en la ética (espiritualidad) y la economía (los negocios) lo que supone enterrar lo político "como esfera de la violencia invasora". Constatará que esos planteamientos no han sido reemplazados en Europa por ningún sistema alternativo. Está anunciando, lo que todavía no se ha concretado en la toma de poder político, aunque ya se apunta en la ideología nazi, que rechazará el parlamentarismo, el Estado de Derecho y los demás instrumentos de la concepción liberal democrática y social, que apuntaba tanto en Weimar, como en otras Constituciones de los años veinte y treinta. Las etapas de la historia europea, que van de lo metafísico a lo moral llevan al apogeo de lo económico, y de la cientificidad natural, denunciando a Max Scheler como el máximo defensor de esa mentalidad que situaba a la técnica en la neutralidad y en la paz. De esos ámbitos, no se desprende un sentido político, sino la nada. Hay que esperar a saber "....que clase de política adquiere suficiente fuerza para apoderarse de la nueva técnica y cuáles son las verdaderas agrupaciones de

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amigo y enemigo que prendan en ese nuevo suelo..."5. Está abriendo la puerta a la ideología liberadora que restablezca el auténtico sentido de lo político, basado en la dialéctica amigo enemigo. En un trabajo en 1938 "Sobre la relación entre los conceptos de guerra y enemigo", señalará que no hay término medio entre guerra y paz. La construcción de un apoyo al nuevo orden, que se construye desde la llegada de Hitler al poder la apoyará; defendiendo la categoría del Führer, como categoría fundamental del Derecho nacional socialista6, que destruye los métodos y las categorías de la mentalidad demo-crática-liberal, sustituyendo la elección desde las bases, por la relación de los dirigentes desde la autoridad suprema del Führer. También considerará al Partido Nacional socialista como un factor determinante del renacimiento alemán, con la acumulación de todos los poderes en el Führer (Presidente del Reich y Canciller del Reich, Comandante supremo de las Fuerzas Armadas, de todas las Organizaciones sociales, y Jefe supremo del Partido). Todo eso sirve en Schmitt para la unidad y la fuerza del pueblo alemán, frente al pluralismo de ideologías, de religiones y de clases, el gran peligro para Alemania, por las posibles degeneraciones biológicas y morales y para preservar la sustancia de la sangre y de la tierra. Se preservan estas además por la posibilidad de esterilizar a enfermos mentales y delincuentes contra la moralidad, y de prohibir matrimonios mixtos o con personas enfermas en defensa de la raza. Las leyes de 14 de julio de 1933, de 18 de Octubre de 1935 y de 15...

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